“Que luteranos y católicos testimonien Dios en la comunión, nunca más diatribas y conflictos”

“Que luteranos y católicos testimonien Dios en la comunión, nunca más diatribas y conflictos”

Audiencia del Papa a una delegación de la Iglesia evangélica-luterana de Finlandia en Roma para el tradicional peregrinaje ecuménico por la Fiesta del patrono San Enrique

A 500 años de la Reforma, en las relaciones entre católicos y luteranos es esencial recuperar la «dimensión ecuménica de nuestra oración y de nuestros encuentros, en los que ya no ha habido rastro de las diatribas y de los conflictos del pasado». Con estas palabras, el Papa Francisco recibió a una delegación de la Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia en ocasión del anual peregrinaje ecuménico a Roma por la Fiesta del patrono San Enrique y en coincidencia con la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Francisco volvió con el pensamiento a la conmemoración de la Reforma del año pasado, «que ha reforzado y profundizado en nuestro Señor Jesucristo, la comunión entre los luteranos, los católicos y sus compañeros ecuménicos en todo el mundo». 

  

Una conmemoración que queda como «fecunda oportunidad para el ecumenismo – destaca el Papa – punto de partida en la búsqueda ecuménica de la unidad plena y visible entre nosotros y triple señal de gratitud, de arrepentimiento y de la esperanza», indispensables para sanar la memoria. Y agrega: «No es un caso que nuestros esfuerzos se estén orientando hacia el estudio de una cuestión ecuménica prioritaria sobre la que estamos intencionados a detenernos en el futuro, es decir, la cuestión de la naturaleza de la Iglesia». 

  

En el documento producido recientemente por la Comisión de diálogo luterana-católica de Finlandia titulado: «Comunión en crecimiento. Declaración sobre la Iglesia, la eucaristía y el ministerio» están, en efecto, los temas decisivos sobre que cuales deberá proceder el diálogo ecuménico. 

  

Francisco afirma que la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que coincide con la peregrinación de la Delegación finlandesa, recuerda la situación de grave necesidad en la que viven tantas personas en el mundo e insta a entrar en campo por ellos, «unidos por un mismo compromiso ecuménico». 

  

Finalizando el discurso, el Papa invita a orar «al Señor Jesucristo para que por su gracia nosotros cristianos en todo el mundo podamos ser instrumentos de su paz», obrando juntos en medio de los pueblos divididos, «como servidores de su amor que cura y reconcilia, santificando y glorificando su nombre». 

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