Las charlas secretas del Papa Francisco con una monja rebelde que ayuda a mujeres trans

Las charlas secretas del Papa Francisco con una monja rebelde que ayuda a mujeres trans

Mónica Astorga visitó una cárcel Bonaerense y contó cómo fue la reacción de Bergoglio cuando supo lo que ella estaba haciendo.

Mónica Astorga es una monja de clausura que rompió con los mandatos sagrados de la iglesia: no solo reconoce como mujeres a las trans sino que además ayuda a las que tienen problemas de adicciones y prostitución.   Esta semana visitó una cárcel de Florencio Varela y reveló sus charlas secretas con el Papa Francisco.  La hermana es monja de clausura de las Carmelitas Descalzas y hace 14 años creó un refugio para mujeres trans en Neuquén donde trabaja con ellas, las ayuda a salir de la prostitución y a "encontrar nuevos horizontes”. En la Unidad Penitenciaria N° 32 de Florencio Varela, en un encuentro en el que participaron casi medio centenar de internas trans y autoridades del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), la religiosa recordó las conversaciones que mantuvo con el sumo pontífice.  Reconciliados: el papa Francisco se reunió con la mujer china a la que le pegó "Me llamó y me dijo: 'Querida hermana seguí adelante con la oración y trabajo de frontera que el Señor te ha puesto adelante.  Deciles de mi parte que no las condeno, que las quiero, y que desde mi corazón las acompaño en el camino de la vida rezando por ellas'. Así que desde entonces estamos haciendo lío, como pidió el Papa". Astorga reveló incluso que Bergoglio le reconoció que la iglesia había abandonado a esta gente: “Te agradezco que acompañes a la gente que nosotros hemos abandonado siempre, que hemos dejado afuera de la Iglesia y te digo que para lo que necesites cuentes conmigo”, le confesó Francisco. La monja también le dijo a las mujeres detenidas que "el centro de la Iglesia es Jesús, y él -por el Papa- no discrimina a nadie". El papa Francisco no es infalible en economía En la prisión Astorga contó como surgió la idea del refugio: "La primera vez que vino a verme el grupo de mujeres trans les pedí que me cuenten sus sueños. Una de ellas, Kathy, me dijo que el suyo era tener una cama limpia para morir". “En ese momento – continuó- me contacté con un sacerdote, le conté el caso y consiguió una casa abandonada, que con el tiempo se convirtió en el refugio de las chicas.  Hoy Kathy lleva adelante un taller de costura y hace 3 años que está yendo a alcohólicos anónimos y se está recuperando”.

Comentá la nota