Italia como Amazonía: vivir con la nostalgia de Jesús

Italia como Amazonía: vivir con la nostalgia de Jesús

La teología se pone a servir. Los médicos y el personal sanitario “están llevados porguiados por la mano di Dios”

En estos días de exilio forzoso nosotros dos tenemos la suerte de vivir en la misma familia numerosa y vivir en la misma casa, y por tanto de tener la posibilidad de seguir trabajando con cuatro manos y orar todos juntos. Queremos hacerles sonreír citando las palabras de un santo muy apropiado para estos días: Teófanes “el Recluso”. En su obra La vida espiritual: cartas, escribe: “Molestad al Señor, a la Madre de Dios y al ángel de la guardia, pidiendo todo lo que necesitáis. … Mejor orar con más frecuencia … Nunca te apartes del Señor” (Carta XXIII).

El Papa nos invita a no desaprovechar estos días tan difíciles. Hay necesidad de oración. Debemos redescubrir la oración en familia. Por los contactos que tenemos nos damos cuenta de la “sed” de Jesucristo que tienen las personas. Misas online y en la televisión, rosarios, catequesis marcan el día de mucha gente.

Nuestro recuerdo va al sínodo de Amazonía. Participamos en la organización de “Amazonía casa común”, y nos vuelve a la mente el encuentro en Posillipo entre los representantes de los indígenas y nosotros profesores y alumnos de la facultad de Teología de Italia Meridional, Sección de San Luís, Nápoles. Durante el debate y en varios momentos de esa jornada percibimos el dolor de esa gente por no poder celebrar en sus comunidades la Eucaristía y comunicarse al Cuerpo y Sangre del Señor. Se quejaban también por no poder acercarse al sacramento del perdón de Dios por la falta de sacerdotes. Podíamos percibir el dolor pero no lo sentíamos dentro de nosotros de verdad.

En este momento tan difícil para nosotros comprendemos la profecía del Papa Francisco, cuando nos dijo que “todo está inter-ligado”. El dolor de ellos ahora es el nuestro. Por motivos diferentes, podemos sentir la importancia de la presencia viva de Jesús y la nostalgia de Él. Es curioso che también las personas más alejadas e indiferentes en estos días son sensibles a la falta de la celebración en la comunidad y de la comunión sacramental. Se conmueven cuando oyen tocar las campanas los domingos. “Sine dominico non possumus”, confesaron los mártires de Abitene durante la persecución de Diocleciano. Hoy nuestro persecutor no es el estado italiano o español, que más bien vela por la salud pública. Si por un lado debemos tener paciencia y respetar las indicaciones de no celebrar en comunidad para evitar el contagio, sin caer en la tentación de misas ocultas para grupos selectos; por otra parte la distancia momentánea es la ocasión para revivir en nosotros el deseo del Señor y de la comunidad, y también para compartir las dificultades experimentadas por muchos cristianos en todo el mundo, especialmente en lugares de pobreza, guerra y persecución.

Está claro que la Iglesia en Europa, como pueblo de Dios, tiene una gran oportunidad que no hay que perder: redescubrir la belleza de las pequeñas comunidades. Por fin se podría volver a sanar el rasgón entre identidad (bautismo) y pertenencia eclesial. Un camino no hecho de grandes eventos espectaculares, sino de muchas acciones pequeñas intencionales, para el bien de las personas que tenemos al lado.

¿Cómo dejar de ver que las personas que trabajar en primera línea en el campo de la salud, médicos, enfermeros, personal auxiliar y voluntarios, constituyen pequeñas comunidades que experimentan la santidad, y “están llevadas, aun sin saberlo, como por la mano de Dios” (Gaudium et spes 36)? No podrían hacer todo el bien que hacen solamente por la pasión de la ciencia. Redescubrimos que en las profesiones médicas la parte humana, con una profunda raíz cristiana, es al menos tan valiosa como la técnica.

La emergencia de esta pandemia ofrece la posibilidad de recuperar con actos concretos y sencillez la unidad entre los cristianos. Las celebraciones de la próxima Semana Santa y Pascua se tendrán justamente sin la presencia de los fieles. La iglesia católica y las iglesias ortodoxas han adoptado medidas muy parecidas de acuerdo con los gobiernos. Alternativamente, alguien propuso posponer todo hasta el final de la infección. Si se considerara apropiado identificar una nueva fecha, sería realmente bello celebrar la fiestas todos juntos como un signo de esperanza para la humanidad entera. Sería una primera experiencia que podría abrir proféticamente un diálogo para un acuerdo definitivo sobre la fecha de Pascua.

Varias veces hemos tenido ocasión de escribir sobre el egoísmo de “un evangelio de la prosperidad”. Hay quien quisiera que Dios entrara en la historia también de estos días de dolor como dominador poderoso, defensor de algunos elegidos, blancos, físicamente en salud, materialmente ricos y personalmente felices, y bien armados. Hasta hoy han combatido en contra de los “negros”, los hebreos, los gitanos, las feministas, los inmigrados, los musulmanes, las personas con diferente orientación sexual, todos ellos excluidos por dios. Ahora añaden a su lista a los ancianos, los enfermos, los pobres, propiciando una “selección natural”: otros grupos por “descartar”. Reavivan en nosotros recuerdos muy tristes de ideologías de la historia reciente. Debemos oponernos con todas nuestras fuerzas.

Covid-19 derrumba muchas seguridades, entre ellas la del dinero, que no protege contra este mal. El spread y la bolsa siembran el pánico. Nos estamos dando cuenta de que vivíamos en una situación de seguridad que confundíamos con la paz. Llamábamos paz al bienestar. Ahora podemos entender un poco más la importancia de la verdadera paz para poder salvarnos. La colaboración de todos para el bien común proviene de personas reales que se aman en la libertad, no se descartan y que realmente pueden confiar en los demás.

Este tiempo es fructuoso también para la teología. Nos quejamos a menudo que la reflexión teológica no logra bajar de las cátedras y salir fuera de las instituciones académicas para acompañar al pueblo de Dios. El coranavirus lo ha logrado, al menos por ahora. Estamos experimentando el servicio de manera más auténtica. No existe una estructura universitaria para mediar. Dar clases a través de plataformas, experimentar los inconvenientes de las conexiones, contactar y ser contactados constantemente por los estudiantes, exponer la propia imagen reflejada en las pantallas sin filtros y barreras académicas, nos está haciendo muy bien. Es un desafío involucrarse y estar con los demás, con humildad y servicio.

* Don Paolo Scarafoni y Filomena Rizzo enseñan juntos teología en Italia y en África, en Addis Abeba. Son autores de libros y artículos de teología

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