Francisco: “Cuando damos y perdonamos, la gloria de Dios brilla en nosotros”

Francisco: “Cuando damos y perdonamos, la gloria de Dios brilla en nosotros”

Durante el rezo del Ángelus, el Papa centró su meditación en la Cruz como manifestación suprema de la gloria de Dios. Allí revela el verdadero rostro de la misericordia, entregándonos su vida y perdonando a quienes lo crucificaron.

Durante el rezo mariano del Ángelus, el Papa centró su meditación en la Cruz, como manifestación suprema de la gloria de Dios. Una gloria que no se corresponde con la que ofrece el mundo, centrada en éxitos fugaces sino, más bien, una revelación del verdadero rostro de la misericordia de Dios a través del don y el perdón de Cristo.

El Evangelio del día, continuó, indica cómo el don y el perdón de Cristo corresponden a la espera de Dios, para quien la gloria es amar hasta dar vida. “Glorificarse, para él, es darse, hacerse accesible, ofrecer el propio amor. Y esto culminó en la Cruz, donde Jesús mostró al máximo el amor de Dios, revelando plenamente el rostro de la misericordia, entregándonos su vida y perdonando a quienes lo crucificaron”, indicó el pontífice.

El sucesor de Pedro quiso recordar cuán alejada está la gloria divina del éxito humano, vinculado a la fama o la popularidad. También lo distinguió de la grandiosa demostración de poder. “Esta gloria mundana pasa y no deja gozo en el corazón; ni conduce al bien de todos, sino a la división, a la discordia, a la envidia”, señaló.

En cambio, la culminación de la gloria de Dios que es la Cruz, revela plenamente el rostro de la misericordia de Dios. En la Cruz, continuó Francisco, “el don y el perdón, esencia de la gloria de Dios, son para nosotros el camino de la vida”. Unos criterios muy diferentes de la gloria como búsqueda del éxito mundano.

A los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, el Papa los invitó a elegir qué camino seguir para alcanzar la gloria de Dios: “¿El de impresionar a los demás con mis proezas, mis habilidades o las cosas que poseo? ¿O el camino del don y del perdón, el camino de Jesús crucificado, el camino de quien no se cansa de amar, confiado en dar testimonio de Dios en el mundo y hacer brillar la belleza de la vida?".

“Recordemos”, dijo, “que cuando damos y perdonamos, la gloria de Dios brilla en nosotros”. El Papa finalizó la oración mariana invocando a la Virgen María, que siguió con fe a Jesús en el momento de su Pasión: “Que ella nos ayude a ser reflejos vivos del amor de Jesús”.

Comentá la nota