La jerga de Francisco/22.

La jerga de Francisco/22.

Si te metés con mi vieja…

di Jorge Milia

No pude menos que reír cuando leí la conferencia de prensa en el viaje papal: “Se il dottor Gasbarri, l’organizzatore dei viaggi papali, che è mio amico, dice una parolaccia contro la mia mamma è normale che si aspetti un pugno”. ¿Y cómo no? La referencia nos lleva a otros tiempos, hasta la adolescencia, quizá a la infancia. Allí se establecían ciertas fronteras, ciertos códigos. Uno podría decir algunas cosas sin mayor problema pero sabía que había otras que implicaban un costo, a veces grande.  Y uno de esos temas pasaba por la madre, de uno o de otro, por ello la prevención a cualquiera cuando el diálogo, más bien la discusión, se ponía caliente: “Si te metés con mi vieja, te doy una piña!”.

El lenguaje argentino siempre orilló el riesgo. Producto de la inmigración y la carga que debía soportar por el aporte del italiano y todos sus dialectos; del francés y su argot, del inglés, del alemán, del yiddish, del árabe… Y, de cada uno que hablara esos idiomas, las connotaciones religiosas y políticas. Frente a la invasión, la defensa. Más odioso que no saber qué es lo que nos dicen, es saber que nos dicen algo para burlarse, para ofendernos.

La idea fundamental en la convivencia entre diversidades es siempre la del respeto mutuo, pero cuando el respeto se acaba aparece la reacción.

Ahora todo es más complejo. Una troika de delirantes mata casi una veintena de personas en París. La gente reacciona y se trasviste de Charlie Hebdo. Muchos que en el mundo se suman al “Je suis Charlie Hebdo” ni siquiera lo conocían. Otros pensaban que Charlie Hebdo no valía ni el tiempo que se le podía dedicar a criticarlo. Y aquí se dividen las aguas.

Yo no soy Charlie Hebdo – lo digo sin complejos – pero soy periodista, y aunque considerase que quienes hacían esa revista destilaban mal gusto y una no disimulada discriminación y una ostentosa falta de respeto, no sólo a Mahoma sino al género humano, creo que no merecían ser asesinados, y no en pro de la libre expresión sino porque nadie merece ser muerto por otro. Quienes lo hicieron son miserables, pero el mundo indignado que se puso las camisetas y agitó las pancartas, no lo es menos. Porque casi al mismo tiempo en Nigeria murieron 2000 cristianos a mano de Boko Haram y tiempo antes, en Pakistán, alrededor de 200 escolares, islámicos, por supuesto, de una escuela dependiente del ejército. Murieron a manos de los talibanes, y nadie salió a expresar su indignación, su repudio.

Esta inesperada notoriedad de Charlie Hebdo mostró al mundo – que en su mayoría la ignoraba – qué era lo que producía esa revista, y yo me sumo a los que consideran que esa producción era lamentable. Es más, los católicos podríamos estar mucho más indignados y dispuestos a la masacre si fuéramos fundamentalistas, porque la ofensa a nuestra religión ha sido muy superior a la caricatura de Mahoma. Pero la verdad es que quitarles la vida y transformarlos en mártires de su propio desquicio, es algo que excede a no sólo a la indignación sino a la inteligencia.

Es cierto que los católicos, desde hace demasiado tiempo, pecamos por ser políticamente correctos. Parecería que nos preocupa más que cualquiera nos pueda acusar de oscurantistas o intolerantes y soportar calladamente el insulto, la agresión, la ofensa y aún la profanación que reaccionar visceralmente. Y al decir esto no hablamos de un fusil Kalashnikov.

Creo que a las palabras de Francisco hay que verlas desde este ángulo. Lo que él explica es que aquel fervor adolescente, que nos hacía hervir la sangre, tenía en los católicos asultos un correlato especial y está siempre presente en nuestro interior, un poco más civilizado, un poco más domado, pero siempre listo para salir en defensa de aquello que creemos y amamos. La madre, para aquellos adolescentes, para estos hombres maduros, no era sólo aquella mujer que nos había traído al mundo, la Madre era María, madre nuestra y de Dios, siempre difícil de explicar a los no creyentes. La Madre era también la Iglesia.  Por eso “No se puede provocar o burlarse de la religión de otro. No está bien”. Porque es como si ofendieran a la propia madre. Una piña no suena muy cristiano pero es, sin dudas, muy humano frente a uno que no está simplemente (y hasta con inteligencia) en desacuerdo o criticando sino que está insultando y ofendiendo gravemente lo que más amamos.

Así como no se puede aceptar que se limite la libertad de expresión mediante el ametrallamiento de los periodistas, tampoco se la puede confundir con la ofensa, la ridiculización, el escarnio, aunque algunos pretendan disfrazarlo de ironía esas actitudes.

 1. Ese Dios católico que nos “primerea” siempre.

2. “No balconeen la vida, métanse en ella, como hizo Jesús”

3. Una civilización que está “falseada” tiene urgente necesidad de la esperanza cristiana

4. “Hagan lío”, porque la Buena Noticia no es silenciosa…

5. Esa anulación que elimina al Otro. No se dejen ningunear

6. El Pescador que llama a “pescar” una mirada nueva hacia la sociedad y la Iglesia

7. Qué pena una juventud empachada y triste!

8. “Misericordiando”. Dialogo con el Papa sobre un gerundio curioso

9. El “chamuyo” de Dios

10. ¡Qué Dios me banque! Si Él me puso aquí, que Él se haga cargo

11. El espíritu del soldado y los generales derrotados por el “habriaqueísmo”

12. “Patear para adelante”. Las metáforas futbolísticas de un Papa

13. Esos cristianos alegres y esos con caras de pepinillos en vinagre

14. El “cuento chino” de la abolición de la esclavitud

15. Callejeros de la Fe: entre la escuela y el barro

16. Un consejo para los “trepas” de la Iglesia: vayan a hacer alpinismo, es más sano

17. “Recen por mí”. ¿Un bergoglismo poco bergogliano? Tal vez. Pero a fuerza de pedirlo, el Papa le ha puesto el copyright

18. No somos guachos, ¡tenemos una Madre que nos cuida!

19. Abran las alas y ahonden las raíces. ¡No arruguen!

20. La teologia del barrilete: “¡Aflojale que colea!”

21. Rivalidad y vanagloria, las polillas que se comen el tejido de la Iglesia

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