“La vida es permanente arriesgarse”

“La vida es permanente arriesgarse”

Como catequista y profesora de matemática, Inés Casalá busca penetrar en los misterios de la vida desde diferentes enfoques. Durante 20 años fue directora y redactora del Periódico Diálogo y actualmente, columnista. Sus producciones pedagógicas registran más de 70 libros y subsidios para varios sellos editoriales a nivel nacional e internacional. En esta charla con Caminos Religiosos, nos cuenta sobre su último libro ¿Y si dejo la manada?

1-      En ¿Y si dejo la manada? reflexionás sobre varias cuestiones. Una de ellas es la capacidad de otear. ¿En qué sentido te parece importante saber observar?

Observar es el camino para encontrarse con uno mismo y luego salir hacia los demás. Observar, no para copiar, no para juzgar… Observar para rescatar lo bueno de uno mismo y de los demás. Observar para entrar en diálogo…

2-      Además de la pausa en la mirada, en ¿Y si dejo la manada? propones otra condición: el sigilio, el silencio. ¿Por qué?

Es imposible observar sin cambiar la realidad que nos rodea. Siempre modificamos algo. Aldo, el protagonista del libro, intenta pasar inadvertido, cosa que logra pocas veces. Pero, para observar, tenemos que silenciar lo que pasa por nuestra mente, los prejuicios, los preconceptos… Así, la observación será más rica, el otro podrá sorprendernos. Otear es una forma de observar desde lejos, suavemente, diría, respetando lo contemplado.

3-      Aldo Boserver, el protagonista de tu libro, decide arriesgarse en el primer capítulo. ¿Es necesario el riesgo en nuestro día a día?

Creo que la vida es permanente arriesgarse. Esto no significa ser inconsciente o entremezclarse en situaciones peligrosas. Creo profundamente que cuando nacemos tenemos una gran certeza que es que vamos a morir. No sabemos cuándo, ni cómo, cosas que nos preocupan. Pero, las otras certezas, las construimos o las descubrimos. ¿Qué otras grandes certezas tenemos? El amar a otro necesita de una capacidad de arriesgarse. Lo mismo cuando empezamos un trabajo, ¿estamos seguros de que lo podremos realizar o que el ambiente será bueno o que cumplirán las promesas que nos hicieron? Hasta para cocinar, necesitamos ser arriesgados, ¿saldrá la comida tal cual la receta que nos dieron?

4-      ¿Con qué se complementaría este permanente arriesgarse del que nos hablás?

Tomo a Aldo, protagonista del libro. Él era una persona sola, Aldo observó la soledad, pero no pudo salir de ella. Creo que el arriesgarse va acompañado de otros, de sentirnos parte de un todo, que nuestras acciones tienen un objetivo más allá de nuestra propia necesidad o de nuestros propios gustos. Necesitamos tener un fin, una motivación, que no sea arriesgarse porque sí. Eso lleva a la destrucción de la persona.

5-      Otro punto clave en tu libro es la intimidad. Se suele hablar de sociedad del espectáculo. ¿Qué crees que sucede hoy con nuestra intimidad?

Creo que hoy más que nunca, la intimidad está escondida. No confundamos intimidad con mostrar el cuerpo, ni con escribir en alguna red si estamos comiendo milanesas o yendo al baño o contar por la tele por qué nos hemos separado de nuestra pareja con lujo de detalles. Creo que todo eso oculta lo que realmente pasa por dentro de las personas que necesitan mostrarse para sentir que existen. Para muchos, salir en la tele o en otro medio, es reafirmar su existencia, pero no es lo mismo que intimidad. ¿Qué sucede en el interior del que necesita exponerse? Eso no lo sabemos. A veces pienso que a la sociedad de hoy no le interesa realmente qué le sucede al otro. El espectáculo es algo armado para que un espectador disfrute, pero nunca sabemos qué le sucede al artista, éste está oculto detrás de un personaje. Sí, creo que se podría decir que estamos en una sociedad del espectáculo.

6-      Aldo pasa por muchas experiencias. Una es la frustración. Mucho se habla de la cultura del éxito.¿Qué crees que pasa, Inés, con la frustración hoy? ¿Sabemos convivir con ella?

Percibo que estamos en medio de una sociedad que sólo valora el primer puesto. Por eso, nunca recordamos quién salió segundo en un campeonato mundial de fútbol o no lo valoramos. Sin embargo, ser el segundo mejor equipo del mundo es algo maravilloso. En vez de ver esto, vemos que no somos el primero. Es decir que el éxito parecería ser lograr el primer puesto en algo. Siempre me llamaron la atención lo Guinness. La gente hace cualquier cosa por salir en el libro. Recuerdo una foto del hombre con las uñas más largas del mundo. Esa mano, sólo le servía para batir un record, no podía comer, ni escribir y, menos aún, acariciar. En un mundo así, no lograr el éxito lleva a la frustración. Aldo descubre a través de una mujer que huele a jazmín, que tan importante como lograr lo que deseaba, era el camino recorrido para satisfacer su deseo. A María no le importaba no haber logrado lo que deseaba, porque valoraba cada paso dado. Una frustración le abrió otro sin fin de posibilidades, aunque en un primer momento se enojó, ella disfrutaba cada momento vivido. Cuando aprendemos a convivir con la frustración, nos damos cuenta que es una posibilidad, un nuevo desafío, otra posibilidad de arriesgarse. 

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