Mensaje de Navidad 2018 del Obispo Carlos H. Malfa

Mensaje de Navidad 2018 del Obispo Carlos H. Malfa

“No teman, les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo, hoy en la cuidad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc. 2, 10-11).

Publicamos a continuación el Mensaje de Navidad 2018 del Obispo Carlos H. Malfa:

“La Navidad es Jesús que nace en la humildad de nuestra carne, que nace hoy, que nace para todos. En el Niño recién nacido y recostado en un pesebre se encuentra la plenitud de la Divinidad y se manifiesta nuestra salvación despertando el deseo y la necesidad de ser salvados.

El profeta Sofonías nos invita: “… alégrate y exulta de todo corazón… El Señor está en medio de ti, no temerás ya ningún mal… Dios está en medio de ti, ¡un poderoso Salvador!” (cfr. Sofonías 3, 14-18).

Tengamos el coraje de desearlo para conocerlo, de esperarlo para verlo, de buscarlo para encontrarlo.

“¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y hemos venido a adorarlo” (Mt. 2, 2) “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron” (Mt 2, 11).

1. Detengámonos en silencio ante el pesebre para recuperar el asombro ante el Misterio de Dios que se hace hombre. La contemplación del Niño nos muestra la ternura de Dios y desencadena en nosotros una peregrinación interior que se llama adoración al reconocer a Cristo, Salvador del mundo que hoy es el Viviente resucitado para siempre de la muerte.

Igual que los Magos de Oriente ante el misterio de la Encarnación sólo podemos arrodillarnos y adorar.

“Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo darás culto” (Mt 4, 10). Dar a Dios el primer lugar y ser adoradores “en espíritu y en verdad” ordena nuestra vida y nos hace verdaderamente libres, testigos de la Gloria de Dios y constructores de la paz de los hombres a los que Dios ama.

“Anuncien a los pueblos y díganles: “Miren, viene Dios, nuestro Salvador” (antífona de Adviento).

2. La Navidad renueva en nosotros la clara conciencia de la misión y responsabilidad de salir al cruce de los caminos a testimoniar y llevar la alegría de Evangelio a todos, a los que nunca lo conocieron, lo conocieron mal o lo han olvidado.

Nos dice el Papa Francisco: “Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida” (E.G. 49).

En cada bautizado hay un misionero, llamado a reavivar en su vida y en los demás la nostalgia de Dios.

El Hijo de Dios por su Encarnación se acercó a todos y a cada uno, se hizo Samaritano de la humanidad por su “compasión y misericordia”, su discípulo es el que se detiene y entrega para sanar las heridas de sus hermanos.

Queridos hermanos y hermanas: seamos siempre la Iglesia que espera con confianza y alegría al Señor que viene a su encuentro y da voz a la esperanza, que llama al Señor “Ven Señor Jesús”, que abre sus brazos para acoger a todos y sale a buscar a los alejados para llevarles la misericordia de Dios. Seamos los mensajeros que llevan amor donde hay odio, perdón donde hay ofensa, alegría donde hay tristeza, verdad donde hay error, como reza la oración simple de San Francisco de Asís.

El Papa Pablo VI, recientemente canonizado decía: “Para la Iglesia católica ninguno es extraño, nadie está excluido, nadie se encuentra lejos”.

“Realmente el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado…”. “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre. Trabajó con sus manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado” (Gaudium et Spes, 22).

3. Desde la Navidad Dios tiene un nombre y un rostro: Jesucristo, es el Dios con nosotros y, al volver a proponernos el amor, la bondad, la belleza, la verdad del rostro de Jesús en ese Niño, nos recuerda que en ese rostro toda creatura humana puede reconocerse y encontrar su plenitud humana y la raíz de su profundísima dignidad.

En el Dios que se hace hombre por nosotros, cada hombre y cada mujer pueden sentirse amados y a través del amor experimentar de una manera nueva la grandeza y la belleza de la vida. El Nacimiento de Jesús nos ilumina acerca del valor de la vida de todo ser humano, desde su primer instante hasta su ocaso natural.

La Navidad es el gran misterio de amor que nunca termina de sorprendernos, Dios se hizo hijo del hombre para hacernos hijos de Dios, Jesús ha venido por cada uno de nosotros y en él nos ha hecho hermanos. Hijos y hermanos es una verdad en la que podemos fundar toda construcción social libre y solidaria en la paz y la justicia.

La Navidad es la cuna de un nuevo humanismo integral y solidario, que sin olvidar el plano moral y espiritual, puede generar la cultura del encuentro y el compromiso social.

Como María y José nos ponemos al servicio de la voluntad de Dios y a la búsqueda de su reino, abriendo de par en par las puertas de nuestra vida para acoger al Niño Jesús.

¡Feliz navidad!

Carlos H. Malfa

Obispo de Chascomús

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