La Iglesia marplatense celebró la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes

Presidida por el obispo de la diócesis de Mar del Plata monseñor Antonio Marino, se llevó a cabo la misa por la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. La Gruta se vio colmada por fieles de toda la ciudad y turistas que se acercaron a dejar sus intenciones.

Durante su homilía, monseñor Marino aseguró que “la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, en una de las manifestaciones de fe más fervorosas y tradicionales de esta ciudad de Mar del Plata. El número de fieles que acude a este lugar para honrar a la Virgen e invocar su protección, constituye un acontecimiento poco frecuente y muy conmovedor”.

Luego de un repaso histórico, el obispo reflexionó que “en su sabiduría y su bondad, Dios ha querido asociar estrechamente a María en la obra redentora y misericordiosa de su Hijo. Lo mismo que en Caná, ella está presente, siempre atenta y sensible, con corazón de madre”.

“Deseo agradecer vivamente a todos los que trabajan en la Pastoral de la salud, sobre todo en los hospitales, y a cuantos dedican sus vidas a cuidar y consolar a los enfermos, a aliviar a las personas no sólo en sus dolencias físicas, sino también psíquicas y espirituales”, al tiempo que continuó agradeciendo “de un modo especial a las Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia, vinculadas con esta gruta desde su inicio en 1937, y que brindan en silencio su servicio de caridad. Al mismo tiempo expreso mi agradecimiento al Servicio Sacerdotal de Urgencia por todo el bien que se viene realizando en horas nocturnas.”

Monseñor Marino invitó a dar “un nuevo impulso en la pastoral de atención a los enfermos, a fin de perfeccionar nuestro servicio de presencia habitual en el mundo del dolor, y de respuesta ante la demanda del sacramento de la unción en horas diurnas”.

Por último, el obispo pidió “que en esta semana vocacional, no nos cansemos de pedir por las vocaciones de especial consagración. Todas las vocaciones son un don precioso de Dios. Pero para celebrar la Eucaristía, perdonar los pecados y ungir a los enfermos; para guiar, enseñar y consolar al Rebaño de Dios” (1Ped 5,2), necesitamos más sacerdotes”.

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