Mons. Lozano: “Hay buenas noticias para la familia”

Mons. Lozano: “Hay buenas noticias para la familia”

 El obispo de Gualeguaychú, monseñor Jorge Lozano, destacó este domingo en su columna semanal que hay “buenas noticias” para la familia y recordó que el matrimonio cristiano es una vocación. Reiteró también la preocupación de la Iglesia por acompañar todas las realidades familiares.

“Debemos acompañar a todas las familias a que puedan vivir en la alegría de la fe. Sabemos también que muchos no pudieron continuar su matrimonio. Fueron abandonados, o circunstancias diversas llevaron a no entenderse o no soportar la convivencia. Unos siguieron solos, otros formaron otra pareja de la cual nacieron nuevos hijos a los que se esfuerzan por educar en la fe”, subrayó.

El obispo de Gualeguaychú, monseñor Jorge Lozano, destacó este domingo en su columna semanal que hay “buenas noticias” para la familia y señaló que “en la mayoría de las encuestas se expresa el deseo de la familia; ella es fuente de alegría y estímulo para el desarrollo de las personas en sus diversas edades y etapas”. 

“Dios mismo se hizo hombre en el seno de una familia. Jesús desde niño fue mamando en su casa la vida de la fe, la lengua y cultura de su pueblo. El primer signo lo realiza en una fiesta de casamiento transformando el agua en vino y a pedido de su mamá”, recordó. 

Tras afirmar que “el proyecto de Dios para el ser humano es de comunión y alegría, no de soledad y tristeza”, reconoció que “a veces algunos dudan o se preguntan: ‘¿es posible amar para siempre?’, ‘¿somos capaces de un sí definitivo?’” 

“Nuestra libertad, aun frágil y herida, es capaz de una entrega absoluta y total. Pero necesitamos de la ayuda de la gracia de Dios”, subrayó y agregó: “El Sacramento del matrimonio es una bendición de Dios al amor que se tienen los esposos. Es expresión ──signo── del amor de Cristo por su Iglesia. Es también fuente singular de gracia para que los esposos sean mutuamente fieles y vivan en la alegría de la entrega de uno a otro. El matrimonio es una comunidad de vida y amor”. 

El prelado sostuvo que “desde la fe cristiana afirmamos la primacía de la gracia y la necesidad que tenemos de la ayuda del Espíritu Santo. A veces miramos la vida familiar desligándola de la fe. Como si el único ‘espacio religioso’ fuera ir a misa juntos o la oración personal, y la vida de familia fuera algo solamente ‘humano’. Y no es así. Por eso a la familia se le llama “Iglesia doméstica” para mostrarnos el valor de la vida cotidiana en la edificación del Cuerpo de Cristo”. 

El obispo indicó que en el texto llamado “Lineamenta” que busca recoger aportes para el próximo Sínodo de la familia, se dice que: “El matrimonio cristiano es una vocación que se acoge con una adecuada preparación en un itinerario de fe, con un discernimiento maduro, y no hay que considerarlo sólo como una tradición cultural o una exigencia social o jurídica. Por tanto, es preciso realizar itinerarios que acompañen a la persona y a los esposos de modo que a la comunicación de los contenidos de la fe se una la experiencia de vida ofrecida por toda la comunidad eclesial”. 

Monseñor Lozano aseguró que “la primera preparación al matrimonio comienza en casa, cuando los niños ven a su papá y su mamá expresarse cariño, cuando dialogan y disfrutan de jugar con amigos varias familias juntas. Cuando trabajan y se esfuerzan por el bien de todos. Especialmente en el cuidado a los más débiles”. 

“Debemos acompañar a todas las familias a que puedan vivir en la alegría de la fe –insistió- Sabemos también que muchos no pudieron continuar su matrimonio. Fueron abandonados, o circunstancias diversas llevaron a no entenderse o no soportar la convivencia. Unos siguieron solos, otros formaron otra pareja de la cual nacieron nuevos hijos a los que se esfuerzan por educar en la fe”. 

Asimismo, recalcó que en la exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” el Papa nos alienta a la cercanía con toda situación humana: “La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos —sacerdotes, religiosos y laicos— en este ‘arte del acompañamiento’, para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro. Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana.”

Coment� la nota