San Francisco (Córdoba): Mons. Buenanueva llama a los educadores a “enseñar a vivir”

San Francisco (Córdoba): Mons. Buenanueva llama a los educadores a “enseñar a vivir”

El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, compartió el martes 10 de marzo un encuentro con los profesores del instituto terciario FASTA Inmaculada Concepción, a quienes exhortó a ser verdaderos maestros en la vida de sus alumnos, enseñándoles por lo que son, más allá del contenido técnico. También los exhortó a “enseñar a vivir ofreciendo razones verdaderas a la esperanza humana”.

El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, compartió el martes 10 de marzo un encuentro con los profesores del instituto terciario FASTA Inmaculada Concepción. El prelado reflexionó sobre el lema de la Jornada Mundial de la Paz 2011, que fue “Educar a los jóvenes en la justicia y la paz”. 

Monseñor Buenanueva se refirió al “rico patrimonio educativo” surgido a partir del humanismo cristiano, cuyo centro es Cristo, el Verbo encarnado por amor al hombre caído, y consideró que la fe cristiana implica un modo característico de ser hombre y tiene capacidad para educar integralmente a la persona para la vida. 

El obispo también observó que el estilo educativo católico no está en conflicto con una lectura racional de la condición humana. Resaltó la capacidad humanizadora de la fe cristiana que, partiendo de un carisma religioso específico, se proyecta hacia todo el conjunto de la sociedad. 

Monseñor Buenanueva identificó algunas nociones que se refieren a la educación católica. Afirmó que educar, para la tradición católica, es “sacar al hombre de sí mismo para llevarlo al encuentro con la totalidad de la realidad y, así, alcanzar su pleno desarrollo y perfección”. 

“Educar es abrir los ojos para contemplar lo que es real, más allá de nosotros mismos. El verbo “educar’ se ha de conjugar con otros dos verbos fuertes: ‘ser’ y ‘trascender’. Se trata siempre de ir más allá de la propia individualidad, abriéndose a la realidad en toda su amplitud”, precisó. 

“Educar es entonces enseñar a ver, a entender, a formular la pregunta correcta, a saber decodificar los mensajes que envía la realidad, empezando por el propio cuerpo, la propia historia, y la comunidad a la que se pertenece. Es enseñar a ser auténticamente libres, acogiendo la verdad de la propia identidad personal. Es una aventura magnífica, de imprevisibles consecuencias: cada persona es original, con una vocación y misión únicas. Educar es ponerse al servicio de ese misterio de la irreductible originalidad de cada individuo humano”, agregó el obispo. 

Monseñor Buenanueva también sostuvo que el mayor logro de un educador es que su discípulo “aprenda a aprender”, es decir, que permanezca abierto a la totalidad de la realidad con disposición. También aseveró: “No hay circunstancia, ni acontecimiento, por negativo que sea, que no pueda ser ocasión de aprendizaje. Para el creyente esto es, además, una clara convicción de fe: Dios está siempre en todas las cosas. Es Él el principal educador del ser humano, creado a su imagen y semejanza”. 

El disertante también habló de la necesidad de una comunidad que transmita los valores culturales y llamó a cuidar y “fortalecer la familia que surge de la diferencia, reciprocidad y complementariedad del varón y la mujer”, porque “allí comienza la educación para una nueva cultura de la vida”. 

“La Iglesia entiende ofrecer un servicio fundamental a toda la sociedad, especialmente cuando enfrenta, críticamente y sin concesiones, los intentos actuales de la ideología de género de ‘deconstruir’ el significado de la sexualidad humana y el concepto mismo de familia. Se trata de un grave error antropológico que, incorporado acríticamente al mundo educativo, no dejará de tener consecuencias para las futuras generaciones”, consideró el prelado. 

“Frente a este desafío –agregó- la Iglesia moviliza la conciencia de los padres, quienes detentan el derecho originario y primordial a educar a los hijos que han traído a la vida”. 

El obispo de San Francisco invitó a los docentes a reasumir su tarea como magister vitae, maestro de la vida, educando al otro más por lo que se es que por lo que se dice o se hace. 

“Yo puedo decir que he tenido la gracia de encontrar en el camino de mi vida hombres y mujeres que, con la autoridad moral y espiritual de sus propias vidas, me enseñaron a entrar en el misterio de mi propia vocación y misión. Me enseñaron a no quedar satisfecho por dos o tres ideas para domesticar la realidad, sino a interrogarme, una y otra vez, por la verdad de las cosas”, dijo el prelado. 

“Educar, en definitiva, es eso: enseñar a vivir ofreciendo razones verdaderas a la esperanza humana. Ese magisterio no puede ser sustituido por la técnica, ni decretado de un día para otro. Supone una sociedad que cuida, promueve y desarrolla sus valores espirituales y humanos más profundos. Cada generación se enfrenta con esta noble tarea. También nosotros hoy”, concluyó el obispo en su disertación.

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