El Papa durante la Audiencia general recordó los principales momentos de su viaje a los países bálticos. Sobre la carta a los católicos chinos: «Espero una nueva fase, que ayude a sanar las heridas»
Es «conmovedor»: hay que detenerse a reflexionar sobre la violencia de la que es capaz el ser humano. «Hasta qué punto puede llegar la crueldad. Pensemos en ello», son las palabras que utilizó el Papa Francisco durante la audiencia general de hoy, 26 de septiembre de 2018, en la que recordó los momentos más importantes de su viaje a los países bálticos, lugares que vivieron «bajo el yugo de las ocupaciones, primero nazi y después soviética». El Pontífice también habló sobre la carta a los católicos chinos, expresando su deseo de «una nueva fase, que ayude a sanar las heridas del pasado».
Al día siguiente de su regreso a Roma desde Lituania, Letonia y Estonia, Francisco ya estaba en la Plaza San Pedro para la Audiencia general de los miércoles. Alrededor de 18 mil fieles, según los datos de la Prefectura de la Casa Pontificia, estaban presentes. Francisco llegó a la Plaza en el “papamóvil” y dio una vuelta entre los peregrinos, saludando y bendiciendo a los fieles.
Después se refirió al el viaje apostólico que hizo a Lituania, Letonia y Estonia, desde donde regresó la noche anterior. Francisco explicó que realizó la visita con ocasión del centenario de la independencia de dichos Países, que sufrieron bajo el bajo el yugo de las ocupaciones, primero la nazi, y la soviética después, y agradeció a los presidentes de las tres Repúblicas y a las Autoridades civiles por la acogida que le dispensaron, además de demostrar su gratitud a todos los obispos y a quienes colaboraron para la preparación de este evento.
«Ahora que gozan de libertad –dijo– mi misión fue anunciarles nuevamente la alegría del Evangelio y la revolución de la misericordia y de la ternura, porque para darle sentido y plenitud a la vida, además de la libertad, es indispensable el amor que viene de Dios». Y recordó que el Evangelio, que en el tiempo de la prueba da fuerzas y anima la lucha para la liberación, en el tiempo de la libertad es luz para el camino cotidiano de las personas, las familias, las sociedades, y sal que da sabor a la vida ordinaria y la preserva de la corrupción de la mediocridad y los egoísmos.
Subrayando el carácter ecuménico de la visita a estos países - dos de ellos predominantemente luteranos y ortodoxos- el Papa expresó que el desafío ha sido reforzar la comunión entre todos los cristianos.
«Durante este viaje, - contó en español - con marcado carácter ecuménico, me encontré con muchas personas. En Vilna, les recordé a los jóvenes la importancia del diálogo entre las generaciones, y en Riga, les subrayé a los ancianos la estrecha relación que existe entre la paciencia y la esperanza. También a los sacerdotes, consagrados y seminaristas, les manifesté que es indispensable estar centrados en Dios y arraigados en su amor, manteniendo viva la memoria de los mártires, para seguir su ejemplo y ser testigos de esperanza. Tampoco me faltó la oportunidad para honrar a las víctimas del genocidio judío en Lituania y de las persecuciones a todos los ciudadanos».
A las «autoridades de los tres países,- afirmó en italiano- puse el acento en la contribución que dan a la comunidad de las naciones y especialmente a Europa: la contribución de los valores humanos y sociales pasados por el crisol de la prueba». Y añadió que en la visita al Museo de las Ocupaciones y las Luchas por la Libertad se detuvo en oración en las habitaciones donde eran detenidos, torturado y asesinados los opositores del régimen: «Asesinaban a cerca de cuarenta cada noche. Es conmovedor ver hasta qué punto puede llegar la crueldad humana. Pensemos en esto», exhortó.
«A estas tres Naciones -prosiguió- las une una fuerte devoción mariana. Por ello, en las tres celebraciones eucarísticas, el santo Pueblo fiel de Dios que peregrina en esas tierras, ha renovado con María su “sí” a Jesucristo, suplicando a la Madre de Dios que continúe protegiendo y acompañando a sus hijos en estos momentos de su historia».
En la audiencia general el Papa también se refirió a la firma del Acuerdo provisional entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de obispos en China, del pasado sábado 22 de setiembre y anunció que hoy se publicará un mensaje dirigido a los católicos chinos y a toda la Iglesia universal.
«El Acuerdo –dijo- es el resultado de un largo y ponderado camino de diálogo, destinado a fomentar una colaboración más positiva entre la Santa Sede y las Autoridades chinas para el bien de la comunidad católica en China y para la armonía de toda la sociedad. Con este espíritu he decidido dirigir a los católicos chinos y a toda la Iglesia universal un Mensaje de fraternal aliento, que se publicará hoy».
Con el auspicio de que con ello «se pueda abrir una nueva fase en China, que ayude a sanar las heridas del pasado, a restablecer y mantener la plena comunión de todos los católicos chinos y a asumir con compromiso renovado el anuncio del Evangelio», el Papa exhortó a acompañar con oración y amistad a nuestros hermanos y hermanas chinos: «Queridos hermanos y hermanas, ¡tenemos una tarea importante! Estamos llamados a acompañar a con ferviente oración y amistad fraterna a nuestros hermanos y hermanas en China. Ellos saben que no están solos. Toda la Iglesia reza con ellos y por ellos. Pedimos a la Virgen, Madre de la Esperanza y Auxilio de los Cristianos, que bendiga y custodie a todos los católicos en China, mientras que para todo el pueblo chino invocamos de Dios el don de la paz».
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