El arzobispo porteño invitó a sembrar el Evangelio, trabajar en comunidad y promover un nuevo pacto de fraternidad para el país.
Al presidir la misa dominical, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, centró su homilía en la mirada compasiva de Jesús sobre la multitud y exhortó a los fieles a dejarse transformar por ese modo de mirar, tanto hacia los demás como hacia sí mismos.
Comentando el pasaje evangélico en el que Jesús "vio a la multitud y tuvo compasión de ella", el prelado afirmó que se trata de una mirada "de amor, profunda y empática", que no juzga ni condena, sino que descubre el cansancio, las heridas y las necesidades de las personas.
"Que cada uno pueda volver a sentirse mirado por Jesús, que nos conoce, sabe de nuestras fatigas y nos ama", expresó, al tiempo que invitó a revisar la forma en que los cristianos se relacionan entre sí. "Es hora de aprender a mirarnos como nos mira Jesús", sostuvo.
Monseñor García Cuerva también animó a los fieles a mirarse a sí mismos con misericordia, dejando de lado la culpa y la condena personal para reconocer el amor con que Dios mira a cada uno.
Sembrar la Buena Noticia
Al reflexionar sobre el mandato de Jesús de pedir obreros para la mies, el arzobispo porteño señaló que los discípulos están llamados, ante todo, a sembrar la Buena Noticia sin buscar protagonismo ni resultados inmediatos. "Nosotros tenemos que seguir sembrando el Evangelio con la vida, la palabra y los gestos", afirmó.
Asimismo, destacó que Jesús eligió para esa misión a hombres distintos y frágiles, como Pedro, Mateo o Judas Iscariote, lo que demuestra que la evangelización es una tarea comunitaria. "Nadie puede solo; necesitamos trabajar como gran familia", subrayó.
En ese marco, llamó a fortalecer el trabajo en equipo y a reconstruir los vínculos sociales. Retomando una reflexión del papa León XIV, señaló que la reconstrucción de una sociedad comienza por restaurar las relaciones entre las personas y reconocer a los más pobres como protagonistas.
Finalmente, monseñor García Cuerva propuso renovar un "pacto de fidelidad" inspirado en la alianza entre Dios y su pueblo. "Quizá lo que necesitamos para reconstruir la Nación sea un nuevo pacto, una alianza de amor que nos permita descubrir que el otro no es mi enemigo, sino un hermano, llamado junto a nosotros a anunciar la Buena Noticia del Reino", concluyó.


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