Francisco: "A mí nunca me fue mal escuchando a las personas"

"Metemos la pata a cada rato, nos equivocamos, pecamos, pero Él siempre nos perdona"

"A mí nunca me fue mal con escuchar a las personas. Cada vez que las escucho, siempre me va bien. Las veces que no las escuché me fue mal (...). Esta es la riqueza del diálogo. Dialogando, escuchando, uno se enriquece". Con motivo del segundo aniversario de su elección papal, Francisco concedió una jugosa entrevista a "La Cárcova" de los villeros argentinos.

En la misma, el Papa anuncia que seguramente viajará a Argentina en 2016,insiste en que "nosotros, los hijos de Dios, metemos la pata a cada rato, nos equivocamos, pecamos, pero cuando pedimos perdón, Él siempre nos perdona. No se cansa de perdonar", y deja un mensaje final: "Mirá, la vida está en manos de Dios. Yo le dije al Señor: Vos cuidame. Pero si tu voluntad es que yo me muera o que me hagan algo, te pido un solo favor: que no me duela. Porque yo soy muy cobarde para el dolor físico".

Usted habla mucho de periferia. Es una palabra que usa muchas veces. ¿En qué piensa cuando habla de periferias? ¿En nosotros, en la gente de la villa?

Cuando hablo de periferia hablo de límites. Normalmente nosotros nos movemos en espacios que de alguna manera controlamos. Ése es el centro. Pero a medida que vamos saliendo del centro vamos descubriendo más cosas. Y cuando miramos el centro desde esas nuevas cosas que descubrimos, desde nuestras nuevas posiciones, desde esa periferia, vemos que la realidad es distinta. Una cosa es ver la realidad desde el centro y otra cosa es verla desde el último lugar a donde vos llegaste. Un ejemplo. Europa, vista desde Madrid en el siglo XVI era una cosa, pero cuando Magallanes llega al fin del continente americano y mira Europa, desde ahí entiende otra cosa. La realidad se ve mejor desde la periferia que desde el centro. También la realidad de una persona, de las periferias existenciales e incluso la realidad del pensamiento. Vos podés tener un pensamiento muy armado, pero cuando te confrontás con alguien que está fuera de ese pensamiento de alguna manera tenés que buscar las razones del tuyo, empezás a discutir, te enriquecés desde la periferia del pensamiento del otro.

Usted conoce nuestros problemas. La droga avanza y no se detiene, entra en las villas y ataca a nuestros jóvenes. ¿Quién tiene que defendernos? ¿Y nosotros, cómo podemos defendernos?

Es verdad, avanza y no se detiene. Hay países que ya son esclavos de la droga y nos preocupa. Lo que más me preocupa es el triunfalismo de los traficantes. Esta gente ya canta victoria, han vencido, han triunfado. Y eso es una realidad. Hay países o zonas donde todo está bajo el dominio de la droga. Con respecto a Argentina, puedo decir sólo esto: hace 25 años era un lugar de paso de la droga, hoy en día se consume. Y no tengo la certeza, pero creo que también se fabrica.

¿Qué es lo más importante que debemos darle a nuestros hijos?

La pertenencia, la pertenencia a un hogar. La pertenencia se da con amor, con cariño, con tiempo, llevándolos de la mano, escuchándolos, jugando con ellos, dándoles lo que necesitan en cada momento para su crecimiento. Sobre todo dándoles lugar para que se expresen. Si vos no jugás con tus hijos, les estás privando de la dimensión de la gratuidad. Si vos no le das lugar para que él diga lo que siente y pueda incluso hasta discutir con vos, porque se siente libre, no lo estás dejando crecer.

Pero lo más importante es la fe. A mí me duele mucho cuando encuentro chicos que no saben hacerse la señal de la cruz. A esos chicos no les ha llegado lo más importante que un padre y una madre les pueden dar: la fe.

Usted cree que siempre existe la posibilidad de un cambio, tanto en situaciones difíciles de personas que han sido muy probadas por la vida, como en situaciones sociales o internacionales que son causa de grandes sufrimientos para la población. ¿De dónde saca ese optimismo, incluso cuando habría que desesperarse?

Toda persona puede cambiar, incluso las muy probadas. Yo conozco gente que estaba tirada en la existencia de su vida, y hoy día se han casado, tienen su hogar. Esto no es optimismo, esto es certeza en dos cosas. Primero, en el hombre, en la persona. La persona es imagen de Dios, y Dios no desprecia su imagen, siempre la rescata de alguna manera. Y segundo en la fuerza del mismo Espíritu Santo, que va cambiando la conciencia. No es optimismo, es fe en la persona, porque es hija de Dios. Dios no abandona a sus hijos. Me gusta repetir la frase que nosotros, los hijos de Dios, metemos la pata a cada rato, nos equivocamos, pecamos, pero cuando pedimos perdón, Él siempre nos perdona. No se cansa de perdonar. Somos nosotros que, cuando nos creemos importantes, nos cansamos de pedir perdón.

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