Venezuela: Obispos piden apoyo internacional orientado a facilitar “elecciones libres y confiables”

Venezuela: Obispos piden apoyo internacional orientado a facilitar “elecciones libres y confiables”

Los obispos venezolanos reconocen los esfuerzos realizados desde diversas instancias internacionales para atender la situación de Venezuela y proponen que este apoyo se oriente “a exigir al actual gobierno venezolano la realización de elecciones libres y confiables, además de una ayuda solidaria y humanitaria para solventar la situación de emergencia de la mayoría de los venezolanos”.

El pasado 10 de enero, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) realizó la lectura de una “carta fraterna” dirigida a los hermanos venezolanos en la nación y en la diáspora, a todos los pueblos e Iglesias hermanas de América y del mundo, que constituye el mensaje de los obispos venezolanos en la conclusión de su 113 Asamblea Plenaria.

En nombre de los arzobispos y obispos de Venezuela, Mons. Luis Enrique Rojas, obispo auxiliar de Mérida, Mons. Cástor Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo y Mons. Jesús Alfonso Guerrero, obispo de Barinas, dieron a conocer las reflexiones sobre la situación actual del país, informa la propia CEV.

Emergencia humanitaria

Al principio de la misiva, “en comunión con el Santo Padre Francisco”, que en diversas ocasiones ha repetido que “en la voz de los obispos venezolanos está la voz del Papa”, los miembros del episcopado denuncian “la situación de crisis que golpea a nuestra nación y que, lejos de superarse, se agrava”.

Y explican que “se trata de una crisis social, económica y política que se ha convertido en una ‘emergencia humanitaria’” moralmente inaceptable, caracterizada por el menosprecio a la dignidad humana”, pues “viola el derecho fundamental a la vida, a la educación, a la salud, a la integridad y al desarrollo”.

El pueblo, protagonista

En primer lugar, los prelados se dirigen a los “hermanos venezolanos” que viven en el país, manifestando su deseo “consolar a los afligidos, proteger a los débiles y apoyar la edificación de una sociedad justa, libre y fraterna” y apuntando que pueden contar con la Iglesia “que continuará apoyando a todos, particularmente a quienes están pasando hambre, desolación, desatención médica, cárcel por motivos políticos, persecución y maltrato de su dignidad”.

Para ellos, el pueblo “es el auténtico sujeto y protagonista del cambio requerido en Venezuela, así como del desarrollo para enrumbar el país hacia mejores condiciones de vida” algo que lleva a “la unión de esfuerzos, capaz de romper los intereses particulares de personas y grupos, y el surgimiento de un nuevo liderazgo político y social para guiar y acompañar a todos hacia un futuro de dignificación, en la justicia y en la libertad”.

“Cambio de rumbo”

La carta del episcopado alude a los recientes acontecimientos “de atropello a la Asamblea Nacional”: el domingo 5 de enero, día en el que las elecciones tuvieron que realizarse en una sede de emergencia y el martes 7, cuando se impidió la instalación de la Asamblea legítimamente elegida.

En esta línea, remiten a su exhortación del 12 de julio de 2019 en la que exponían que “ante la realidad de un gobierno ilegítimo y fallido, Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo, una vuelta a la Constitución”. Se trata, efectivamente, de un cambio que “exige la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo presidente de la República”.

Fuerza Armada y políticos

Después, los obispos venezolanos demandan a los miembros de la Fuerza Armada a “guiarse por la sana conciencia de su deber, sin servir a parcialidades políticas, respetando la dignidad y los derechos de toda la población, como juraron ante Dios y la Patria”.

A los políticos, del gobierno y de la oposición, les exhortan “a prestar atención a los clamores de la gente, fijarse en sus necesidades y no en los acomodos que aseguran sus privilegios e intereses particulares”.

Emigrantes y pueblos de América

En cuanto a los venezolanos migrantes, recordando que Venezuela fue un país receptor “con sentido fraterno”, la carta los anima a “a que se incorporen y se integren a estas nuevas culturas”, a expresar “su testimonio de fe y caridad brindando su participación en las obras de la sociedad y de la Iglesia” y a no olvidar “a los suyos”.

Los pastores transmiten su gratitud por la acogida ofrecida por los países que acogen a los emigrados por haberles permitido “sentir la solidaridad y la real posibilidad de un trabajo y una condición que les permita vivir y contribuir con su familia que quedó en Venezuela” y lamentan “las actuaciones negativas de algunos venezolanos, así como su rechazo en diversos pueblos hermanos”.

Falsedad y cinismo

Además, ruegan a las naciones que los reciben que les presten “cuidados y atenciones que les permitan vivir con dignidad, aportando lo que pueden y son capaces de hacer” y denuncian la “falsedad y cinismo” de las declaraciones de “normalidad” que las autoridades y medios de comunicación difunden.

“Es inaceptable que un país con inmensas riquezas haya sido empobrecido por la imposición de un sistema ideológico que, lejos de promover el auténtico bienestar, ha vuelto la espalda a sus ciudadanos, por lo que hoy sufrimos el aumento de la desnutrición infantil, la destrucción del aparato productivo y el crecimiento de una especulación agobiante y la corrupción intolerable”, describen los prelados.

Gobierno e Iglesias del mundo

Con respecto al Gobierno, apuntan que “vivimos en un régimen totalitario e inhumano en el que se persigue la disidencia política con tortura, represión violenta y asesinatos” y a ello se unen “grupos irregulares bajo la mirada complaciente de las autoridades civiles y militares, la explotación irracional de recursos mineros que destruye amplias extensiones del territorio venezolano, el narcotráfico y la trata de personas”.

La gratitud de los prelados se extiende, además a las Iglesias del mundo que acogen, acompañan y atienden a los migrantes, mostrándose “conscientes de la complejidad de recibir a tan gran número de personas y estamos seguros de que la herencia de una fe vivida y enriquecida por el trabajo en las parroquias, instituciones eclesiales y movimientos de apostolado de muchos de ellos, contribuirá al bienestar de sus comunidades cristianas”.

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