Francisco visita a sorpresa un campo nómada

Francisco visita a sorpresa un campo nómada

En Pietralata, Roma, Francisco encuentra a las familias: «dejémonos predicar y curar por Jesús»

Todo el Pontificado en una sola visita parroquial. Acogida e integración, pastoral familias, misericordia para las situaciones de fragilidad. Todo el magisterio de Papa Francisco durante la tarde que pasó con los fieles en San Miguel Arcángel, en el barrio romano de Pietralata.

Francisco se puso inmediatamente el pañuelo que le regalaron los scouts. «Si me dices que no vas a misa porque estás cansado, yo te respondo: “¡Eres un tonto! Porque eres tú el que pierde: si vas a Misa recibes a Jesús y eres más fuerte para luchar en la vida”». El Papa subrayó el valor de la misa al reunirse con los scouts, a quienes preguntó: «¿Están con Jesús o con el diablo?». Después, el Pontífice confesó a cinco penitentes. Pero antes de llegar a Pietralata, para su visita a la parroquia romana de San Miguel Arcángel, quiso hacer una visita sorpresa a la comunidad nómada que se encuentra a poca distancia.

En el barrio de la periferia noreste de Roma, el Pontífice llevó a cabo la décima visita a las parroquias de su diócesis. Se trata de una pequeña Iglesia construida durante los primeros años del siglo XX; a su alrededor fue surgiendo el barrio. Pablo VI inauguró las casas populares que rodean la parroquia. Al encontrarse con los parrqouianos, el Papa dijo «La vida matrimonial no es fácil, hay problemas, a veces se discute –recordó el Pontífice. A veces incluso vuelan platos, puede suceder. Pero nunca hay que terminar el día sin hacer la paz, incluso sin palabras. Una cosa fea en el matrimonio es cuando existe el rencor o la frialdad después de haber peleado. Por eso nunca hay que terminar el día sin hacer la paz, por lo menos con un gesto».

Partiendo de las preguntas que algunos niños le hicieron sobre su vocación sacerdotal, el Papa habló sobre el matrimonio. Cuando se elige la vida sacerdotal, dijo, «se siente lo mismo que se siente cuando uno decide casarse, cuando un hombre elige a una mujer. Hay una seguridad interior de querer seguir adelante, porque se tiene la seguridad del amor. Tú me puedes decir que renuncié a muchas cosas, pero también en el matrimonio hay renuncias: si me caso con una persona renuncio a todos los demás, a la comodidad. La vida matrimonial no es fácil, ¿no?». Y respondió un coro unánime «¡Nooo!».

Francisco decidió visitar sorpresivamente el campo de nómadas de Ponte Mammolo, en donde fue recibido por la alegría de los habitantes, explicó el vocero de la Sala de prensa vaticana, el padre Federico Lombardi: «bromeó y recitó la oración del Padre Nuestro en español, impartió la bendición, saludando y bromeando, sin detenerse a dar apretones de mano o abrazos». En las estructuras improvisadas de la periferia romana viven muchos ecuatorianos, algunos polacos, rusos y eritreos, que trabajan sobre todo en el campo de la construcción.  Pero indicó, al encontrarse con una pareja de ucranianos, que todos los días reza por el pueblo de Ucrania y por la paz.

Después, en San Miguel Arcángel dialogó con muchos niños, antes de la Misa: «¿Ustedes dónde quieren estar? En la paz. ¿Y entonces por qué se pelean? SI ustedes tienen en el corazón celos contra los otros, comienza la guerra. Los celos no están del lado de Dios». Y habló de la guerra («una palabra fea, porque en las guerras se mata mucha gente; cae una bomba y se mueren todos») y sobre el padre de las guerras: «el diablo», que es también el padre del «odio, de las mentiras, porque no quiere la unidad. En cambio, Dios quiere la unidad, para Dios todos somos hermanos, es autor de la unidad y del amor». El diablo, dijo Papa Francisco, te lleva a «hacer algo que no es tuyo, todo empieza con la envidia, los celos. Un país quiere conquistar otro y hace la guerra, mata a mucha gente, la gente huye y vive en las calles. En el mundo hay demasiadas guerras, porque existe el odio. Y ¿quién siembra el odio? El diablo». Entonces, recordó a los pequeños, «cuando ustedes sientan en el corazón odio, celos, envidia, tengan cuidado, porque viene del diablo; cuando sientan la paz, viene de Dios. ¿Quién trabaja en nuestro corazón para que sintamos las cosas hermosas? El Espíritu Santo. No siento una paloma, sino siento que me hace sentir a Jesús».  Después Bergoglio invitó a todos a rezar «a la Virgen siempre, por la paz y para no caer en las guerras. Y recen también por mí».

Terminados los encuentros, comenzó la misa, en la que Papa Francisco recordó que «Jesús que predica es Jesús que cura: así era la vida de Jesús. Y también hoy, dejémonos predicar y dejémonos curar por Jesús». Este fue el consejo que Papa Francisco dirigió a los fieles durante la Misa celebrada esta tarde en la Iglesia romana de San Miguel Arcángel, en el barrio de Pietralata. «Nosotros estamos frente a Jesús en esta celebración: Jesús es el que preside, nosotros los sacerdotes estamos en su nombre, pero es él el que preside, el verdadero sacerdote que ofrece el sacrificio al Padre», dijo en la homilía. El Papa después pidió a los fieles que reflexionaran: «¿Yo me dejo predicar por Jesús? ¿O sé todo, o escucho otras cosas, los chismes de la gente, las historias…?».

«Escuchar a Jesús –indicó–, escuchar la predicación de Jesús. Pero, “¿Cómo hago esto, padre? ¿En cuál canal de la tele habla Jesús?”. Te habla en el Evangelio. Y esta es una costumbre que nosotros todavía no tenemos. Ir a buscar la Palabra de Jesús en el Evangelio». «Llevar siempre un Evangelio con nosotros, pequeñito, o tenerlo a la mano. Cinco minutos, diez minutos, o cuando estoy viajando, o cuando debo esperar: sacar el Evangelio del bolsillo o de la bolsa y leer algo. O en la casa. Y Jesús me habla, Jesús me predica, ahí. Es la Palabra de Jesús. Y debemos acostumbrarnos a esto. Tener este contacto cotidiano con el Evangelio. Rezar con el Evangelio, porque es así que Jesús me predica».

«Y Jesús –recordó el Papa– también curaba: déjense curar por Jesús. Todos nosotros tenemos heridas, todos; heridas espirituales, pecados o enemistades, celos. Tal vez no saludamos a algunos: “Me hizo esto o aquello y ya no lo saludo”». «Esto debe ser curado –advirtió el Papa. “¿Cómo?” Reza y pide a Jesús que cure eso. Es triste cuando en una familia los hermanos no se hablan por una estupidez. El diablo toma una estupidez y crea un mundo. Y luego las enemistades siguen adelante, incluso durante años. Se destruye la familia; los padres sufren porque los hijos no se hablan, la esposa de un hijo no habla con la otra; los celos, las nevidias: esto lo siembra el diablo, y el único que expulsa a los demonios es Jesús».  Por ello, añadió el Pontífice argentino, «déjense curar por Jesús. Cada uno sabe en dónde tiene la herida, cada uno de nosotros tiene heridas, no una, sino dos, tres. Pero debo abrir el corazón para que Él venga. Y, abiendo el corazón, decir: “Yo no puedo con esa gente, me hizo esto; cura este corazón Jesús”. Si se lo pedimos, nos dará esta gracia. Déjense curar por Jesús».

EL Papa concluyó insistiendo: «déjense predicar y déjense curar. Así yo también puedo predicar a los demás, enseñar las palabras de Jesús, porque yo me dejo predicar por él y puedo también ayudar a curar muchas heridas que existen». Cuando viene el obispo, continuó, «a hacer una visita a las parroquias, se hacen muchas cosas; se puede hacer un propósito bello, pequeñito: el propósito de leer cada día un pasaje del Evangelio, un pasaje pequeñito para dejar que Jesús me predique. Y el otro propósito… rezar para que yo me deje curar de las llagas que tengo. ¿De acuerdo? –bormeó con los fieles– ¿Firmamos? Hagámoslo, porque nos hará bien a todos».

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