“Jesús desea que su alimento llegue a todos, y que sus discípulos, que somos nosotros, lo entreguen a los demás”
El relato del milagro de los panes y los peces fue el eje de la Audiencia General del Papa, pronunciada en el Aula Pablo VI. Muchos jóvenes, algunos de ellos vestidos con sus trajes sde novio, acompañaron a Bergoglio en su alocución. Muchos niños, que daban el toque de alegría a una reflexión, ya de por sí, optimista: "Dadles vosotros de comer". Un canto evangélico, el de la multiplicación de los panes y los peces, a la corresponsabilidad y la misericordia.
Un pasaje que, como apuntó el propio Francisco, repite el proceso que, posteriormente, Jesús enseñará a sus discípulos en la Última Cena. "Un gesto de bendición de Jesús. Él tiene cinco panes y dos peces, alza los ojos al cielo, recita la bendición, parte el pan y lo reparte. Es exactamente lo mismo que Jesús hizo en la Última Cena. Lo que cada sacerdote debe hacer", indicó.
Y es que, como apuntó el Papa, "Jesús desea que su alimento llegue a todos y que sus discípulos, que somos nosotros, sean los que lo entreguen a los demás". El relato de Mateo arranca en el momento en que Jesús conoce la muerte de Juan el Bautista, y sale en barca para estar solo. "Pero la gente, que no entiende, va a pie y llega antes que él, que iba en barco, a la otra orilla del río".
"Él los vio y sintió compasión por los más débiles. Así era Jesús, siempre con la compasión, siempre pensando en los otros", subrayó Bergoglio, quien destacó la "determinación de la gente que siente que les han dejado solos. Muerto Juan el Bautista, se aferran a Jesús, al cual el mismo Juan había dicho que era más fuerte que él".
"La gente le sigue para escucharle y para llevarle a los enfermos. Y Jesús se conmueve", porque "Jesús no es frío, no tiene un corazón frío, es capaz de conmoverse. Él se siente ligado a esta gente". Y así lo hizo. Según el relato evangélico, "el maestro se dedicó a la gente", porque "la compasión de Jesús no es un sentimiento vago, sino que muestra toda la fuerza de su voluntad por estar cerca de nosotros, por salvarnos. Te ama tanto Jesús... quiere estar cerca de nosotros".
"Al llegar la tarde, Jesús se preocupa de dar de comer a todos los que están allí, hambriento", añadió Francisco en su reflexión. "Jesús se preocupa de todos los que le siguen. Y les dice a los discípulos: Dadles vosotros de comer. Y demostró que el poco pan que había, con la fuerza de la fe y la oración, puede ser dividido y repartido por todos. Es un milagro. Pero es el milagro de la fe y la oración, con la compasión y el amor".
"Jesús partió el pan y se lo dio a los discípulos, y los discípulos a la gente... El pan se iba partiendo y así... el Señor va al encuentro a las necesidades de los hombres, y nos hace partícipes concretos de su compasión", añadió el Papa. Porque "Jesús quiere llegar a todos, para llevar a todos el amor de Dios. Por eso convierte a todo creyente en servidor de la misericordia de Dios".
El gesto de bendición, "exactamente lo mismo que hizo Jesús en la Última Cena, lo que cada sacerdote debe hacer". Porque "la comunidad cristiana renace continuamente de esta comunión eucarística". Porque "vivir la comunión con Cristo no supone no encontrarse con la realidad cotidiana, al contrario, es estar siempre en relación con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con el signo concreto de la misericordia y la atención a los necesitados".
"Si se nutre de Cristo, la Eucaristía de cada día nos convierte, poco a poco, en cuerpo de Cristo. Jesús vino a todos, para traer a todos el amor de Dios, por eso pide a todos los creyentes que sean servidores de la misericordia", concluyó el Pontífice, quien clamó a "los creyentes que recibimos este pan, estamos llamados por Jesús a aportar nuestro servicio a los demás, con la misma compasión de Jesús".
El relato de la multiplicación de los panes y los peces, concluye con la constatación de que todos quedaron saciados, y que sobraron panes y peces. "Cuando Jesús te perdona los pecados, te abraza, te ama... todo queda saciado. Jesús limpia nuestro corazón, lo llena con su amor, su perdón, su compasión", recordó Francisco.
"Jesús ha pedido a sus discípulos seguir, amar al pueblo y tenerlo unido, al servicio de la vida y de la comunión. Invoquemos al Señor para que su Iglesia sea siempre capaz de hacer este servicio, y que todos podamos ser instrumentos de comunión en la familia, en el trabajo, en la comunidad... signos visibles de la misericordia de Dios, que no quiere dejar a nadie fuera" porque "esta comunión con Dios es vida para todos".
Saludo en castellano:
Queridos hermanos y hermanas
Jesús se conmovió al ver a la multitud que estaba extenuada y hambrienta, y salió a su encuentro para socorrerla. No solamente se preocupó de los que le seguían, sino que deseaba que sus discípulos se comprometieran en auxiliar al pueblo, mandándoles: «dadles vosotros de comer».
La bendición de Jesús sobre los cinco panes y los dos peces anuncia de antemano la Eucaristía, de la que el cristiano se alimenta y de la que saca fuerza para la vida. La Eucaristía nos va trasformando en Cuerpo de Cristo y en alimento para nuestros hermanos. Jesús desea que su alimento llegue a todos y que sus discípulos, que somos nosotros, sean los que lo entreguen a los demás.
Jesús nos ha enseñado el camino a seguir y nos manda que seamos nosotros quienes lo llevemos a los demás, a él, que es alimento que sacia y da vida, crea unidad y comunión.
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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Los invito a alimentarse constantemente de la Eucaristía para ser a su vez alimento para los demás e instrumento de comunión en la familia, en el trabajo, en el ámbito donde viven, siendo testigos de la misericordia y la ternura de Dios. Muchas gracias.

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