Los últimos registros efectuados entre enero y marzo de este año por el instituto Ipsos para el Centro Interprofesional de Medidas de Audiencia de Radio (CIRAD, por sus siglas en francés), constatan que 15,4 millones de marroquíes, el 56% de la población, escucha la radio. Y el 20% sigue la Radio Mohamed VI del Santo Corán, de propiedad estatal, muy por delante de la segunda emisora en audiencia, que solo llega a un 12,24%.
La emisora formaba parte de un plan conocido como “reforma del campo religioso”, mediante el cual el rey se propuso estructurar el mundo islámico del país alrededor del Estado. La emisora fue fundada en 2004 y desde que el CIRAD comenzó a registrar la audiencia, en 2011, siempre se mantuvo en el primer puesto. Su éxito refleja tanto el poder del Estado para difundir su mensaje como la querencia de los marroquíes por el islam. La emisora comenzó emitiendo solo varias horas al día, pero desde hace más de un lustro tiene una programación continúa de 24 horas. “Tenemos una gran proyección en Marruecos y se escucha también en el exterior, a través de Internet. No hay que subestimar al público que nos sigue por Internet”, advierte un periodista de la radio y televisión pública que prefiere aparecer en este artículo con las iníciales de su nombre, R.H, informa el diario, El País. El periodista cree que el hecho de que la emisora tenga tantos oyentes no significa que todos ellos mantengan un compromiso religioso fuerte. “Lo que sí es cierto es que la sociedad marroquí es conservadora, en el buen sentido de la palabra. En Marruecos no hay televisión privada, solo ocho canales públicos. Y uno de ellos, Assadissa (La Sexta), está consagrado también al Corán, aunque su audiencia dista mucho de ser tan masiva como la de la radio hermana. La estación radial tiene programas sobre educación, la familia y la mujer. Pero en las horas de mayor audiencias, desde las seis de la mañana a la una de la tarde, todo gira en torno al Corán. En Marruecos hay un Ministerio de Asuntos Religiosos y al menos un Consejo de Ulemas, o doctores en leyes islámicas, por cada municipio. Los ulemas organizan de forma constante actividades en las mezquitas y los colegios. Y la radio informa sobre esa “actualidad”. El engranaje de la maquinaria religiosa del Estado funciona como un reloj.
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