Arzobispo destaca la “providencial coincidencia” del Día de la Mujer con el evangelio de Jesús y la samaritana

Arzobispo destaca la “providencial coincidencia” del Día de la Mujer con el evangelio de Jesús y la samaritana

El Arzobispo Emérito de Santa Cruz (Bolivia), Mons. Sergio Gualberti, destacó la “providencial coincidencia” del Día de la Mujer, que se celebra este 8 de marzo, con el Evangelio de hoy que relata el encuentro de Jesús con la samaritana.

Por Walter Sánchez Silva.

Ante cientos de fieles que asistieron a la Misa dominical en la Catedral de Santa Cruz, el prelado de origen italiano afirmó en su homilía que “es una providencial coincidencia que el evangelio de hoy, Jornada Mundial de la Mujer, nos hable del encuentro de Jesús con una mujer, con la samaritana”.

En ese sentido alentó a seguir “el ejemplo de Jesús que rompió con la mentalidad de su tiempo que discriminaba profundamente a la mujer y que le reservó el trato respetuoso, valoró su dignidad de persona, la reprendió pero con caridad y le ofreció el agua de la vida”.

Mons. Gualberti también animó a comprometerse “para que no haya más violencias, ultrajes, abusos y feminicidios, reconociendo la igual dignidad entre mujeres y varones como hijos e hijas amados de Dios”.

“No podemos discriminar, pero sí debemos cumplir con la verdad”

El arzobispo resaltó que, de acuerdo a las normas de ese tiempo, Jesús no debía haber hablado en público con la samaritana, ya que los de su pueblo eran considerados “herejes” y por eso ella se sorprende.

“El gesto de Jesús adquiere un valor profético inestimable. Él pone fin no solo a la tradicional división entre los judíos y los samaritanos, a los marginados, a la marginación de la mujer y a la exclusión de los pecadores, sino que rompe el círculo perverso de toda clase de exclusiones y marginaciones”, explicó el prelado.

El arzobispo resaltó que Jesús se presentó a la mujer como “el agua viva, agua que aplaca para siempre la sed de amor, la sed de felicidad, la sed de vida. Ante estas palabras, la samaritana ahora toma interés”.

En el diálogo, el Señor le hace ver a la samaritana que conoce su vida de pecado, pero no la aparta, sino que la acoge. “La distinción entre el pecado y el pecador se ha vuelto la práctica de la Iglesia. No podemos confundir el pecado con la persona que lo comete”, dijo.

“Como cristianos no podemos discriminar, pero sí debemos cumplir con la verdad, iluminar y alertar para que no se acuda a las aguas estancadas y ponzoñosas del pecado que causan la muerte, y más bien que nos acerquemos a Cristo, al Señor, que es el agua-vida”, alentó Mons. Gualberti.

Escuchando a Jesús, la samaritana deja el cántaro con el que había ido a buscar agua al pozo, símbolo de su “vida pasada y corre a la ciudad e invita a todos” para que oigan, como ella, al Mesías.

“Tiempo de actuar con misericordia”

El Señor, dijo el arzobispo, “nos lleva a dejar atrás los males y pecados del pasado. Nos introduce en el plan de salvación y nos hace compartir la alegría de haber descubierto la buena noticia de la salvación”.

“Este es el tiempo de actuar con misericordia, con fraternidad y con ánimo de servicio y sin temor a los sacrificios, siguiendo el ejemplo del Señor”, subrayó el arzobispo.

“El encuentro con Jesús —aseguró el prelado— nos anima, como a la samaritana, a no tener miedo, a beber el agua viva que nos transforma a nosotros también en agua de vida para los demás y a renovar nuestra fe en Dios, fortalecidos por su presencia en nuestra historia y en la historia del mundo”.

Para concluir, Mons. Gualberti alentó a pedir “al Señor para que dejemos las aguas ponzoñosas del pecado y del mal para beber el agua viva y así no tener más sed”.

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