El Papa: “Los cristianos unidos en la sangre del martirio y de las persecuciones”

El Papa: “Los cristianos unidos en la sangre del martirio y de las persecuciones”

Francisco celebra las Vísperas en la Basílica de San Pablo extramuros, como conclusión de la Semana de oración por la Unidad de los cristianos: «Cuántos hermanos hoy sufren por Jesús. Hay desafíos que envilecen la dignidad humana: persecuciones, conflictos, trata, esclavitud»

Agua y sangre. El agua del Bautismo en donde fueron «ahogados nuestros pecados»; la sangre del martirio y de las persecuciones que nos vuelve a todos «testigos de la fe», a pesar de las diferentes confesiones. Francisco celebró las Vísperas en la Basílica de San Pablo extramuros al final de 51ª Semana de oración por la Unidad de los Cristianos, y recordó que el ecumenismo es un «largo y difícil viaje» semejante al que llevaron a cabo los israelíes a través del desierto, «a menudo vacilando, pero sacando fuerza del recuerdo de la obra salvífica de Dios y de su presencia siempre cerca». 

  

Al lado del Papa (que antes de comenzar la celebración se detuvo en oración frente a la tumba de San Pablo) estaban los representantes de las demás Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en Roma. Se escuchaban las voces del coro anglicano de la Westminster Abbey y de los cantores de la Capilla Pontificia Sixtina. La reflexión de Bergoglio siguió la lectura del Éxodo, en el cual el pueblo de Israel, que está huyendo de Egipto del que ha sido liberado, atraviesa el Mar Rojo guiado por Moisés. Un evento que el Papa relaciona con algunos desafíos de la actualidad: «También los cristianos de hoy se encuentran en el camino con muchas dificultades, rodeados por tantos desiertos espirituales, que aridecen la esperanza y la alegría», dijo. 

  

«Por el camino también hay peligros graves, que ponen en riesgo la vida: ¡cuántos hermanos hoy sufren persecuciones por el nombre de Jesús! Cuando su sangre es derramada, aunque pertenezcan a Confesiones diferentes, se vuelven juntos testigos de la fe, mártires, unidos en el vínculo de la gracia bautismal». 

  

Junto con los «amigos» de otras tradiciones religiosas, «los cristianos afrontan hoy desafíos que envilecen la dignidad humana: huyendo de situaciones de conflicto y de miseria, son víctimas de la trata de seres humanos y de otras esclavitudes modernas; sufren el hambre, en un mundo cada vez más rico de medios y pobre de amor, en donde siguen aumentando las desigualdades», subrayó Bergoglio. 

  

Sin embargo, no solo son los sufrimientos del presente el eje de la vida de los que creen en Cristo: precisamente como en la narración del Éxodo, ellos «están llamados a custodiar juntos el recuerdo de todo lo que Dios ha hecho por ellos». Porque solo manteniendo encendida esta memoria «podemos sostenernos los unos a los otros y afrontar, armados solamente de Jesús y de la dulce fuerza de su Evangelio, todo desafío con valentía y esperanza», aseguró Francisco. 

  

También recordó a San Agustín que, comentando en sus Sermones la misma lectura del Éxodo, «interpreta el Mar Rojo, en donde Israel ha visto la salvación de Dios, como signo premonitorio de la sangre de Cristo crucificado, fuente de salvación». «Todos nosotros los cristianos hemos pasado a través de las aguas del Bautismo, y la gracia del Sacramento ha destruido a nuestros enemigos, el pecado y la muerte», subrayó el Pontífice. «Al salir de las aguas hemos alcanzado la libertad de los hijos; hemos surgido como pueblo, como comunidad de hermanos y hermanas salvados, como conciudadanos de los santos y familiares de Dios». Esta es una experiencia «fundamental» que todos comparten: «La gracia de Dios, su misericordia potente al salvarnos. Y precisamente porque Dios ha operado esta victoria en nosotros, juntos podemos cantar sus alabanzas». 

  

«En la vida experimentamos también la ternura de Dios, que en nuestra cotidianidad nos salva amorosamente del pecado, del miedo y de la angustia», prosiguió el Papa. «Estas experiencias preciosas deben ser custodiadas en el corazón y en la memoria», porque, aunque sean individuales, se relacionan con «una historia aún más grande, la de la salvación del pueblo de Dios». 

  

Entonces retomó el ejemplo de San Pablo, cuya conversión se celebra hoy, quien «experimentó la potencia de la gracia, que lo llamó a convertirse, de persecutor, en apóstol de Cristo». «La gracia de Dios también lo empujó a él a buscar la comunión con otros cristianos», observó Francisco. Inmediatamente, primero en Damasco y después en Jerusalén. «Esta es nuestra experiencia de creyentes», afirmó, «poco a poco, mientras vamos creciendo en la vida espiritual, comprendemos cada vez mejor que la gracia nos llega junto a los demás y que ha que compartirla con los demás». 

  

«En el Bautismo fuimos salvados y el canto grato de la alabanza, que otros hermanos y hermanas entonan, nos pertenece, porque es también el nuestro. Cuando decimos que reconocemos el Bautismo de los cristianos de otras tradiciones, confesamos que también ellos han recibido el perdón del Señor y su gracia que obra en ellos. Y acogemos su culto como expresión auténtica de alabanza por todo lo que hace Dios», dijo el Papa. «Deseemos, entonces, rezar juntos, uniendo aún más nuestras voces. Y también cuando las divergencias nos separan –concluyó– reconocemos que pertenecemos al pueblo de los redimidos, a la misma familia de los hermanos y hermanas amados por el único Padre». 

  

Al final de las Vísperas, después del saludo del cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que (citando al Papa) recordó que «la unidad de los cristianos es un camino irreversible y no en reversa», Francisco agradeció a «nuestro hermano» el pastor de la Comunidad evangélica luterana de Roma, Jean Martin Kruse, que «se despide después de diez años para comenzar otro trabajo en Hamburgo. Entonces le pedí que también viniera y que nos diera a todos su bendición». 

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