Cáritas y Pastoral Social llaman a prevenir el desperdicio de alimentos

Cáritas y Pastoral Social llaman a prevenir el desperdicio de alimentos

La organización difundió una declaración con datos duros —16 millones de toneladas de comida perdidas o desperdiciadas por año en Argentina— y propuso pasar de la pregunta "qué hacer con las sobras" a "qué hacer para que sobre menos”.

Cáritas Argentina y el área de Ecología Integral de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPAS) difundieron el 29 de septiembre, Día Internacional de Concientización sobre las Pérdidas y el Desperdicio de Alimentos, una declaración conjunta con el lema "Tuve hambre y ustedes me dieron de comer", en la que llamaron a revisar las prácticas de producción, consumo y descarte de comida en el país.

El documento parte de una cifra que sus autores definen como difícil de dimensionar: en la Argentina se pierden y desperdician cerca de 16 millones de toneladas de alimentos cada año. En contraste, durante 2025 se rescataron poco más de 20,5 millones de kilos, equivalentes, según la estimación de la propia organización, a unos 61,6 millones de platos de comida.

Cáritas y Pastoral Social remarcaron que detrás de esos números hay algo más concreto: una persona, una familia, una mesa. Advirtieron que cuando se desperdicia comida no solo se pierde el alimento en sí, sino también el agua, la tierra, la energía y el trabajo de las personas que intervinieron en su producción.

El documento aclaró que el desperdicio de alimentos no explica por sí solo el hambre, que tiene causas económicas, sociales y estructurales más complejas, pero sostuvo que tampoco es posible permanecer indiferente ante la coexistencia del descarte de comida con las dificultades de acceso a una alimentación adecuada. En ese sentido, definieron la cuestión como social, económica, humana y también espiritual, y la vincularon con enseñanzas del papa León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas sobre revisar las estructuras que organizan la convivencia desde una perspectiva de dignidad y bien común.

La declaración propuso una batería de acciones posibles —prevenir, optimizar, recuperar, aprovechar, compartir, transformar— con responsabilidades diferenciadas según el actor: empresas que revisen sus procesos, mercados que mejoren la recuperación de excedentes, productores que busquen destinos alternativos para lo que no tiene salida comercial, organizaciones comunitarias que transformen alimentos recuperados, universidades que generen conocimiento, y el Estado, que fije políticas públicas. También convocó a los medios de comunicación a mantener viva la conversación sobre el problema.

A nivel personal, el texto invitó a revisar la manera en que cada uno compra, cocina, consume y valora los alimentos, y cerró con una definición que sus autores plantearon como desafío simple de enunciar, aunque no de cumplir: que ningún alimento sea descartado antes de preguntarse qué se puede hacer con él.

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