La mujer en Iglesia

La mujer en  Iglesia

Por Gloria Batalla

El pasado viernes 17 de mayo, en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina, por primera vez en la historia de la Iglesia en Argentina, se reunieron más de 150 mujeres para dialogar sobre el lugar que le cabe en la Iglesia a la mujer.

El encuentro tuvo lugar en la sala de reuniones de los obispos, es la primera vez que la sede de la Conferencia Episcopal Argentina (Buenos Aires), cede ese espacio para una actividad de esta índole. Participaron en las exposiciones las teólogas Virginia Azcuy, la Hermana Josefina Llach, aci; y Nancy Raimondo. Coordinó la teóloga Marcela Mazzin, participante del Sínodo de la Familia (2014). El encuentro fue organizado por el Departamento de Laicos (Deplai) de la Conferencia Episcopal Argentina, la coordinación estuvo a cargo de Daniel Martini, director del Deplai, quien dijo que este evento constituyó el primer acto público de la nueva Área de las Mujeres de Deplai.

Esta novedosa iniciativa es realmente importante, ya que responde muy audazmente y de manera adecuada a lo que se vive en nuestra sociedad actual en cuanto a las fuertes manifestaciones del valor humano y social de la mujer. En Argentina el tema de "la mujer" es algo candente y por eso es importante que la Iglesia no se quede atrás, no se encierre y de sus pasos, que anuncie que en la Iglesia la mujer tiene vida y da mucha vida, y que siempre existe la apertura a aquello que "sopla" el Espíritu de Dios.

En lo que duró el encuentro, las teólogas desarrollaron temas a la luz de la Palabra de Dios, la teología y el magisterio del Concilio Vaticano II. El desarrollo de esta exposición, es un bosquejo, una síntesis de algunos de los temas que abordaron.

La exposición de la teóloga Virginia Azcuy se desarrolló en dos unidades relacionadas desde lo teológico y el Concilio Vaticano II para plantarse en los desafíos ante la realidad, teniendo en cuenta que es muy importante pensar la Iglesia toda (hombres y mujeres) como pueblo de Dios. Expuso una exégesis de dos textos conciliares que ayudan a profundizar el tema de la acción trinitaria salvífica en la historia de la humanidad y su discernimiento creyente: (GS, 32) “La salvación no ha sido regalada a la humanidad en forma individual; sino que pueblo, unión, hermandad, amor, Iglesia, son las palabras claves”. Esos puntos interesan a la hora de descubrir la manifestación de Dios en la historia. El Espíritu se manifiesta en los signos mesiánicos de Jesús y en los corazones de los creyentes, enseñando el sentido de estos signos a la luz del acontecimiento pascual. Este comentario marca en favor de la igualdad (varones y mujeres): “Esta misión continúa y se desarrolla en el curso de la historia, la misión del propio Cristo […] impulsada por el Espíritu Santo” (AG 5);

La Hna. Josefina Llach expresó aportes desde la Teología que apuntan a la dimensión del misterio cristiano, el Dios trino y uno y lo que Dios significa para la Iglesia. Partiendo del texto del Génesis abordó el tema del Dios creador (crea varón y mujer, ambos a imagen y semejanza de Dios), del pecado de la humanidad, y la Encarnación del Salvador.

La “Encarnación” nos hace comprender el significado de la vida cotidiana, resplandece el Hijo de Dios, entre nosotros, todos los seres humanos, Jesús con su presencia, sus gestos, palabras y los hechos de su vida cotidiana nos señala su amor incomparable. Jesús habla de los lirios del campo…de la siembra, la cosecha, de mujeres ansiosas, de hombres duros, de pecadores y arrepentidos, en fin, de la vida cotidiana. Con estos elementos la expositora fue dando relevancia a la mujer en su vida media, entre lo cotidiano y lo público y su acción en la Iglesia.

Para la hermana Josefina Llach la iglesia tiene tres grandes maestros, el primero y principal: Jesús, y también José y María. En la hora más difícil, la que estuvo fue María. María, no fue pasiva, fue muy activa en el plan de salvación. Hay que tener en cuenta que toda la doctrina del evangelio de Jesús, cambia la historia con respecto a las mujeres.

Para entender la actitud de Jesús ante la mujer es imprescindible conocer las costumbres de su época. Con esta perspectiva histórica se puede ver el trato que le da Jesús a la mujer. El comportamiento de Jesús, sus palabras y sus gestos, resalta de una manera maravillosa la importancia de la mujer en la Iglesia.

Jesús, en función de su proyecto liberador, quebranta los tabúes de la época, relativos a la mujer. Mantiene una profunda amistad con Marta y María (Lc 10,38). Conversa públicamente y a solas con la samaritana, conocida por su mala vida, de forma que sorprende incluso a los discípulos (Jn 4,27). Defiende a la adúltera contra la legislación explícita vigente, discriminatoria para la mujer (Jn 7,53-8,10). Se deja tocar y ungir los pies por una conocida prostituta (Lc 7,36-50). Son varias las mujeres a las que Jesús atendió, como la suegra de Pedro (Lc 4,38- 39), la madre del joven de Naín (Lc 7,11-17), la mujer encorvada (Lc 13,10-17), la pagana sirofenicia (Mc 7,24-30) y la mujer que llevaba doce años enferma (Mt 19,20-22). En sus parábolas aparecen muchas mujeres, especialmente las pobres, como la que perdió la moneda (Lc 15,8-10) o la viuda que se enfrentó con el juez (Lc 18,1-8).

Estas actitudes de Jesús significaron una ruptura con la situación imperante y una inmensa novedad dentro del marco de aquella época. La mujer es presentada como persona, hija de Dios, destinataria de la Buena Nueva e invitada a ser lo mismo que el varón, miembro de la nueva comunidad del Reino de Dios. Por todo eso, no es de extrañar que fuesen mujeres las más fieles seguidoras de Jesús (Lc 8,2-3), que habían de acompañarlo hasta cuando sus discípulos lo abandonaron (cf. Lc 23,27; Jn 19,25; Mc 16,1).

Ambas teólogas hicieron alusión a “Los Sacramentos”, y la importancia de los sacramentos de iniciación, que, tanto a varones como a mujeres, nos hace imágenes de Cristo, hijos de Dios, pueblo de Dios, "recuerda cristiano, que tu dignidad viene del bautismo". En la práctica la vida sacramental es fuente trinitaria. Dijeron que se ha subvalorado el ministerio y el poder del “Orden Sagrado” y la celebración de la “Eucaristía”. 

"Hay que profundizar el tema de las mujeres en la Iglesia, todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (Gn.) es decir con y en los otros. El principio dignificador de la mujer sigue siendo aún semilla, llena de vida potencial, animadora de una profunda crítica constructiva y polo de referencia para un ideal a realizar. Hoy se habla de la necesidad de hacer una teología de la mujer; de ver cómo hacer para que las mujeres participen de las decisiones, porque hasta ahora, y eso no se cree que cambie pronto, los que toman las decisiones más importantes son los presbíteros, los que reciben el sacramento del Orden Sagrado”, dice la teóloga Josefina Llach.

Llach plantea una alternativa a esta mirada tradicional, poniendo el ministerio de la Virgen María, que es la más santa de todos los seres puramente humanos. Esa división NO es entre mujeres y varones, los varones también se tienen que parecer a María y es cierto que, en la Iglesia, es mucho más importante el amor que el gobierno, pero no se puede dividir el amor para las mujeres y el gobierno para los varones.

Fueron muchos más los temas que se desarrollaron desde una mirada femenina, como la necesidad de abrir espacios concretos de discernimiento y dialogo con una actitud de escucha, en y para la Iglesia, también temas difíciles como el clericalismo, el sufrimiento de la mujer, la violencia feminista, la ecología y los derechos humanos entre otros. La iglesia debe dar prioridad al carisma de la renovación. Como dice la Dra. Azcuy, "el Dios trinitario, en la vida cristiana, no ha sido desarrollada en reciprocidad. La fuente de la vida trinitaria, no siempre se ha realizado en plenitud en la Iglesia".

Este encuentro apenas fue un primer paso, que seguramente abrirá el camino para muchos otros pasos que irán dándose de a poco... algo pequeño que inaugura el futuro de algo grande, algo del Espíritu Santo, de la Iglesia de Jesús y de todos nosotros, hermanos, hijos amados de Dios.

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