"Pironio rechazó la custodia porque temía que alguno de ellos podría morir en un atentado"

Lo reveló en una entrevista exclusiva con VR quien fue su secretario durante 23 años, el actual cardenal Fernando Vérgez, que presidió el sábado en Luján la ceremonia de beatificación del purpurado argentino, amenazado por la Triple A.

Sergio Rubín

Abrazó con entusiasmo los aires renovadores que le trajo al catolicismo en los años ’60 el Concilio Vaticano II. Pero su compromiso con una Iglesia más abierta y comprometida con los pobres lo puso en la mira de los sectores de ultraderecha al punto de que durante el gobierno de Isabel Perón secuestraron y asesinaron a una de sus principales colaboradoras cuando era obispo de Mar del Plata y él mismo estando allí fue amenazado de muerte por la temible Triple A.

Trasladado fuera  del país  meses antes del golpe por el entonces Papa Pablo VI, que lo llevó a Roma, donde descolló en sus diversas funciones en la Santa Sede hasta su muerte, en 1998, el cardenal Eduardo Pironio fue declarado el sábado beato -el peldaño anterior a la santidad- durante una concurrida ceremonia en la plaza de Luján, frente a la basílica. Numerosos obispos, sacerdotes, religiosas y laicos que lo trataron participaron emocionados del oficio religioso.

La causa de beatificación de Pironio se había abierto en 2006 con el estudio de su vida. En 2022 Francisco lo reconoció como Venerable y el mes pasado aprobó el milagro de Dios por su intercesión que se requiere y que, en este caso, fue  la curación de un niño de 15 meses que estaba en coma profundo. 

La ceremonia fue presidida por el cardenal Fernando Vérgez, actual gobernador de la Ciudad del Vaticano y secretario de Pironio durante 23 años, quién -en diálogo con Valores Religiosos-  destacó que “el cardenal a lo largo de su vida supo afrontar las pruebas y las dificultades con serenidad, con una sonrisa en la cara”.

-Usted tuvo mucho trato con el cardenal, ¿Cómo lo recuerda?

-Recuerdo su sonrisa, su serenidad, su ponerse a disposición de los demás. Vivía siempre con la mirada dirigida hacia lo alto. Siempre buscó orientar toda su existencia en sintonía con Cristo y su Evangelio. Era un humilde trabajador en la viña del Señor y no perdía ocasión de difundir el Reino de Dios. El recuerdo de haber tenido la gracia de vivir en contacto diario con un hombre de Dios. Guardo un recuerdo imborrable de sus palabras, de sus actos, de sus decisiones. Fue un auténtico pastor, que se entregó a todos por el bien de la Iglesia.

- Si tuviera que elegir la virtud más destacada del cardenal, ¿cuál sería?

-Sin duda, la humildad. Es esta virtud la que le caracteriza de manera especial. Su modelo fue María de Nazaret, con su sí obediente y confiado, con su escucha del Espíritu. María fue para él no sólo la Madre, sino también la discípula perfecta que supo abandonarse al plan de Dios, aunque no lo comprendiera del todo. La Carta Apostólica, con la que el Santo Padre lo proclama  beato, describe al cardenal Pironio como “humilde pastor según el espíritu del Concilio Vaticano II, testigo de esperanza y paciencia evangélicas, infatigable defensor de la causa de los hermanos más pobres”. El Misterio Pascual -la gloriosa Pascua de Cristo y el misterio de la cruz cristiana- son los pilares de la vida espiritual del cardenal Pironio. ¡Él era realmente un “hombre de la Pascua”! En sus discursos habla con frecuencia del tema del misterio pascual, muy querido para él. El decreto sobre la heroicidad de sus virtudes nos dice: “Hizo de la Pascua de Cristo el perfil fundamental de la Iglesia y de su anuncio, así como del diálogo el fundamento de su acción pastoral.

- ¿Cómo definiría la espiritualidad del cardenal? 

-Su espiritualidad es la de los pobres de Yahvé, como la Virgen María, él también está entre los pobres de Yahvé, entre los que confían en Dios y lo esperan todo de Él. Pobre es el que invoca al Espíritu, el que revela el conocimiento de que todo viene de Dios, la vida, el alimento cotidiano, la caridad. El cardenal supo abandonarse a Cristo sabiendo que todo es gracia y que en el don de sí estaba la realización de su vocación. Uno de sus rasgos que siempre lo identificaron durante toda su vida y durante todos los ministerios pastorales que vivió. Me refiero a la amistad. Pironio era el amigo, el hombre que hizo de la amistad una virtud, un culto. El hombre que era el amigo de Dios para los hombres. Esta amistad, esa vivencia de la amistad con Dios, es la que nos trasmitía a todos los que nos acercábamos a él.

-¿Qué significó para él ser el creador o el gran impulsor de la Jornada Mundial de la Juventud?

-En el Pontificio Consejo para los Laicos se empeño en comunicar a los laicos que son parte de la Iglesia y que por el propio bautismo tienen una misión propia en la Iglesia. Frecuentemente escribe sobre la espiritualidad del fiel laico, sobre la formación cristiana del laico. Trata con conferencias y viajes de difundir el mensaje de la Exhortación Apostólica Christifideles laici. Con su sonrisa y humildad, el cardenal supo abrir una brecha en el corazón de muchas personas y encender en ellas la llama del Evangelio. Fue un gran comunicador, pero también un gran testigo con un ejemplo de vida que le hizo ser respetado y apreciado por cuantos encontró en su camino. Un capítulo especial del paso del Cardenal Pironio por el Pontificio Consejo para los Laicos está constituido por las Jornadas Mundiales de la Juventud. Nacidas de la intuición profética y del gran amor por los jóvenes de San Juan Pablo II, estos Encuentros han encontrado en el cardenal el partidario convencido y el artífice sabio: los recibió en el momento de su nacimiento en Roma en 1984 y, haciéndose peregrino incansable con el Papa y con los jóvenes por los caminos del mundo, los fue acompañando con ternura y amor hasta la víspera de su duodécima celebración en París. Y en todos los encuentros, con su palabra y su presencia asidua, discreta, sonriente y paternal, marcó un paso hacia adelante, una perspectiva diferente para reflexionar, una semilla nueva, que depositó con delicadeza y confianza en la fértil tierra de los jóvenes.

- El cardenal se fue de Argentina en un momento muy difícil. Decían que estaba amenazado. ¿Cómo recordaba él su país?

-No viví con el cardenal esos momentos. Comencé a ayudarlo como secretario personal justo cuando llegó a Roma. Lo que puedo decir es lo que me ha sido narrado o contado por él mismo o por quién le estaba cerca. En los años setenta, cuando el Cardenal era obispo de Mar del Plata, fueron momentos muy duros y difíciles para el cardenal Pironio. Corría peligro y eso era tan palpable que el gobierno le ofreció custodia. Era considerado como “Obispo comunista”. El peligro era real y más cuando secuestraron e hicieron desaparecer a una licenciada, su estrecha colaboradora en la Universidad Católica, que después apareció muerta. Pironio rechazó la custodia porque no quería que uno de sus guardianes muriera en un posible atentado. El 1° de diciembre de 1975, antes de partir, besó el suelo de Mar del Plata en el aeropuerto..

- ¿Qué significa para la Iglesia Argentina que el cardenal sea declarado beato?

-Significa tener un intercesor en el Cielo, un pastor que dio la vida por su rebaño. Su beatificación enriquece a la Iglesia argentina y a toda la Iglesia, porque muestra al mundo que la santidad es posible, que el Señor llama a sus hijos a la perfección. Significa también que su testimonio es capaz de sacudir los corazones, de llamar a las fuentes de la fe.

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