La convivencia entre religiones dentro de un mismo país siempre es un reto, aunque hay lugares donde esta tarea es una de sus señas de identidad. Senegal es un país con un 94% de musulmanes y un 5% de católicos, donde sus creyentes comparten festividades, ceremonias o cementerios.
La estampa en muchas localidades es la de mezquitas que se intercalan con algunas iglesias y la de la llamada al rezo musulmán sonando al unísono con el repique de las campanas. Para el país, es una realidad con arraigo histórico. “Es un legado, una herencia que recibimos de nuestros antepasados, de nuestros padres, y que nos ha llevado hoy en día a esta coexistencia religiosa en Senegal”, remarca el sacerdote de la isla de Gorée y encargado del diálogo interreligioso de la Archidiócesis de Dakar, Alphonse Birame Ndour.
Kine, de religión musulmana, es una vecina de Dakar, que dos veces al año celebra con sus amigos cristianos sus festividades católicas. “El 15 de agosto, para el día de la Asunción de la Virgen, unos amigos cristianos nos invitan a mí y a mi familia a su casa en Joal. Allí comemos, bebemos y mientras ellos se van a la misa, nosotros los ayudamos. También celebro el lunes de Pascua con otros amigos que viven en Dakar, que me invitan a su casa a comer”, confiesa. Los católicos acuden al Magal de Touba, una peregrinación musulmana, y se unen a la fiesta del cordero. “Senegal es así: celebramos juntos. Los musulmanes vamos a sus fiestas y ellos vienen a las nuestras”, recalca Kine.
Uno de los ejemplos de estas buenas relaciones entre católicos y musulmanes lo representan ciertas figuras, como el Khalifa de Bambilor, Thierno Amadou Ba, una autoridad musulmana de las afueras de Dakar que lleva años de intercambio y de trabajo para fomentar el diálogo interreligioso. El año pasado, tras la proclamación del Papa León XIV, viajó al Vaticano para reunirse con la máxima autoridad de la Iglesia católica, recibe con regularidad en su comuna a los representantes de la Archidiócesis de Dakar y, además, es reconocido porque su padre luchó por la construcción de un cementerio para católicos en el municipio. “En Senegal no tenemos tensiones que vayan al extremo. Aquí cada uno vive la religión a su manera, con una mentalidad abierta”. Amadou Ba recalca al mismo tiempo, como ejemplo de cohabitación, la existencia de varios cementerios mixtos, donde tumbas de musulmanes y cristianos comparten espacio.
Para el profesor de Historia Moderna de la Universidad de Zinguinchor Ambroise Djéré Mendy los cementerios mixtos son excelentes lugares de observación de estas relaciones sociales. Pone como ejemplo, los camposantos de Joal Fadiouth y de Santhiaba, en Ziguinchor: “Demuestran la profundidad de los lazos entre musulmanes, cristianos y seguidores de la religión tradicional local que, en algunas localidades, descansan en un mismo perímetro físico y social como para mantener una sociabilidad post-mortem”, detalla. Además, agrega que los fieles de las diferentes religiones colaboran puntualmente en el mantenimiento de los cementerios separados y destaca el caso del líder musulmán mouride Serigne Modou Kara Mbacké, cuyos seguidores participan en la limpieza de las malas hierbas de los cementerios católicos en las vísperas del Día de Todos los Santos.
Senegal ha sido forjado por ese espíritu de apertura, de comprensión del otro y de aceptación del otro. Es por eso que ha sido una gran facilidad para Senegal aceptar ser gobernado por un católico, mientras que el 95% de la población era musulmana
“Los senegaleses tienen una inteligencia social. Cada vez que hay una fiesta en Senegal, ves que hay una práctica social creada para fortalecer esta coexistencia”, revela el investigador de la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar y director del Congreso de Diplomacia religiosa de la misma universidad, Demba Thilel Diallo. Esta realidad se explica por el pasado. El primer presidente de Senegal tras la descolonización francesa, en 1960, fue Léopold Sédar Senghor, un católico que gobernó el país durante veinte años. En una sociedad con una fuerte presencia religiosa y múltiples confederaciones musulmanas, la elección de un líder “neutro”, fue para Thilel un golpe maestro. Para esta aceptación, el profesor apunta a la cooperación entre los diferentes grupos culturales del país. “Senegal ha sido forjado por ese espíritu de apertura, de comprensión del otro y de aceptación del otro. Es por eso que ha sido una gran facilidad para Senegal aceptar ser gobernado por un católico, mientras que el 95% de la población era musulmana”.
El sacerdote Birame Ndour reconoce que la religión católica es respetada en el país: “Ser minoría no significa que una religión no deba ser respetada”, sentencia. El sacerdote de Goree recurre al elemento principal de ambos credos para llamar a la coexistencia: “Todos esos países que persiguen a creyentes, les quiero decir que Dios es amor. Allah es el Dios del amor. Nosotros seremos juzgados por el amor que hemos dado y por buscar cambiar el mundo gracias al amor”. Para Amadou Ba es clave el tipo de islam practicado en el país, el que sigue la corriente sufí, la cual hace hincapié en la moral, el perdón y la tolerancia “Yo el consejo que doy es que hay que abrir el espíritu. Que vivir fraternalmente no significa romper tu fe”, concluye.
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