Impuso el lectorado y el catecumenado a persona de Jamaica, Japón, Corea del Sur, Brasil, Chad, Trinidad y Tobago, Bolivia y Alemania. A quienes alentó a ser "mensajeros y testigos de Dios para un mundo colmado de palabras, pero sedientos de la Palabra".
En el marco del Domingo de la Palabra de Dios, el Papa Francisco predicó en la basília de San Pedro sobre la base del Evangelio de San Marcos y preguntó a los cristianos: "¿He leído entero al menos uno de los cuatro Evangelios?".
En la Eucaristía, presidida por Rino Fisichella, el pontífice impuso el Lectorado y el Catecumenado a nueve personas, procedentes de Jamaica, Japón, Corea del Sur, Brasil, Chad, Trinidad y Tobago, Bolivia o Alemania.
"¿Qué puesto reservo yo a la Palabra de Dios en el lugar donde vivo? Allí habrá libros, periódicos, televisores, teléfonos, pero ¿dónde está la Biblia? En mi cuarto, ¿tengo el Evangelio al alcance de la mano? ¿Lo leo cada día para orientarme en el camino de la vida?", repreguntó el Papa.
"Muchas veces he aconsejado de llevar siempre consigo el Evangelio, en el bolsillo, en el bolso, en el teléfono. Si amo a Cristo más que a nadie, ¿cómo puedo dejarlo en casa y no llevar conmigo su Palabra?", planteó Francisco, al defender el Evangelio como "el libro de la vida, es sencillo y breve y, sin embargo, muchos creyentes nunca han leído uno desde principio hasta el final". Algunos, incluso, aunque lo leen continuamente, no lo profesan.
Frente a ellos, el Papa destacó "la potencia del Espíritu Santo" que despliega la Palabra de Dios. "Es una fuerza que atrae hacia Dios, como les sucedió a los jóvenes pescadores, que quedaron impresionados por las palabras de Jesús", incidió. "Una fuerza que nos mueve hacia los demás", sostuvo.
"No nos deja encerrados en nosotros mismos, sino que dilata el corazón, hace cambiar de ruta, trastoca los hábitos, abre escenarios nuevos y desvela horizontes insospechados", agregó.
"Sí, la Palabra suscita la misión, nos hace mensajeros y testigos de Dios para un mundo colmado de palabras, pero sediento de esa Palabra que frecuentemente ignora. La Iglesia vive de este dinamismo, es llamada por Cristo, atraída por Él, y enviada al mundo para testimoniarlo", glosó el Papa, advirtiendo de "ser “sordos” a la Palabra".
"Es el riesgo que corremos, ya que abrumados por miles de palabras, no damos importancia a la Palabra de Dios, la oímos, pero no la escuchamos; la escuchamos, pero no la custodiamos; la custodiamos, pero no nos dejamos provocar por ella para cambiar; la leemos, pero no la hacemos oración", lamentó Francisco, quien recordó el Evangelio de hoy, en el que los discípulos "dejaron sus redes y lo siguieron".
"Volvamos a las fuentes para ofrecer al mundo el agua viva que no logra encontrar; y, mientras la sociedad y las redes sociales acentúan la violencia de las palabras, aferrémonos a la mansedumbre de la Palabra que salva", concluyó.

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