Samuel Soria acaba de ser elegido presidente de la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de Madrid (España). A sus 43 años, casado y con tres hijos, ha peregrinado más de 30 veces en los últimos 25 años al lugar donde la Virgen María se apareció a Santa Bernardita Subirous por primera vez el 11 de febrero de 1858.
Por Nicolás de Cárdenas.
Su abuela, también hospitalaria, le inculcó desde la más tierna infancia la devoción por la Virgen de Lourdes y, en cuanto cumplió los 18 años, en el 2000, siguió sus pasos. Desde entonces ha repetido todos los años, salvo los dos de la pandemia.
El trato con los enfermos le conquistó. “Lo que más valoro es cómo ellos abren su corazón a nosotros y la capacidad que tienen de dar las gracias y agradecer sinceramente por algo que, según ellos, no viven en Madrid”, expone en conversación con ACI Prensa en la capilla dedicada a esta advocación mariana en la capital de España.
El misterio de Lourdes
Eso que los enfermos dicen no vivir en Madrid es, “el misterio de Lourdes”, añade Soria, quien no encuentra el modo de definirlo: “Hay que ir para vivirlo y entenderlo. No es algo fácil de explicar con palabras porque es más del corazón”.
Otra de las claves fue el ambiente que se crea en cada peregrinación y más allá. Por un lado, entre los voluntarios: “Para mí es como una pequeña familia. Mi familia fuera de mi familia natural. He hecho grandes amigos, conocí a mi mujer”, detalla.
Y, por otro, entre los hospitalarios y los enfermos: “Para mí es imprescindible y es lo que da vida a la peregrinación”, subraya. Se trata de una relación que nace durante los días en el santuario, donde se traba amistad, pero que continúa a lo largo del año. Por ejemplo, con las actividades que cada mes organiza el grupo de jóvenes de la Hospitalidad.
“Es impresionante la cantidad de voluntarios que les van a ver a sus centros, a sus casas, les acompañan, les ayudan a hacer gestiones, y ellos se sienten muy apoyados”, añade.
La ilusión de que pase un milagro
Lo hacen en grupos organizados por tipos de enfermos (niños, madres con hijos, mujeres, de enfermedades infecciosas, con dificultades de movilidad) que normalmente viven en Madrid, bien en sus casas o en residencias o centros tutelados.
“Puede ir todo tipo de enfermos”, destaca Soria, “en cualquier condición, con el propósito de ir a ver a la Virgen”. Y muchos de ellos con la ilusión de que pase un milagro. No en vano, ya han sido aprobados 72 casos a lo largo de más de 150 años.
“Tanto un milagro físico como un milagro de su corazón, que se les ablande el corazón, que aprendan cómo vivir con su enfermedad, cómo ofrecer su enfermedad, y esa felicidad que todos anhelamos”, puntualiza Soria.
Por la gruta de Lourdes, alrededor de la cual se ha erigido uno de los santuarios marianos más importantes del mundo, pasan decenas de miles de personas cada año. Esa imagen es una de las que más guarda en su memoria Samuel Soria: “Entran a la gruta como desanimados, sin esperanza, y salen cambiados. Se sienten queridos, se sienten valorados, mirados, y eso es algo muy bonito”.
Ese cambio tiene consecuencias al volver a Madrid: “Intentan cambiar su vida. Enfermos que vivían en la calle intentan mejorar, enfermos que no luchaban con su enfermedad intentan mejorar; que no se tomaban la medicación porque se daban por desahuciados y vuelven a tener esperanza”.
"Es por un servicio a la Virgen”
La Hospitalidad de Lourdes en Madrid vive un momento particular de su historia. Se acaban de celebrar las elecciones internas a las que se presentan los miembros de manera individual, con la única intención de servir durante un tiempo en el Consejo.
Samuel Soria ha resultado elegido presidente del Consejo de esta agrupación de laicos dependiente del Arzobispado de Madrid que lleva peregrinando a Lourdes desde 1958, dos veces al año, en mayo y octubre.
Se trata de una de las peregrinaciones más numerosas de entre las diocesanas de todo el mundo, más allá de las convocatorias nacionales en Francia y algunas peregrinaciones internacionales de organizaciones como la Orden de Malta, lo cual es un gran reto.
Soria lo asume “con mucha ilusión, como un servicio más a la Hospitalidad, y también con mucha responsabilidad” para que quienes quieren peregrinar lo puedan hacer “igual o mejor que van ahora”.
“La gente tiene mucha ilusión porque la hospitalidad siga viva, sigan peregrinando y con un grupo tan comprometido y tan ilusionado, va a ser una tarea a lo mejor dura, pero muy ilusionante”, constata el nuevo presidente que mira el futuro agradecido por la tarea realizada por sus predecesores.
Su gestión será “una continuidad de lo bien que se ha hecho durante tantos años”, con una base ineludible: centrar todo en el enfermo. “Si el enfermo es el centro de toda peregrinación, todo va a ir bien. Como nos empecemos a preocupar de otras cosas, se pierde el espíritu y creo que las cosas podrían ir mal”, explica.
Además, espera poder facilitar los trámites a los voluntarios y desarrollar la comunicación entre la Hospitalidad, sus voluntarios y los enfermos. Y todo, con un compromiso personal: “El cariño a la Virgen. Es por un servicio a la Virgen”, concluye.
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