Ya se ha puesto en marcha la máquina para organizar la visita del Pontífice del próximo 15 de septiembre que, según los cálculos, contará con la participación de alrededor de cien mil personas. Lorefice: «La presencia del Papa será para la Iglesia palermitana un momento de enorme riqueza»
Han pasado 25 años desde que fue asesinado el sacerdote Pino Puglisi, el párroco de Brancaccio “eliminado” por la mafia en Palermo el 15 de septiembre de 1993, día de su quincuagésimo sexto cumpleaños. También han pasado 5 años desde que, el 25 de mayo de 2013 en Palermo, el sacerdote siciliano fue proclamado beato, con una inédita tipología de martirio, que parece no tener antecedentes en toda la historia de fe cristiana: el martirio «por muerte de mafia». En estos aniversarios, la arquidiócesis de Palermo (después de la visita de Benedicto XVI en octubre de 2010) recibirá al Papa Francisco, que irá a la capital siciliana el 15 de septiembre de este año, aniversario del martirio de Pino Puglisi.
La presencia del Papa Bergoglio en Palermo ya ha puesto en marcha a muchas personas para la organización de este importante evento que, según los cálculos, contará con la participación de alrededor de cien mil personas. El entusiasmo por la próxima visita papal a Palermo es enorme, según indicó el arzobispo de Palermo, Corrado Lorefive: «Al Papa le pedimos que nos confirme en el entusiasmo del Evangelio. El Evangelio no puede no tener también implicaciones sociales, y creo que el Papa vendrá a confirmar todo esto, en el corazón del Mediterráneo, mirando todas las exigencias de este momento –dijo. La Iglesia no puede más que ser lúcida en el anuncio del Evangelio, cada hombre es imagen de Dios y debe ser respetado en su libertad, humanidad y dignidad. La presencia del Papa Francisco será para la Iglesia palermitana un momento de enorme riqueza».
El programa de la visita pastoral del Papa tendrá varios momentos. Entre ellos está la breve visita al lugar en el que el padre Puglisi fue asesinado. Sería erróneo considerar al párroco de Brancaccio un paladín anti-mafia, como explicó Lorefice: «No se puede comprender a Puglisi si no lo consideramos en el arco de su ministerio. Un ministerio de donación y de amor a la Iglesia, que representa la verdadera oposición a cualquier mentalidad y cultura mafiosa».
El padre Puglisi fue nombrado párroco de la iglesia de San Gaetano, en Brancaccio (suburbio palermitano tristemente conocido por la fuerte presencia de la mafia), el 29 de septiembre de 1990. En enero de 1993 inauguró el centro Padre Nuestro con la intención de ofrecer a los jóvenes y a las familias del barrio un lugar para compartir como Iglesia y de agregación social. Quienes conocieron a “Tres pes” (padre Pino Puglisi) en ámbito escolar, como maestro de Religión, lo recuerdan siempre sereno y contento de ser un sacerdote, o, mejor, como le gustaba definirse, un «presbítero». No por lo que indica la etimología del término (“presbyteros” significa “el más anciano”), sino porque ese término le recordaba el presbiterio, el lugar en donde se encuentra el altar y, por lo tanto, la particular cercanía con el misterio y el sacrificio de Cristo, que lo llenaba de alegría y de orgullo por ser un sacerdote.
El motivo del asesinato de Pino Puglisi se relaciona con su actividad pastoral (según se deduce de los documentos de las investigaciones judiciales) en el barrio de Brancaccio. Los responsables del homicidio tenían relaciones con la “cosca” mafiosa de Filippo y Giuseppe Graviano. Puglisi estaba bien consciente de los peligros que corría y, por este mismo motivo, decidió (en los últimos tiempos) no volver a su casa acompañado por sus jóvenes colaboradores para no exponerles a los peligros. El asesino, el 15 de septiembre por la tarde, le esperaba precisamente fuera de su casa. Ante la pistola que le apuntaba Giuseppe Grigoli solamente tuvo el tiempo para afirmar, con la tranquilidad que siempre lo caracterizó: «¡Me lo esperaba!».
La vida de Puglisi estuvo completamente dedicada al servicio de Cristo y del Evangelio. Un servicio que no puede ser improvisado y que puede reconocerse en un proceso de crecimiento de amor, vivido hasta las últimas consecuencias, por las personas que conoció. Todo ello se puede apreciar, con absoluta evidencia, en un raro texto que escribió Pino Puglisi en 1974: «Tendría 21 o 22 años cuando Cristo se convirtió para mí en una persona, en un amigo […] Me escuché dialogar con Él. Lo sentí verdaderamente cerca, a mi lado como cualquier otra persona, otro de los compañeros, pero de los que son más amigos… Cada instante de mi día se lo contaba a Él, siempre lo sentía cerca. Y esta relación “personal” continuó. Después llegó otro factor: lo que has hecho a los más pequeños de mis hermanos, lo has hecho a mí. Así Jesucristo estaba presente también en los demás. Al convertirme en sacerdote comprendí y sentí la exigencia de ir más a fondo».
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