Alberto busca la "sonrisa" del Papa para la foto y aclarar temas ríspidos para la Iglesia

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El Presidente de la Nación se encontrará cara a cara con el Papa Francisco y buscará un guiño que sirva de respaldo a su gestión y zanjar diferencias

En lo que ya se ha convertido en un clásico para los dirigentes políticos argentinos, como una especie de "ritual" ineludible, este viernes el Presidente Alberto Fernández buscará en el Vaticano la preciada foto con el Santo Padre nacido en Buenos Aires.

Pero está claro que más allá del valor simbólico que representa retratarse con el representante máximo de la iglesia, tanto para el Gobierno como para el Vaticano la reunión tiene un significado primordialmente político.

"Me parece que es más una foto para la política interna que para la externa", acota la investigadora y docente en política internacional Constanza Mazzina.

Al respecto, Alejandro Corbacho, director del observatorio de política exterior de la UCEMA, considera que la visita al Vaticano "se ha convertido en una cábala de los gobiernos a partir que el Papa es argentino. Los líderes y dirigentes peronistas, de cualquier color o extracción, viajan allí como una forma de buscar una bendición, buena suerte, y una fotografía con el Santo Padre con una amplia sonrisa", dice irónicamente.

Lo cierto es que el Papa Francisco nunca ha disimulado sus simpatías y antipatías en el plano político, y precisamente por eso en el entorno de Fernández se fijaron el objetivo de mostrar una buena sintonía.

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O, como mínimo, una mejora respecto de la muy fría y tensa relación que el pontífice tuvo con la gestión anterior.

Es claro que esa sintonía política no se expresará de manera explícita con discursos. No es lo que se espera de una reunión en el Vaticano. Pero no escapa a nadie que el Papa transmite su sintonía o su malestar con una serie de pequeños gestos, que se traducen de una manera elocuente. Por caso, cuando Mauricio Macri visitó a Francisco, recibió un trato distante, en un encuentro que llamó la atención por lo breve.

Fernández cuenta a su favor con el antecedente de haber tenido algunas reuniones anteriores, cuando todavía no era candidato presidencial, donde habría recibido un trato afectuoso, como muchos otros dirigentes del peronismo. 

Incluso se menciona que después de uno de sus últimos encuentros, en agosto de 2018, la relación entre ambos se habría fortalecido y continuado a través de correos electrónicos y personas afines. Él mismo reconoció hace poco tiempo que "Francisco me reconcilió con la Iglesia" y, de hecho, apenas tres días después de haber asumido como Presidente, el pasado 13 de diciembre, su pareja, Fabiola Yáñez, viajó al Vaticano a visitar al Papa.

Por eso, más allá de verse cara a cara, tomarse la esperada foto y obtener gestos "amistosos" que sean leídos como una señal de apoyo a la gestión del Presidente, será además una oportunidad para ambos de aclarar personalmente cuestiones políticas sensibles que generaron algunos ruidos en el seno de la Iglesia, para mantener la relación cordial.

En especial, se pondrá sobre la mesa la postura ríspida a favor de la despenalización del aborto por parte de algunos integrantes de peso del Frente de Todos, y otro tema que no quedará sin tratar será la reciente designación "fallida" del embajador argentino en el Vaticano, Luis Bellando, al que le fue rechazado su plácet en primera instancia por estar divorciado.

Sin duda, según el analista internacional Luis Palma Cané, Alberto Fernández tendrá que explicarle al Papa "su controvertida posición respecto al aborto, un tema que no es negociable para la Iglesia católica".

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El primer objetivo del Presidente es mostrar gestos de apoyo, sobre todo cuando su gestión puso el foco en atender problemas urgentes de la agenda social pero empieza a generar críticas por el costo que ello implica a los asalariados.

Y, para ello, resulta imprescindible que la reunión parezca una contracara de aquél frío encuentro que tuvo Francisco con Mauricio Macri en febrero de 2016. En aquella ocasión el malestar se tradujo en una charla que duró apenas 22 minutos, mientras que, por ejemplo, a otros referentes como al uruguayo "Pepe" Mujica le había decicado una hora de su tiempo, en un ambiente agradable de abrazos y sonrisas.

"El Papa es muy consciente del rol político que juega: esa cara seria que puso con Macri no fue casualidad", observa Juan Negri, profesor del Departamento de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella.

Los gestos de Francisco hacia la gestión anterior parecían justificarse en la explícita condena del Santo Padre hacia la "teoría del derrame" (la idea que generar más dinero para los ricos haría distribuir mayores recursos para las clases de "abajo"), un concepto criticado en la encíclica "Laudato si" de 2013.

Y el desencuentro fue la tónica de la relación durante toda la gestión macrista. No sólo, claro está, por la reticencia del pontífice a visitar su país natal, sino por otros gestos que fueron leídos en clave política, como las cartas y rosarios de regalo para figuras como Milagro Sala, condenada por corrupción durante el macrismo, y al recibir en la Santa Sede a otros dirigentes polémicos identificados con el kirchnerismo, como Hebe de Bonafini.

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A ello se le sumó el envío de rosarios a otros políticos detenidos por casos de corrupción, y una de las últimas "cachetadas" al ex gobierno de Cambiemos fue la devolución de los más de $16,6 millones que le había intentado donar a la fundación creada por el Pontifice, Scholas Ocurrentes. Este último hecho fue una muestra clara de la tensión con la Iglesia, dado que la citada red de escuelas actúa en muchos países que poseen problemas económicos, y en todos los casos recibió aportes gubernamentales sin que ello genere un conflicto político.

El último hecho claro en esta tensión con el macrismo ocurrió en plena campaña presidencial del año pasado, cuando la Pastoral Social formó parte de un colectivo que redactó un duro comunicado sobre el deterioro de la situación social. Y a ello se le sumó una movilización sindical de la mano de Hugo Moyano a la basílica de Luján, donde bajo el lema "Pan, Paz y Trabajo", se emitió un mensaje crítico hacia el gobierno de Macri.

En la misma, el único encargado de brindar un discurso fue el arzobispo Agustín Radrizzani, que tuvo un tono decididamente crítico del modelo económico del macrismo, al dejar frases como: "Nuestro pueblo debe ser artífice de su propio destino y no quiere tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil". Una alusión directa al acuerdo firmado entre el anterior gobierno y el Fondo Monetario Internacional. 

Gestos y nueva agenda

Ahora, tras el cambio de gobierno, los analistas consultados por iProfesional apuntan que a pesar de los temas que deben pulir ambas partes, se considera que la visita de Alberto Fernández al Vaticano deparará gestos más amigables de parte del Papa.

"A diferencia de lo que había sido la visita de Macri, seguramente Alberto traerá fotos rebosantes de sonrisas, lo que será más para la política interna", indica Mazzina.

Para agregar que este encuentro será "más una señal, no nos olvidemos que el vocero no oficial del Papa en Argentina, que es Juan Grabois, fue un firme opositor a la gestión de Macri y creo que, en gran medida, jugó un gran papel para la elección que ganó Fernández-Fernández", sentencia.

Habrá, al menos, dos temas importantes en la agenda: el intento de despenalizar el aborto en Argentina y la designación del embajador argentino en el Vaticano, entre otros aspectos.

Por un lado, se buscará definir el embajador argentino en la Santa Sede, puesto que todavía está vacante porque al designado por esta gestión, Luis Bellando, le fue rechazado su plácet en primera instancia por estar divorciado.

"Esto generó un ruido entre el Vaticano y Alberto Fernández, y ahora cuando se reúna con el Papá decidirán entre ambos quién será el embajador allá", considera Mazzina.

En ello se considera que será una pieza clave la del secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, muy vinculado a la iglesia y con buena relación con Francisco.

El tema más áspero a ser abordado se calcula que será la posición del Presidente sobre el aborto.

"Alberto quiere tener buena onda con el Papa porque, además, hay sectores de su propia coalición, más vinculados con la izquierda, que pregonan la despenalización del aborto, y que van a traer ruido con la iglesia. En ese sentido, al igual que con otros líderes mundiales, Alberto quiere tener un vinculo maduro y hará un poco de equilibrio entre todas las posturas", define Negri.

Este tema también es resumido por Cobacho, que considera que será más "un problema de votos, no de convicción", debido a que en su momento Cristina Fernández de Kirchner no había apoyado ninguna reforma a favor del aborto, pero "ahora sostiene todo lo contrario".

Igualmente, Corbacho ve aspectos que vinculan a los gobiernos de Argentina y el Vaticano: "Claramente la Santa Sede tiene una postura antiliberal, anticapitalista. El Papa es polémico porque viajó, por ejemplo, a Cuba y no recibió a los opositores; y en Venezuela apoyó una tibia mediación que termina favoreciendo a los opresores".

En síntesis, Alberto intentará que la reunión con Francisco sea el punto de partida para un cambio de relación. Para ello, tiene algunos factores que juegan a su favor, como el rol dado a la Iglesia en iniciativas como la Mesa nacional contra el hambre. Todo un reconocimiento a la participación activa de la iglesia católica en la política interna argentina, a través de los movimientos sociales y el trabajo en las villas. Por lo tanto, la visita del Vaticano cumple un rito, afianzar lazos, al mismo tiempo que pretende buscar una paz social y un guiño político.

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