En la misa dominical, el arzobispo de Buenos Aires invitó a preparar el corazón para recibir la Palabra y dar frutos de esperanza, perdón y compromiso.
El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, afirmó que Dios "siembra en todos los corazones" con un amor "absolutamente incondicional" e invitó a los fieles a preguntarse cómo reciben la Palabra para que pueda dar fruto en la vida cotidiana.
Durante su homilía en la misa dominical, el prelado reflexionó sobre la parábola del sembrador y recordó que Jesús anunciaba el Reino con un lenguaje sencillo, capaz de llegar al corazón de las personas.
"Jesús habla al corazón y lo hace con un lenguaje sencillo. Nos dice cosas muy profundas, pero las expresa con ejemplos que todos pueden comprender", destacó.
Un Dios que no deja de sembrar
Al detenerse en la figura del sembrador, monseñor García Cuerva señaló que representa a Dios, quien "demuestra con esa generosidad de la siembra cuánto es su amor".
"El amor de Dios es incondicional. Dios cree en nosotros y por eso su siembra es absolutamente generosa. La Palabra quiere llegar a todos los corazones, sin medir quién la merece y quién no", expresó.
En ese sentido, afirmó que el desafío no es preguntarse a quién llega la semilla, sino qué hacer para que el propio corazón sea una tierra fértil.
Distracciones, entusiasmo pasajero y problemas
El arzobispo identificó tres obstáculos que impiden que la Palabra dé fruto: las distracciones, el entusiasmo superficial y las preocupaciones que terminan ahogando la fe.
Comparó a los pájaros de la parábola con las constantes distracciones del mundo actual, especialmente el uso permanente de las pantallas y los teléfonos celulares, que muchas veces impiden dedicar tiempo a la oración y a la escucha de Dios.
También advirtió sobre el riesgo de una fe basada únicamente en el entusiasmo inicial, que se desvanece ante las primeras dificultades, y de dejar que los problemas cotidianos ocupen todo el espacio del corazón.
Preparar el corazón como un jardinero
Como propuesta concreta, monseñor García Cuerva recurrió a la imagen de la jardinería para explicar cómo cultivar una vida espiritual fecunda.
Invitó a "remover la tierra" del corazón, afrontando aquello que muchas veces se evita; a "regarla" con la Palabra de Dios, la oración, el diálogo, la alegría y la esperanza; y a "desmalezarla", arrancando de raíz los rencores, los miedos, las culpas y las broncas que impiden crecer.
"Ante el amor incondicional y la generosidad del sembrador no nos podemos quedar de brazos cruzados. Queremos preparar nuestro corazón para que sea tierra buena", afirmó.
Al concluir la celebración, el arzobispo compartió el poema Semillas, del sacerdote jesuita José María Rodríguez Olaizola, como una invitación a sembrar gestos de paz, comunión y esperanza, recordando que toda transformación comienza con una pequeña semilla depositada en el corazón.

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