Shevchuk: «En Ucraina se vive la mayor catástrofe después de la guerra»

Shevchuk: «En Ucraina se vive la mayor catástrofe después de la guerra»

Entrevista con el arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica: por lo menos hay 2 millones de desplazados, miles de víctimas y heridos. El Papa podría intervenir.

El Papa podría llevar a cabo «una acción concreta» con respecto al conflicto que está viviendo Ucrania; una iniciativa internacional para hacer callar las armas. Es lo que dijo Su Beatitud Svjatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica de Ucrania.

Los obispos greco-católicos y de rito latino del país de la Europa del este visitaron la semana pasada el Vaticano, en el marco de su visita “ad limina”. Monseñor Shevchuk también se reunió con la prensa y respondió a las preguntas de los periodistas. Entre otras cosas subrayó la situación humanitaria que se vive en el país debido a la guerra; insistió en que en Ucrania «no está en curso un conflicto local, sino una agresión del extranjero»; explicó que refirió al Papa que la expresión que había utilizado para referirse al conflicto («guerra fratricida») había «herido la sensibilidad de los ucranianos», pues parecía en sintonía con lo que afirmaban los rusos, es decir que se trataba de un conflicto interno.

El arzobispo Shevchuk también explicó qué había dicho el Papa a los obispos ucranianos: «Estoy a su lado y a su servicio», e indicó que el Papa ha tenido un papel importante en relación con la crisis en Ucrania, como se pudo constatar en el reciente encuentro con la Cancillera alemana Angela Merkel. El arzobispo greco-católico dijo que había pedido al Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos ayuda a favor de la paz, y elogió la iniciativa del Consejo mundial de las Iglesias. Y dedicó palabras duras a la propaganda rusa y al primer ministro Vladimir Putin: «Hay que romper las cadenas de la mentira». En Rusia, añadió, «no están diciendo que miles de soldados han perdido la vida en Ucrania». 

Mons. Sviatchuk, ¿qué está pasando en Ucrania? 

En Ucrania hay una guerra; se trata de una invasión extranjera, una guerra impuesta desde fuera. No se trata de un conflicto civil, de una discordia entre ciudadanos ucranianos; lo que está pasando es que tenemos una guerra no declarada. En cada una de nuestras diócesis y eparquías hay miles de refugiados; 6 mil personas han perdido la vida en los enfrentamientos; hay más de 12 mil heridos, muchísimos de ellos sufren de lo que los especialistas llaman desorden post-traumático. 

¿Qué le pidieron al Papa durante la “visita ad limina”? 

Le pedimos que fuera a Ucrania; sabemos que esto es demasiado, pero sería verdaderamente un gesto profético. El Santo Padre nos escuchó con mucha atención; pidió inmediatamente que los obispos de Donetsk y Crimea hablaran sobre la situación que viven. Los obispos se sintieron acogidos por el Papa, animados y confirmados en relación con el hecho de que hemos tomado la decisión correcta: estar al lado de nuestro pueblo, escuchar atentamente la voz de nuestro pueblo.

El Papa habló sobre el respeto de la legalidad internacional, pero también pidió a los obispos que no hicieran política y denunció a los que se enriquecen con la crisis. ¿Qué le parecen estas indicaciones? 

La Santa Sede defiende la soberanía y la integridad de Ucrania, el derecho internacional; si un país se anexa Crimea, está violando el derecho internacional. No se puede hablar de un conflicto interno. Por lo demás, no venimos a representar partidos políticos; somos voz de la sociedad civil. No estamos diciendo al presidente qué debe hacer. Además, pedimos justicia social, el pueblo ucraniano exige reformas, como la de la justicia porque tenemos jueces injustos. Todavía se habla de oligarcas, y explotó contra ellos la revolución de la dignidad; este sistema oligárquico llevó a Ucrania al desastre.

En Ucrania hay una guerra, pero ¿cuáles son las consecuencias a nivel humanitario? 

La guerra siempre provoca destrucción y miseria. La economía ucraniana está cayendo verdaderamente: está en crisis. La ONU declaró oficialmente que en Ucrania tenemos un millón de desplazados, pero los organismos eclesiales nos dicen que en realidad son el doble. Además, casi 600 mil personas se han visto obligadas a huir a otros países. En esta situación, el gobierno ucraniano no logra ocuparse de las cosas; yo he definido la situación como una catástrofe humanitaria nunca antes vista desde la Segunda Guerra Mundial en Europa del este. Por este motivo pedí al Santo Padre y a los diferentes organismos de la Curia romana que lanzaran un llamado a una acción de ayuda humanitaria a nivel internacional. Cada día, en nuestros centros de la Cáritas Ucrania, hemos acogido a 40 mil personas. Para salvar verdaderamente vidas humanas son necesarias la ayuda y la solidaridad internacional.

Como Iglesias, como cristianos, ¿qué están haciendo concretamente?

Incluso en estas condiciones tan duras de guerra debemos ser cristianos; un cristiano es aquel que se encomienda a Dios, porque la esperanza no viene de los políticos, sino del Señor. Pero, al mismo tiempo, debemos transformar nuestra fe en acción. Yo le conté al Papa que ahora en Ucrania tenemos un tesoro inmenso que debe ser defendido: la paz religiosa. En estas condiciones dramáticas entre las diferentes confesiones (ortodoxas, católicas y protestantes), en Ucrania tenemos una solidaridad, un ecumenismo práctico, porque todos estamos haciendo lo mismo: estamos salvando vidas humanas. Nadie le pregunta a los necesitados: “¿Ustedes son católicos, ortodoxos o musulmanes?”. No, no estamos haciendo esto; estamos unidos para servir.

¿Cómo asumen el llamado del Papa a una paz posible?

Como un gran desafío, pero también con confianza. Porque lo que estamos haciendo es trabajar verdaderamente por la paz, para detener la guerra. Seguramente debemos usar todos los medios para detener la guerra. Esperamos que a nivel internacional se pueda llegar a un acuerdo diplomático; creemos que el acuerdo de Minsk no tuvo éxito, porque no hubo un cese al fuego. Esperemos que este llamado del Santo Padre sea escuchado por todos, no solo por las víctimas en Ucrania, sino también por los potentes del mundo.

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