Al recibir a los miembros de la Cgil, la primera confederación sindical italiana, el pontífice quiso recordar la importancia de humanizar el mundo del trabajo mientras la cultura del beneficio inmediato se difunde en muchas esferas.
"No hay sindicato sin trabajadores y no hay trabajadores libres sin sindicato", afirmó el Papa, quien se preocupó de señalar los peligros de "este sistema perverso llamado tecnocracia" que, en cierta medida, ha defraudado las expectativas de justicia laboral. Y esto requiere sobre todo un nuevo comienzo en el valor del trabajo, como lugar de encuentro entre la vocación personal y la dimensión social.
"El trabajo permite a la persona realizarse, vivir la fraternidad, cultivar la amistad social y mejorar el mundo", explicó Francisco, refiriéndose a sus encíclicas Laudato si' y Fratelli tutti que "pueden ayudar a emprender caminos de formación que ofrecen motivos para comprometerse en los tiempos en que vivimos".
El trabajo construye sociedad, prosiguió el Santo Padre, recordando que es “una primera experiencia de ciudadanía, en la que se configura una comunidad de destino, fruto del compromiso y de los talentos de cada uno”. Una comunidad que es “mucho más que la suma de las distintas competencias profesionales, porque cada uno se reconoce en la relación con los demás y para los demás”. Es en esta "red ordinaria de conexiones entre personas y proyectos económicos y políticos que el tejido de la 'democracia' cobra vida día tras día", explicó.
Entre las tareas del sindicato está la de “educar el sentido del trabajo, promover la fraternidad entre los trabajadores”, prosiguió el Papa a los miembros de la Cgil. Una inquietud educativa que no puede faltar, porque es “la sal de una economía sana, capaz de hacer del mundo un lugar mejor”.
"Dejar de invertir en las personas en nombre de una mayor ganancia inmediata es un mal negocio para la sociedad", explicó, citando a Laudato si'. El Papa también insistió en recordar las distorsiones del trabajo, “la cultura del descarte” que ha invadido también el mundo del trabajo.
El Santo Padre invitó así a los miembros de la Cgil a ser “centinelas del mundo del trabajo”, generando alianzas y no oposiciones estériles. “La gente tiene sed de paz, especialmente en este momento histórico, y el aporte de todos es fundamental. La educación para la paz, incluso en el lugar de trabajo, que a menudo está marcado por conflictos, puede convertirse en un signo de esperanza para todos. También para las generaciones futuras”, concluyó agradeciendo al sindicato su compromiso con los pobres, los inmigrantes, las personas vulnerables y discapacitadas y los desempleados.
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