La confesión de Philip Yancey tiene paralelismos con el Salmo 51 de David. El arrepentimiento genuino no busca recuperar privilegios, sino recuperar la paz.
Por: Wolfgang Streich.
Dios, generoso en amor, ¡necesito tu gracia! Dios, inmenso en misericordia, borra mi sucio pasado. Lava mi culpa y purifícame de mis pecados. Sé que fui muy malo; mis pecados siempre me acechan.
Pero fuiste tú a quien ofendí, y tú lo viste todo: conoces la magnitud de mi maldad. Tienes todos los hechos ante ti: lo que decidas sobre mí será justo. He estado alejado de ti por mucho tiempo; estaba en el error incluso antes de nacer. Lo que deseas es la verdad, desde dentro hacia fuera. Entra en mí, entonces, y concibe una vida nueva y verdadera.
Purifícame, y saldré limpio; lávame como con un cepillo de fregar, y tendré una vida tan blanca como la nieve. Pon música alegre para mí, cura mis huesos rotos, para que pueda bailar. No busques imperfecciones: cúrame por completo. Dios, crea un nuevo comienzo en mí, dedica una semana a organizar el caos de mi vida, un nuevo génesis. No me tires con la basura, ni dejes de infundirme santidad. ¡Rescátame del exilio gris, sopla un nuevo viento en mis velas! Dame la oportunidad de enseñar tus caminos a los rebeldes, para que los perdidos puedan encontrar su camino a casa. Anula mi sentencia de muerte, oh Dios de mi salvación, y cantaré himnos sobre tus caminos. Pon palabras en mis labios, querido Dios, y me abriré a la alabanza.
La pretensión te desagrada; una actuación impecable no significa nada para ti. Es cuando mi orgullo se hace añicos que verdaderamente adoro a Dios. Un corazón quebrantado, dispuesto a amar, no escapa, ni por un minuto, a la percepción de Dios.
Transforma a Sión en un lugar de recreación y repara las murallas de Jerusalén. Entonces recibirás de nosotros una verdadera adoración, actos humildes y grandiosos, ¡incluso con todos los toros que podamos sacrificarte! (adaptado de MSG)
Arrepentirse de corazón, primer paso tras el caos del pecado
Sentir que un referente se desmorona es como ver una grieta aparecer en el suelo que pisamos.
Todos los lectores de Phillip Yancey, quienes valoramos sus escritos y su manera de relatar las historias de trauma y dolor, en su vida personal y espiritual, estamos sorprendidos y dolidos por lo que acaba de darse a conocer. A mediados de diciembre puse uno de sus artículos en mi blog, y no pensaba que podría pasar lo sabemos.
Como colegas en el periodismo y la teología, sabemos que no hay noticia más difícil de cubrir que la de nuestra propia caída. Pero la verdad, por dolorosa que sea, es el único suelo firme donde Dios puede reconstruir. Lo sé bien, pues los lectores conocen mis propias luchas en el pozo de la depresión desde hace muchos años.
Es verdad que he criticado fuertemente la hipocresía de ciertos líderes de continuar en el ministerio luego de cometer crímenes atroces, contra personas vulnerables. Y todas las personas somos vulnerables. No debería ocurrir ningún tipo de relación sentimental, fuera del matrimonio de parte de ningún creyente. Pero cuando ocurre entre personas de influencia, parece que duele más.
Me alegra en cierta medida que esto se dé a conocer ahora, y no 40 años después, o después de muerto.
Y ¿Por qué digo esto? Espero que esta confesión sea sincera; creo que lo es, y da una idea diferente a algunos otros, que luego de confesar su pecado, a los 5 minutos ya quieren estar de nuevo predicando, escribiendo, recibiendo dinero de sus seguidores. El arrepentimiento genuino no busca recuperar el privilegio, sino recuperar la paz.
La confesión de Phillip, aunque nos duela, es un acto de higiene espiritual que busca la luz, la misma luz que muchos de nosotros hemos necesitado para sobrevivir a nuestras propias crisis.
Pienso que la confesión de Philip tiene ciertos paralelismos con el Salmo 51 de David. Posiblemente no podemos dimensionar lo que realmente están pasando las personas afectadas por esta situación. Oramos por todos ellos.
La confesión no es el fin, es el primer paso de la limpieza. Como dice el texto: "Mis pecados siempre me acechan". Admitir el "sucio pasado" es lo que permite que la luz de Dios entre en las grietas.
No es una "actuación", es una entrega
Muchos líderes caen en la trampa de intentar "arreglar" su imagen. Lo que Dios busca no es una gestión de crisis, sino lo que menciona el Salmo:
"La pretensión te desagrada... Es cuando mi orgullo se hace añicos que verdaderamente adoro a Dios".
No quisiera hacer comparaciones, pero pienso que de alguna manera todos tenemos algún pecado que confesar. Tal vez no lo hacemos. Cuando era un niño, mi padre tenía una máquina de cortar el pelo (de esas que usaban los peluqueros), que en ese tiempo era algo muy valioso. Recuerdo que a escondidas la tomé y se me cayó y rompió. La puse en la caja y durante más de un mes nadie notó, pero dentro mío, sabía que algún día “mi pecado” se descubriría. Y una noche, me puse a llorar, y llorar, y mi padre me preguntó qué pasaba. Ya había pasado un mes, y conté todo lo que pasó. Mi padre ya hacía tiempo que sabía que la máquina estaba rota, pero se quedó callado. Y me dio la oportunidad de que yo confiese, para luego darme el regalo del perdón.
Esa máquina rota en su caja es el retrato de muchos de nosotros. Ocultamos el daño pensando que el silencio nos protege, cuando en realidad es la confesión lo que nos libera. Yancey ha sacado la máquina de la caja. El Padre ya lo sabía. Ahora comienza el milagro de la purificación.
Ojalá todos tuviéramos el tiempo suficiente para acudir al Padre, y buscar su ayuda, en medio de nuestras crisis existenciales, y en medio de los líos que cometemos, al andar por allí en busca de aventuras. Y no digo que los que murieron sin confesar están perdidos. No creo eso. Pero sí creo en que la purificación del alma, del corazón, es un milagro más maravilloso de lo que podemos dimensionar.
El mito de la "vida arruinada" a los 76 años
El Salmo pide: "Crea un nuevo comienzo en mí, dedica una semana a organizar el caos de mi vida, un nuevo génesis".
Si Dios pudo crear el universo en una semana desde el caos, puede redimir los años que le queden a este hombre. Su ministerio como "consejero de éxito" puede haber terminado, pero su ministerio como "monumento a la gracia" apenas comienza.
El "viento en las velas" para los demás
El Salmo 51 tiene un giro asombroso: David no pide perdón solo para sentirse bien, sino para volver a ser útil, pero desde un lugar de humildad:
"Dame la oportunidad de enseñar tus caminos a los rebeldes, para que los perdidos puedan encontrar su camino a casa".
Su error no lo inhabilita para hablar de Dios; al contrario, ahora puede hablar de la misericordia no como una teoría, sino como un superviviente. Su voz ahora tendrá el peso de quien ha sido rescatado del "exilio gris".
Conclusión: el baile de los huesos rotos
Termina el Salmo con esta poderosa imagen: "Cura mis huesos rotos, para que pueda bailar".
La restauración de Dios es total. No nos deja "remendados", nos hace nuevos. El perdón de Dios no tiene límites de edad ni de gravedad de la falta.
Quizás el servicio más grande que Phillip Yancey nos preste ahora no sea a través de sus libros pasados, sino a través de su presente vulnerabilidad: enseñándonos cómo luce un hombre que confía más en la gracia de Dios que en su propia reputación.
Ojalá que las voces inquisidoras no busquen destruir lo que Dios ya está reconstruyendo desde las cenizas. De mi parte, sigo orando por mi hermano Phillip. Esta noticia es un recordatorio de que nadie es inmune: las 'aventuras' del alma pueden terminar en naufragio, pero mientras haya aliento, hay un 'Nuevo Génesis' disponible. Mantengámonos, hoy más que nunca, aferrados a la gracia del Señor.
Seguimos estudiando los Salmos, no como piezas de museo, sino como el oxígeno necesario para quienes, aun con los huesos rotos, nos negamos a dejar de bailar ante la Gracia.
Comentá la nota