1) Los Laicos Católicos miembros de las familias paraguayas, preocupados por la situación que hoy se definirá en la Cámara de Senadores de la Nación Argentina, en relación al aborto, manifestamos nuestra solidaridad con los hermanos argentinos con la posición firme contra el aborto y por la defensa a la vida.
2) Afirmamos que toda vida humana tiene una dignidad y un valor inviolable. Ninguna consideración legal, cultural, política, científica o económica puede autorizar a disponer de esa vida y mucho menos a eliminarla. Esta rotunda afirmación la formulamos en nuestra condición de hombres y mujeres que siguen a Jesucristo quien dijo: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia”; también como ciudadanos conscientes del valor de la vida desde su concepción hasta la muerte natural.
3) Desde el momento de la concepción estamos en presencia de una vida humana diferente a la de la madre que la alberga y del padre que contribuyó a engendrarla. Esta realidad es indiscutible. Si no pueden probar esto, los que la niegan, tampoco pueden defender la legitimidad de su eliminación
4) Nadie tiene derecho a disponer de una vida humana. El fruto de la concepción no es una parte del cuerpo de la mujer, sino una vida humana diferente, y, por tanto, no se le puede reconocer a la mujer el derecho a abortar.
5) Recalcamos que el minimizar las prácticas abortivas es un crimen abominable que atenta contra la dignidad y la vida del ser humano, sagrada desde su concepción, en todas las circunstancias y condiciones de vida. La propaganda pro abortista insiste exclusivamente en aquellas situaciones más dramáticas en las que una mujer quiere abortar y no se le permite hacerlo. ¿Es menos dramática, acaso, la situación de aquellas mujeres que no desean abortar y se sienten presionadas a ello por el varón o su situación económica? Admiramos y reconocemos la valiente actitud del personal de blanco quienes con su objeción de consciencia, rechazan la postura de sus colegas que violan su juramento hipocrático.
6) Existen mayoritariamente voces discordantes en contra del ruido mediático de los proabortistas. Somos muchos los que defendemos que la persona debe ser siempre la medida de todo. Los medios de comunicación y los representantes del pueblo, en todos los estamentos y niveles, no pueden ocultar o acallar estas voces.
7) En la discusión pública se debe tener en cuenta las secuelas que puede producir el aborto, especialmente las repercusiones psíquicas para la mujer, como el conocido y silenciado “síndrome post-aborto”, vivido con frecuencia en la soledad e incomprensión y cuyas consecuencias pueden llegar a ser trágicas (depresiones y otros trastornos psiquiátricos, incremento de la tasa de suicidios, etc.), además, existe el riesgo de perder la vida.
8) Nos sentimos apenados por las ideas provenientes de personas que se consideran cultas e inteligentes que pretenden atentar contra la vida, don que también ellas recibieron, más aún si esa es indefensa y/o vulnerable, como el del niño en el vientre materno. Sólo nos resta rechazar estas actitudes extremas, como ciudadanos y como creyentes en la vida donada por el Creador.
9) Que el Señor de la Vida nos ayude en este difícil camino, el de promover y proteger la vida de la que solo Él puede disponerla. Que la Madre de la misericordia, la bienaventurada Virgen María, nos acompañe en esta tarea.
Coordinación Nacional de Laicos del Paraguay
Coordinación Nacional de Pastoral Familiar y Vida
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