Sturla, el cardenal del diálogo en un Uruguay cada vez más laico

Sturla, el cardenal del diálogo en un Uruguay cada vez más laico

El “joven” purpurado considera la familia como uno de los temas principales de su acción pastoral. Cree en el encuentro con todos los niveles de la sociedad; los jóvenes y los pobres son el alma del anuncio evangélico

Con sus 55 años, es uno de los cardenales más jóvenes del sacro colegio. Fue nombrado arzobispo de Montevideo el 11 de febrero de 2014 y apenas un año después fue incluido por Papa Francisco en el elenco de los nuevos cardenales. Así, Daniel Fernando Sturla Berhouet participará en el Consistorio del próximo 14 de febrero, pero dos días antes participará en un Consistorio con todos los cardenales, durante el que se discutirá la propuesta de la reforma de la Curia romana.

La prensa de su país lo ha definido como «un obispo estilo Francisco». Por lo demás, Sturla nunca ha ocultado su sintonía con el magisterio del Papa argentino; también ha subrayado la necesidad de volver a poner en comunicación con la sociedad a la Iglesia, la cercanía a los sacerdotes, los temas sociales, el método del diálogo con todos incluso cuando las posturas son distantes. Y, efectivamente, Uruguay, con sus 3 millones 240 mil habitantes, es un país en el que el laicismo es muy fuerte, sobre todo a partir de que se reforzó con las victorias electorales de la coalición de izquierda Frente Amplio.  

Tabarez Vázquez, que en diciembre del año pasado ganó la elección presidencial (después de haber sido presidente de 2004 a 2010) es expresión de esta área política, y sucedió a Pepe Mújica, el presidente ex-guerrillero, que con su estilo pobre y a veces excéntrico, revolucionó el lenguaje político y privilegió la atención por los estratos más pobres de la sociedad. Pero Uruguay también ha aprobado en los últimos años leyes que representan un problema para la Iglesia: la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo, del aborto y, parcialmente, de la marihuana. Además, durante el mismo periodo, el país vivió un repunte económico y los temas sociales relacionados con el desempleo y la pobreza fueron afrontados, en parte, positivamente. 

Es un contexto muy complejo, pues, en el que se debe mover el futuro cardenal Sturla, que fue ordenado sacerdote en 1987, con un pasado de profesor en el instituto Juan XXIII (en donde enseñaba Historia de la Iglesia). Su vida no fue fácil, sobre todo al comienzo: es el más pequeño de cinco hermanos y perdió a sus padres cuando tenía entre 13 y 16 años. Como arzobispo de Montevideo, Sturla actuó de manera dinámica tratando de revitalizar a la Iglesia uruguaya sin renunciar a afirmar las posturas del magisterio, pero dialogando con las instituciones del país. Y uno de los principales argumentos que ha enfrentado es justamente el de la familia.

Hace algunos días, miles de fieles participaron en el cuarto encuentro público del rosario para la familia. El neo-purpurado observó que su objetivo era enviar «un mensaje a los fieles para reforzar el modelo de familia cristiana y tener una actitud de paciencia hacia otros tipos de unión». «Se trata –añadió– de proponer claramente nuestro modelo cristiano y dar testimonio de la familia tal y como la quiere Dios: papá, mamá e hijos». Por otra parte, subrayó, «asistimos a una crisis de la familia por la gran cantidad de separaciones o de situaciones de hecho. Por ello es necesario un anuncio alegre de la familia concebida según el plan de Dios».

Tras ser nombrado arzobispo de Montevideo, Sturla observó: «el gran reto para la Iglesia es la comunicación. Estoy convencido de que la fe cristiana es un tesoro capaz de dar sentido a la vida. Y entonces, estar convencidos de esto y ver a tanta gente que se aleja de la Iglesia, es un dolor enorme. Y creo que se debe al hecho de que tenemos un problema de comunicación. No somos capaces de comunicar la fe con la fuerza necesaria para entusiasmar a la gente». Sturla indicó en esa ocasión que lo único que se conocía de la Iglesia eran sus prohibiciones morales, y no el “sí” del amor de Dios hacia todas las personas. Y precisamente, la atención por los excluidos, por los jóvenes, la idea de una Iglesia misionera son las prioridades de su acción pastoral. También la reorganización administrativa de la diócesis, el contacto frecuente con los fieles y la cercanía a los sacerdotes forman parte de los objetivos de gobierno pastoral del cardenal Sturla.

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