Macri, el Papa y las operaciones cruzadas de una sesión histórica

Macri, el Papa y las operaciones cruzadas de una sesión histórica

Hubo conversaciones y consultas en la madrugada del jueves. Qué rol jugaron el Presidente y Francisco con sus allegados y por qué no llamaron a nadie.

El viernes 1 de junio, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, viajó al Vaticano para mantener una reunión de carácter personal con el Papa Francisco. El funcionario tiene una relación de amistad con el Sumo Pontífice. No fue un encuentro oficial. Triaca hizo escala en Roma antes de volar a Suiza para liderar la delegación argentina en la reunión anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El funcionario habló de temas reservados, relativos al vínculo que lo une hace muchos años con Jorge Bergoglio. Pero también le transmitió cuestiones que tenían que ver con los principales temas de coyuntura de la política nacional. Entre otras cuestiones, el Papa se interesó en conocer cómo se estaba desarrollando hasta entonces la dinámica de la votación en la Cámara de Diputados sobre el Proyecto de Ley que buscaimplementar la legalización del aborto.

Triaca le contó lo que algunos diputados del propio oficialismo habían calculado sobre ese escenario de alta volatilidad. Hasta ese momento, el ala de Cambiemos que trabajaba para que se rechace ese proyecto había contabilizado que la diferencia en contra de la legalización del aborto se imponía por alrededor de cinco votos respecto a quienes potencialmente votarían a favor de esa nueva legislación.

Es un tema de vital importancia para la Iglesia Católica. Cuando Bergoglio era joven, en un pasado mundano y más terrenal, militó en la agrupación peronista “Guardia de Hierro”. Ya sumido en las más relevantes esferas del Estado Vaticano, ganó la "interna" política que tal vez sea la más compleja y trascendente del Planeta: la votación entre los cardenales que lo designaron Sumo Pontífice. Con el "poroteo" que le transmitió el ministro Triaca, Francisco entendió rápido que esa diferencia de votos, que favorecía a los intereses de su Iglesia, no era la suficiente para garantizarse que la votación sobre el proyecto sobre la interrupción voluntaria del embarazo estuviese definida. El panorama era volátil.

La reunión entre el Papa y el ministro Triaca le fue confirmada a Clarín por fuentes oficiales y de la oposición que sabían de primera mano, o que reconstruyeron por sus contactos, lo que hablaron esos dos amigos en Roma.

El Papa Francisco tenía razón. Los días pasaron y volvió a recibir más información sobre cómo estaban los votos de los diputados respecto al proyecto de Ley que lo preocupaba. Esta vez, esas matemáticas de la Cámara baja le llegaron vía algunos de los obispos argentinos, de curas de su confianza y de dirigentes sociales con los que dialoga de política seguido.

El jueves 7 de junio, seis días después de recibir a Triaca, Bergoglio mantuvo otra reunión, esta vez sí protocolar y con categoría de oficial: lo visitaron en el Vaticano la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, su jefe de Gabinete, Federico Salvai, y otra ministra con la que también lo une un lazo de cariño, la titular de Desarrollo Social, Carolina Stanley.

Faltaban cinco días para que los diputados trataran en el tema en la Cámara baja. Francisco estaba convencido de que el panorama se había complejizado. Demasiados indecisos.

El Papa decidió que no llamaría a ningún legislador para torcer su voluntad. Si el propio Vaticano se involucraba en “operaciones” de ese estilo, terminaría trascendiendo. Un riesgo. Es la misma actitud que tuvo sobre el tema el propio presidente Mauricio Macri. No llamó a nadie. Y les pidió a sus principales asesores que intentasen mantenerse prescindentes.

Ya con la media sanción que le dio Diputados al proyecto sobre el aborto, Macri habló. Y Bergoglio se decidió a sentar una posición pública sobre el tema con declaraciones de alto impacto.

Durante toda la votación la incertidumbre sobre el resultado fue absoluta. Tanto el Papa como el Presidente se mantuvieron en sus posiciones y eso provocó más dudas entre diputados que ambos podrían considerar como “propios”.

La volatilidad en la votación provocó aun más nerviosismo en las manifestaciones, a favor y en contra de la legalización del aborto, que convocaron a decenas de miles de personas en los alrededores del Congreso.

Pero la ausencia de acción concreta de Bergoglio y de Macri no detuvo ni a los dirigentes de Cambiemos ni a los obispos o curas de la Iglesia Católica.

Autoridades eclesiásticas y dirigentes de casi todos los partidos políticos funcionarios nacionales operaron en sus propios bloques, y en otros, para intentar cambiar votos a favor o en contra del proyecto sobre el aborto. Esas operaciones fueron transversales a las ideologías y se generaron de forma simultánea.

Clarín reconstruyó escenas de noche en base al relato de cuatro ministros nacionales, tres fuentes de la Presidencia de la Nación y de nueve diputados. Según las fuentes consultadas por este diario, la vicepresidenta Gabriela Michetti y el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, igual que el senador Esteban Bullrich, fueron consultados o consultaron a diputados de Cambiemos que no decidían su voto.

Tanto Michetti como Pinedo y Bullrich declararon públicamente que creían que el aborto no debía ser legalizado. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, también fue consultada por diputados indecisos. Varios pedían hablar con el Presidente. Bullrich les aclaró que ninguno de ellos sería “castigado” si votaba en contra de lo que pensaba Macri.

El ex senador Ernesto Sanz, el ex diputado y abogado Ricardo Gil Lavedra, entre otros radicales, fueron buscados o buscaron a legisladores de la UCR que -por motivos distintos- tampoco definían su voto sin recibir sugerencias. Algunos de ellos cambiaron de posición tras escuchar otros argumentos.

Para el público fue un debate parlamentario civilizado. De modo subterráneo, fue una jungla.

A las cuatro y media de la mañana del jueves 14, el jefe del interbloque de Cambiemos, Mario Negri, se reunió con el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Estaban agotados. Negri creía, a esa hora, que la votación saldría empatada.

El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, se preocupó por qué consecuencias podría tener en esas manifestaciones cualquiera resultado. Y qué costo pagaría, o no, el Gobierno. Lo mismo analizó el jefe porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

Pasadas las siete de la mañana, se supo que el gobernador de La Pampa, Carlos Verna, había convencido a dos diputados de su provincia y votarían a favor de la legalización del aborto. A ellos se les sumó un legislador de Cambiemos de Tierra del Fuego. Diputados le dio media sanción al proyecto.

Monzó se fue a dormir a las doce del mediodía.

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