La medicina islámica medieval: médicos, hospitales y aportaciones que cambiaron la historia

La medicina islámica medieval: médicos, hospitales y aportaciones que cambiaron la historia

Este artículo recorre esa historia por orden: de dónde procede lo que sabemos, cómo se gestó aquel florecimiento, quiénes fueron sus protagonistas, qué papel desempeñó Al-Ándalus y qué queda hoy de todo aquello, incluido en nuestro propio idioma.

 

Por Redactor MundoIslam

Respuesta breve: entre los siglos VIII y XIII, el mundo islámico desarrolló la medicina más avanzada de su tiempo. Sus logros incluyen los bimaristanes u hospitales de atención gratuita y universal, la primera descripción clínica que distingue la viruela del sarampión (Al-Razi), el Canon de Medicina de Avicena, que se estudió en Europa hasta el siglo XVII, la primera descripción de la circulación pulmonar (Ibn al-Nafis, tres siglos antes que Harvey) y la separación de la farmacia como profesión independiente. En Al-Ándalus destacaron Abulcasis, padre de la cirugía, y el Maristán de Granada, construido entre 1365 y 1367. 🏥

Este artículo recorre esa historia por orden: de dónde procede lo que sabemos, cómo se gestó aquel florecimiento, quiénes fueron sus protagonistas, qué papel desempeñó Al-Ándalus y qué queda hoy de todo aquello, incluido en nuestro propio idioma.

De dónde sabemos lo que sabemos: las fuentes

Nuestro conocimiento de la medicina islámica medieval se apoya principalmente en dos obras biográficas de referencia:

Tarij al-Hukama (Historia de los médicos y los filósofos), de Ibn al-Qifti.Uyun al-Anba fi Tabaqat al-Atibba (Fuentes de información sobre las clases de los médicos), de Ibn Abi Usaybia.

A ellas se suman referencias dispersas en obras literarias y, por supuesto, los propios tratados médicos conservados. Conviene tener presente una limitación importante: buena parte de los manuscritos se perdió durante la invasión mongola de Bagdad en 1258, y de los que sobrevivieron, muchos siguen hoy sin editar ni traducir. Lo que conocemos es, por tanto, una fracción de lo que se produjo.

Los orígenes: de la Arabia preislámica a YundishapurLa medicina profética

En la Arabia anterior al islam, la medicina se basaba en remedios naturales y en el uso de hierbas. Con la llegada del islam, los dichos del Profeta Muhammad (ﷺ) sobre limpieza, alimentación, enfermedades y remedios se recopilaron en obras conocidas como Tibb al-Nabawi (La medicina profética). En el ámbito chií existe una tradición paralela, el Tibb al-Aimma (La medicina de los imames).

Es importante distinguir este género de la medicina científica que vendría después. La medicina profética recoge consejos de salud de raíz religiosa; la medicina islámica propiamente dicha, la que produjo hospitales y tratados de anatomía, se construyó sobre la observación clínica y la herencia griega, persa e india.

La influencia de Yundishapur

Un foco decisivo fue la ciudad persa de Yundishapur, donde convivían médicos iraníes, indios y nestorianos y se traducían textos indios y siríacos al persa. Allí estudió Al-Harith ibn Kalada al-Thaqafi, considerado el primer médico árabe de renombre, que sostenía que el exceso de comida estaba en el origen de casi todas las enfermedades.

Desde Yundishapur llegaron a Oriente Medio numerosas sustancias medicinales de uso indio. Y en el siglo IX, Ali ibn Sahl Rabban al-Tabari (fallecido hacia 854) recogió en su Firdaus al-Hikma (El Paraíso de la Sabiduría) el conocimiento árabe sobre la medicina india y siríaca.

De la época omeya en Damasco procede un dato clínico llamativo: la amputación de una pierna afectada por gangrena, mencionada en el Kitab al-Agani de Abul Faray al-Isfahani.

Bagdad y el movimiento de traducción

El gran salto se produjo en Bagdad bajo los califas abasíes Al-Mansur, Harun al-Rashid y Al-Mamun. Este último creó a comienzos del siglo IX la Bayt al-Hikma o Casa de la Sabiduría, concebida a semejanza de las academias griegas.

Hunayn ibn Ishaq, el traductor

La figura clave del movimiento traductor fue Hunayn ibn Ishaq (fallecido en 877), cristiano nestoriano, que junto a su hijo Ishaq ibn Hunayn y otros colaboradores vertió al árabe un número enorme de tratados griegos, especialmente de Hipócrates y Galeno.

Ese trabajo tuvo una consecuencia doble. Por un lado, salvó para la posteridad textos que de otro modo se habrían perdido. Por otro, convirtió a Galeno en la autoridad indiscutible de la medicina islámica, hasta el punto de eclipsar prácticamente cualquier otra escuela, algo que en ocasiones frenó la innovación.

Hunayn no fue solo traductor: escribió obras propias como el Kitab al-Masail fi al-Tibb (Libro de cuestiones médicas) y los Diez tratados sobre el ojo, considerado el primer libro sistemático de oftalmología. 👁️

Los grandes médicos de OrienteAl-Razi (Rhazes, c. 865-925)

Persa de Rayy, dirigió hospitales en su ciudad natal y en Bagdad. Su tratado sobre la viruela y el sarampión constituye el primer relato clínico que distingue ambas enfermedades, y describió además la inmunidad adquirida.

Su gran enciclopedia, el Kitab al-Hawi, se conoció en Occidente como Continens. Fue compilada póstumamente por sus discípulos a partir de sus notas clínicas, y las fuentes cifran su extensión entre veintitrés y veinticinco volúmenes según la edición. Sus escritos sobre enfermedades infantiles le valieron el título de padre de la pediatría.

Avicena (Ibn Sina, 980-1037)

Su Canon de Medicina (Al-Qanun fi al-Tibb) sistematizó todo el saber médico de la época en una obra de coherencia asombrosa. Traducido al latín, seguía siendo libro de texto en universidades europeas como Montpellier y Lovaina en pleno siglo XVII, seiscientos años después de escribirse.

Ibn al-Nafis (1213-1288) y la circulación pulmonar

Esta es una de las aportaciones más notables de toda la medicina medieval, y con frecuencia se omite en los resúmenes divulgativos.

Nacido en Damasco y médico personal del sultán mameluco Baibars, Ibn al-Nafis describió por primera vez en la historia la circulación pulmonar en su obra Sharh Tashrih al-Qanun (Comentario sobre la anatomía del Canon de Avicena).

Lo revolucionario del hallazgo es que refutó a Galeno. La teoría vigente desde el siglo II sostenía que la sangre pasaba del lado derecho al izquierdo del corazón a través de poros invisibles en el tabique. Ibn al-Nafis lo negó: escribió que la materia del corazón es sólida en esa región y no existe conducto alguno, ni visible ni invisible, por lo que la sangre debía llegar al lado izquierdo pasando por los pulmones.

Llegó a esa conclusión más por razonamiento deductivo que por disección. Y lo hizo tres siglos antes que William Harvey (1578-1657), a quien tradicionalmente se atribuyó el descubrimiento.

Su mérito permaneció ignorado hasta 1924, cuando el médico egipcio Muhyi al-Din al-Tatawi localizó el manuscrito en la Biblioteca Estatal de Prusia, en Berlín, mientras estudiaba en Alemania. Un hallazgo casual que reescribió un capítulo de la historia de la fisiología.

Abd al-Latif al-Bagdadi (1162-1231)

Otra corrección a Galeno vino de este erudito, que mediante observación directa estableció que la mandíbula inferior y el hueso sacro son piezas únicas, y no formadas por varias partes como había descrito el maestro griego.

La medicina en Al-Ándalus

La península ibérica fue uno de los grandes focos de la medicina islámica, y su legado nos toca de cerca.

Abulcasis (Al-Zahrawi, c. 936-1013)

Nacido en Medina Azahara, cerca de Córdoba, es considerado el padre de la cirugía moderna. Su enciclopedia Kitab al-Tasrif, en treinta volúmenes, incluye un tratado quirúrgico con el catálogo ilustrado de instrumentos más completo de su tiempo: más de doscientos, muchos diseñados por él mismo.

La obra se tradujo al latín, al hebreo y al provenzal, y su sección de cirugía fue manual de referencia en Europa durante más de cinco siglos.

Avenzoar (Ibn Zuhr, c. 1094-1162)

Sevillano, perteneciente a una destacada saga de médicos. Fue pionero de la medicina experimental: ensayaba tratamientos en animales antes de aplicarlos a pacientes y practicó disecciones, algo poco frecuente en su contexto. Describió la sarna y su agente causal.

Averroes (Ibn Rushd, 1126-1198)

El gran filósofo cordobés fue también médico. Su obra Kitab al-Kulliyat, latinizada como Colliget, es un tratado de medicina general. Ejerció en el hospital de Marrakech, fundado en 1199.

Ibn al-Baytar (1197-1248)

Natural de Málaga y fallecido en Damasco, fue botánico y farmacólogo. Su gran aportación consistió en registrar sistemáticamente los medicamentos incorporados por los médicos islámicos: entre trescientos y cuatrocientos nuevos que se sumaban al millar conocido desde la antigüedad. Se formó con el botánico malagueño Abu al-Abbas al-Nabati.

Maimónides (1138-1204)

Cordobés y judío, médico del sultán Saladino en El Cairo, escribió tratados médicos en árabe que circularon ampliamente. Su figura ilustra bien el carácter plural de aquella tradición científica.

Otros nombres andalusíes

Arib ibn Said, cordobés, escribió sobre ginecología, embriología y pediatría, superando en este campo la obra del tunecino Ibn al-Yazzar (fallecido en 984), que había tratado el cuidado infantil desde el nacimiento hasta la adolescencia.

Los bimaristanes: hospitales gratuitos y universales

Quizá la aportación institucional más avanzada de todas. El término bimaristán procede del persa y significa «lugar de enfermos». Estos centros ofrecían tratamiento gratuito sin distinción de religión, origen o condición, y contaban con quirófano, dispensario, farmacia, biblioteca y aulas donde los maestros impartían enseñanza.

Los hospitales de Bagdad

Los califas abasíes impulsaron varios: el Hospital Saidi, el Mutadidi, fundado por el califa Al-Mutadid, y el Muqtadiri, creado por Al-Muqtadir, que llegó a dirigir Al-Razi. Destaca también el Bimaristán al-Adudi, en la orilla occidental de la ciudad, que disponía de escuela médica y veinticuatro médicos en plantilla.

El Cairo, Damasco y Jerusalén

Saladino fue un notable promotor hospitalario: construyó centros en El Cairo, Alejandría, Jerusalén y Damasco, todos ellos de atención gratuita.

Entre los más célebres figuran el Al-Kabir al-Nuri de Damasco, el Al-Atiq de El Cairo y el Al-Mansuri, fundado en 1284 por el sultán mameluco Qalawun, uno de los complejos hospitalarios más impresionantes de la Edad Media.

El Maristán de Granada

Aquí procede una corrección de fechas frecuente en los textos divulgativos. El Maristán de Granada no se construyó en 1397, sino entre 1365 y 1367, por orden del sultán nazarí Muhammad V.

Sus dimensiones eran considerables: ocho naves compartimentadas en unas cincuenta habitaciones, distribuidas en dos niveles alrededor de un patio central rectangular presidido por una gran alberca. Se calcula una capacidad aproximada de doscientos enfermos. Acogía también pacientes con trastornos mentales, aunque no era un centro monográfico para ellos.

Funcionó como bimaristán hasta la conquista de Granada por los Reyes Católicos. Fue, con toda probabilidad, el primer hospital de la península ibérica en sentido moderno.

El nacimiento de la farmacia como profesión

Un logro que suele pasarse por alto: los musulmanes establecieron la primera escuela medieval de farmacia y convirtieron esta actividad en una profesión independiente de la medicina y de la alquimia. Desarrollaron técnicas de destilación y crearon preparados nuevos.

La huella de aquel trabajo sigue presente en nuestro idioma. Estas palabras españolas proceden directamente del árabe farmacéutico:

Jarabe, del árabe sharabJulepe, de shulabAlcohol, de al-kuhlElixir, de al-iksirAlambique, de al-anbiq

También destacan los grandes tratados farmacológicos, como el Kitab al-Saydala (Libro de las medicinas) de Al-Biruni, que clasificaba unas ochocientas cincuenta sustancias, y las compilaciones del siglo XIII que llegaron a recoger cerca de mil cuatrocientos remedios de origen mineral, vegetal y animal, entre ellas la obra de Ibn al-Baytar. 💊

La cuestión de la disección: un matiz necesario

Suele afirmarse que la disección de cadáveres estaba prohibida en el islam y que eso frenó el desarrollo de la anatomía. La realidad admite matices.

No existe una prohibición coránica explícita al respecto. Lo que hubo fue una reticencia cultural y jurídica hacia la manipulación del cuerpo humano tras la muerte, sustentada en el principio de respeto a la dignidad del difunto. En la práctica, el conocimiento anatómico se apoyó fundamentalmente en los textos galénicos.

Sin embargo, hubo excepciones documentadas: Avenzoar practicó disecciones en Sevilla, y Abd al-Latif corrigió a Galeno mediante observación directa de restos humanos. Y el caso de Ibn al-Nafis demuestra que también el razonamiento riguroso podía derribar dogmas anatómicos sin necesidad de bisturí.

Pese a esa limitación, la cirugía alcanzó un desarrollo notable, como acredita el catálogo instrumental de Abulcasis.

Preguntas frecuentes sobre la medicina islámica medieval¿Cómo llegó la medicina islámica a las universidades europeas?

La vía principal fue la traducción del árabe al latín, y la península ibérica desempeñó en ello un papel decisivo. Tras la conquista de Toledo en 1085, la ciudad conservó una enorme riqueza de manuscritos árabes y una población capaz de manejar el árabe, el hebreo, el latín y el romance. Durante los siglos XII y XIII, traductores como Gerardo de Cremona, autor de más de setenta versiones latinas, vertieron obras fundamentales de Al-Razi, Avicena y Abulcasis. Otra vía importante fue Sicilia, y en menor medida el sur de Italia, donde la escuela de Salerno recibió textos médicos árabes a través de Constantino el Africano en el siglo XI. Gracias a esos trabajos, las universidades de Montpellier, Bolonia, París o Padua estudiaron durante siglos manuales escritos originalmente en Persia, Bagdad o Córdoba. Es uno de los grandes episodios de transmisión cultural de la historia europea, y explica por qué el vocabulario médico y químico occidental conserva tantos arabismos.

¿Hubo mujeres médicas en el mundo islámico medieval?

Sí, aunque su presencia está mucho menos documentada que la de sus colegas varones. El término árabe tabiba, femenino de tabib (médico), aparece en fuentes jurídicas y literarias, lo que confirma que la figura existía y estaba reconocida. Investigaciones sobre la vida social del Al-Ándalus medieval, basadas en recopilaciones de fetuas del cadí cordobés Ibn Sahl, documentan casos concretos de médicas en ejercicio, incluida la cuestión de sus honorarios. Las fuentes islámicas orientales mencionan asimismo mujeres dedicadas a la atención de enfermos, especialmente en el cuidado de otras mujeres y en obstetricia, campo en el que las comadronas gozaban de considerable autoridad. En el ámbito hospitalario, algunos bimaristanes disponían de secciones femeninas atendidas por personal femenino. Con todo, la escasez de nombres propios conservados refleja tanto las limitaciones sociales de la época como los sesgos de quienes compilaron después las historias de médicos ilustres.

¿Por qué decayó la medicina islámica después del siglo XIII?

No existe una explicación única, y el asunto sigue debatiéndose entre historiadores. Suelen señalarse varios factores concurrentes. El primero, y muy tangible, fue la destrucción material: la invasión mongola arrasó Bagdad en 1258 y con ella se perdieron bibliotecas enteras, incluida buena parte de la producción científica acumulada durante siglos. A ello se sumó la fragmentación política del mundo islámico, que redujo el mecenazgo estable del que dependían hospitales y centros de estudio. Otro factor citado es el peso creciente de la autoridad frente a la observación: cuando el Canon de Avicena se convirtió en texto casi incuestionable, la innovación perdió terreno, del mismo modo que había ocurrido antes con Galeno. Conviene evitar, en cualquier caso, la idea de un colapso abrupto: la actividad médica continuó, y figuras como Ibn al-Nafis pertenecen precisamente al siglo XIII. Fue más bien una pérdida gradual de la posición de vanguardia, coincidente con el ascenso científico europeo.

¿Se puede visitar hoy el Maristán de Granada?

El edificio original sufrió una historia accidentada: tras la conquista cristiana perdió su función hospitalaria, pasó por diversos usos y fue finalmente demolido en 1843. De la construcción nazarí se conservaron algunos elementos, entre ellos los célebres leones de piedra de la alberca central, que estuvieron largo tiempo en el Partal de la Alhambra. En las últimas décadas se han acometido trabajos arqueológicos y de recuperación en el solar, situado en el barrio del Albaicín, junto al río Darro. El proyecto de rehabilitación ha avanzado con intención de convertir el espacio en un centro visitable dedicado a la memoria del hospital nazarí. Dado que el estado de las obras y las condiciones de acceso han ido cambiando, lo recomendable es consultar la información municipal actualizada antes de planificar una visita. Aun así, el entorno del Albaicín y la Carrera del Darro permiten hacerse una idea del emplazamiento original de aquel bimaristán.

¿Qué instrumental quirúrgico inventaron los médicos islámicos?

El catálogo más completo procede del Kitab al-Tasrif de Abulcasis, que ilustró más de doscientos instrumentos, muchos de diseño propio y varios sin precedente conocido. Entre ellos figuran bisturís de distintas formas, tenazas, escalpelos, sierras óseas, cauterios, espéculos, jeringuillas, sondas y ganchos. Fue el primero en representarlos gráficamente junto a la descripción de su uso, lo que convirtió su obra en un manual práctico y no solo teórico. Se le atribuyen además aportaciones técnicas relevantes: el empleo de hilo de tripa (catgut) para suturas internas, que el organismo reabsorbe; el uso del algodón en vendajes; instrumentos para extraer cuerpos extraños de la garganta; y procedimientos de extracción dental y de tratamiento de fracturas. Muchos de esos diseños siguieron reproduciéndose en los tratados quirúrgicos europeos hasta el siglo XVIII, con modificaciones mínimas.

¿Qué diferencia hay entre medicina islámica y medicina profética?

Es una distinción fundamental que se confunde con frecuencia. La medicina profética (tibb nabawi) es un género literario que recopila los consejos sobre salud atribuidos al Profeta Muhammad en los hadices: recomendaciones sobre higiene, alimentación, miel, comino negro o ventosas. Autores clásicos como Ibn Qayyim al-Yawziyya le dedicaron obras completas. La medicina islámica en sentido histórico y científico es otra cosa: la tradición médica desarrollada en tierras del islam entre los siglos VIII y XIII, construida sobre la herencia griega, persa e india, la observación clínica y la experimentación. Sus practicantes fueron musulmanes, pero también cristianos nestorianos como Hunayn ibn Ishaq y judíos como Maimónides. Una diferencia práctica importante: los grandes médicos de esta tradición no fundamentaban sus diagnósticos en hadices, sino en la observación y en los textos científicos disponibles. Conviene, por tanto, no atribuir a la religión los logros de una comunidad científica plural, ni confundir consejos devocionales con investigación médica.

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