El matrimonio y sus siete hijos -incluido uno en el vientre materno- fueron proclamados beatos. El enviado papal, Marcello Semeraro, aseguró que este martirio ofrece "la luz más bella sobre la amistad judeo-cristiana, tanto a nivel humano como religioso".
En una iniciativa sin precedentes, la Iglesia beatificó este domingo a una familia polaca de nueve miembros, un matrimonio y sus siete hijos, incluido uno en el vientre materno, que fueron ejecutados por los nazis durante la II Guerra Mundial por acoger a personas judías.
Durante una misa en la ciudad polaca de Markowa, el cardenal Marcello Semeraro, enviado papal, leyó la fórmula en latín de la beatificación de la familia Ulma, firmada el mes pasado por el Papa Francisco.
También se desveló cerca del altar, una pintura contemporánea que representaba a Jozef y Wiktoria Ulma con sus hijos. Es la primera vez que se beatifica a una familia entera.
En la homilía, traducida al polaco por el obispo Grzegorz Chudzio, Semeraro refiere al más pequeño de los nuevos beatos, la criatura que Wiktoria llevaba en su seno "y que vino a la luz en el parto de la carnicería de su madre".
"Sin haber pronunciado nunca una palabra, hoy el pequeño bendito grita al mundo moderno que acoja, ame y proteja la vida, especialmente la de los indefensos y marginados, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Es su voz inocente la que quiere sacudir las conciencias de una sociedad en la que proliferan el aborto, la eutanasia y el desprecio por la vida vista como una carga y no como un don. La familia Ulma nos anima a reaccionar ante esa cultura del descarte, que denuncia el Papa Francisco", expresó el purpurado.
El enviado papal también saludó a los representantes de la comunidad judía presentes en el rito de beatificación, luego leyó una lista con los nombres de los miembros de las dos familias acogidas por los Ulma y que fueron asesinados con ellos: "Esta reunión de familias judías y de una familia católica en el mismo martirio tiene un significado muy profundo" porque ofrece "la luz más bella sobre la amistad judeo-cristiana, tanto a nivel humano como religioso".
Otro elemento de luz surge de la actualidad del mensaje de los Ulma, que con su gesto hacia los más necesitados alude a la urgencia de la acogida. El contexto al que se refiere el cardenal -sin olvidar el increíble compromiso de Polonia para ayudar a los civiles que huyen de la guerra- es la invasión rusa en Ucrania: "La intercesión de los nuevos beatos y su testimonio de caridad evangélica animan a todos los hombres de buena voluntad a convertirse en artífices de paz".
En palabras del prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, hay también una sentida gratitud hacia tantos otros polacos que dieron refugio a judíos durante la Segunda Guerra Mundial, pagando con su vida esta elección consciente. También hay un fuerte deseo de que "en todos nosotros, el testimonio martirial de la familia Ulma suscite el deseo sincero de profesar y vivir la fe con valentía".
El presidente de Polonia, Andrzej Duda; el líder del partido en el gobierno, Jaroslaw Kaczynski, y el primer ministro, Mateusz Morawiecki, asistieron a la celebración en Markowa donde fueron asesinados los Ulma en 1944. Miles de peregrinos llegaron de diferentes lugares de Polonia.
El Papa Francisco declaró el año pasado mártires de la fe a la familia Ulma, fervientes católicos, incluido el bebé del que estaba embarazada Wiktoria Ulma.
Los Ulma fueron asesinados en su casa por tropas de la Alemania nazi y policía local bajo control nazi en la madrugada del 24 de marzo de 1944, junto con los ocho judíos que se ocultaban en la casa, al parecer tras ser traicionados.
Josef Ulma, de 44 años, era un granjero, activista católico y fotógrafo aficionado que documentó la vida local y familiar. Vivía con su esposa de 31 años, Wiktoria, sus hijas Stanislawa, de 7 años; Barbara, de 6, y Maria, de 18 meses, y sus hijos Wladyslaw, de 5 años; Franciszek, de 3 años; y Antoni, de 2.
Con ellos murieron Saul Goldman, de 70 años, junto con sus hijos Baruch, Mechel, Joachim y Mojzesz, así como Golde Grunfeld y su hermana, Lea Didner, con su hija pequeña Reszla, según el Instituto polaco de Memoria Nacional, (IPN, por sus siglas en polaco), que ha documentado de forma concienzuda la historia de los Ulma.
La orden procedió del teniente Eilert Dieken, jefe de la policía militar regional nazi. Tras la guerra sirvió como policía en Alemania. Sólo uno de sus subordinados, Josef Kokott, fue condenado por los asesinatos y murió en prisión en 1980. El supuesto delator fue Wlodzimierz Les, miembro de la policía local controlada por los nazis. La resistencia polaca de guerra le condenó a muerte y le ejecutó en septiembre de 1944, según el IPN.
La Iglesia católica enfrentaba un dilema con la beatificación del bebé no nacido de Wiktoria y declararlo mártir porque, entre otras cosas, no había sido bautizado, lo que es un requisito para la beatificación.
El cardenal Semeraro emitió el 5 de septiembre una aclaración en la que indicaba que el bebé había nacido durante los asesinatos y recibido un “bautismo de sangre” de su madre martirizada.

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