Francisco y el Pacto Mundial Migratorio

Francisco y el Pacto Mundial Migratorio

Por Hernán Bernasconi

Los argentinos somos el resultado de una historia caracterizada por las migraciones. Primero, de España, por la conquista tras la ruta del oro. Un segundo momento estuvo marcado por las continuas olas inmigratorias europeas. Las causas fueron "hacer la América" y volver, las guerras, las crisis económicas y las hambrunas. Las inmigraciones en nuestro país fueron de tal magnitud que, según Lucía Gálvez, registramos el récord de ser el único caso de una ciudad capital que en cierto momento —1914— tuvo más habitantes extranjeros que nativos. Ello, sumado a la mezcla del criollo y el aborigen, dio lugar a una identidad mestiza con fuerte predominio de lo europeo. En general, la Argentina promovió la inmigración, "gobernar es poblar", y fue generosa en el acogimiento e integración de los inmigrantes.

Hoy los observatorios de la realidad global dicen que hay 258 millones de personas migrantes. Uno de cada treinta habitantes del planeta. Un 48% son mujeres y 50 millones son niños. El tránsito está expuesto a graves peligros, y la recepción y el acompañamiento tienen matices donde no está ausente la conflictividad social.

El Papa en Lampedusa

La primera salida del papa Francisco, latinoamericano y argentino, no casualmente hijo de inmigrantes, fue a la isla siciliana de Lampedusa, donde llegan miles de refugiados por mes desde las costas del norte de África y del noroeste asiático que quieren ingresar a Europa desde hace dos siglos. En ocasión de esa visita, en el mes de julio de 2013, refiriéndose a los muertos por las tragedias de los naufragios que ocurren de continuo, dijo Francisco: "¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos? Ninguno. Todos respondemos: 'Yo no he sido, yo no tengo nada que ver, serán otros, pero yo no'. Hoy nadie se siente responsable, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos caído en el comportamiento hipócrita".

Claro que muchas veces la tragedia no ocurre en el mar sino en el propio país de acogida, como es el caso de las amenazas a las que están expuestos los pibes inmigrantes en los asentamientos del Gran Buenos Aires (paco, infecciones, sida, enfrentamientos con otras bandas y con la policía, etcétera).

En nuestro país en los últimos cincuenta años llegaron inmigrantes de los países hermanos de Paraguay, Bolivia y Perú. Durante las últimas décadas llegaron a superar más de un millón de inmigrantes indocumentados asentados en el Conurbano bonaerense y la capital. Nuestros gobernantes carecieron y carecen de control, registros, política de acogimiento a inmigrantes y de tierras, razón por la cual en gran parte habitan en asentamientos o villas de emergencia en condiciones infrahumanas.

Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regulada

Con la participación del secretario de Estado del Vaticano en representación del papa Francisco, en el mes de diciembre pasado, 160 naciones reunidas en el ámbito de la ONU en Marruecos aprobaron el pacto. Con el voto de 152 países a favor, 5 en contra y 12 abstenciones (el único país latinoamericano que no votó a favor fue Chile), la Asamblea aprobó el proyecto reafirmando el compromiso de la ONU con el Pacto Mundial una semana más tarde.

La posición favorable del Papa Francisco

El derecho a no migrar. Lo primero que dijo el Papa: "Apelar a los gobiernos y la comunidad internacional para fomentar aquellas condiciones que podrían permitir que las comunidades y los individuos vivan con seguridad y dignidad en sus propios países". Lo primero es el derecho a vivir con dignidad en su propio país.

Claro que "los conflictos, las guerras, el cambio climático y la pobreza extrema con su serie de miserias inevitablemente obligarán a muchas personas a la migración insegura, desordenada e irregular, por lo cual no es una opción, sino un acto de desesperación".

Frente a las migraciones inevitables el Santo Padre, con suma claridad y sentido práctico, señaló que en esta materia: "El primer paso es recibir, el segundo es acompañar, el tercero es promover al migrante, y el cuarto paso, integrarlo".

Y desde la persona hay que "abrir el corazón" y "tender puentes". No construir muros en los cuales la persona o la nación que los construye quedarán encerradas.

Los 23 puntos del Pacto

En una apretada síntesis ellos son: tener datos exactos de los procesos migratorios; reducir los factores adversos y estructurales (pobreza extrema, los conflictos bélicos, etcétera); velar por la documentación personal; proteger las vías de tránsito normales; garantizar el trabajo decente; proteger las vidas de los migrantes; perseguir el tráfico ilícito de migrantes; prevenir y combatir la trata de personas; facilitar los procedimientos migratorios. En principio, evitar la detención de migrantes y proceder a esta únicamente y solo como último recurso buscando otras alternativas. Mejorar la cooperación consular; procurar servicios básicos a los migrantes; eliminar toda forma de discriminación; facilitar el regreso; procurar la inclusión financiera de los migrantes; establecer mecanismos de seguridad social y fortalecer la cooperación internacional.

Comentá la nota