Nuestra querida Yeshivat Emuná cumple 40 años. Cuatro décadas que han visto el trabajo y la entrega de varias generaciones de mujeres y hombres idealistas dedicados a formar mentes, y a educar a nuestros alumnos para vivir la síntesis entre nuestra tradición eterna aun frente a los desafíos del mundo moderno.
Para celebrar este logro tan importante, un “nuevo” integrante se une a nuestra familia. Pero este invitado de honor no es nuevo en absoluto. De hecho, ha recorrido un largo camino en el espacio y en el tiempo, a través de pruebas dificilísimas.
Esta es la historia de nuestro “nuevo” Sefer Torá.
El nacimiento en las sombras
Imaginemos la Ucrania de 1930. Una época de profunda oscuridad. El régimen soviético cerraba Batei Kneset, perseguía la religión y trataba de ahogar cualquier expresión de vida judía. En ese ambiente de miedo y opresión, como un acto impresionante de resistencia espiritual, un Sofer se sentó a trabajar. No conocemos su nombre, pero sí sabemos que era un gran experto: trazó cada letra con precisión halájica, y utilizó pergamino de becerro de la más alta calidad.
Además, nuestro Sofer hizo algo extraordinario. Tradicionalmente, la tinta utilizada en los Sifrei Torá se oxida con los años, y su color negro intenso cambia con el tiempo a un tono café rojizo. Sin embargo, este Sofer poseía una fórmula secreta, un ingrediente guardado celosamente en algunas comunidades de Ucrania -y que hoy está perdido- que evitaba esta oxidación. Al preparar su tinta, podemos imaginarlo pensando: “este Sefer Torá podrá ser utilizado para siempre…” A pesar de que el mundo judío a su alrededor estaba a punto de desaparecer por el antisemitismo soviético y por el Holocausto, él escribió para la eternidad, asegurándose de que la belleza, la juventud y el negro intenso de las letras permanecieran intactos para las generaciones futuras.
El escape y el silencio
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la inminente Shoá, este Sefer Torá cruzó el océano. Fue rescatado de un mundo en llamas por aquellos judíos que dejaron atrás sus casas y sus pertenencias, pero que no abandonaron a su Sefer Torá.
No conocemos “la escena exacta” de su salvación, si fue justo antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, o en medio de ella. Pero sí sabemos que fue traído a América por un inmigrante, que, en medio del caos, decidió cargar con una Torá. Eligió no soltar la cadena. Así llegó a Nueva York, donde le dio consuelo y esperanza a una comunidad de sobrevivientes.
Con el paso de las décadas, esa generación envejeció. Los hijos se mudaron, la comunidad se transformó y, finalmente, las puertas de aquel Beit Kneset neoyorquino se cerraron. Nuestro Sefer Torá, con sus letras aun perfectamente negras, fue guardado. Pasó años en el silencio y en la oscuridad, hasta que fue rescatado por Majón Ot, y llevado a Israel.
El renacimiento
Hoy, ese mismo Sefer Torá que desafió a los soviéticos y sobrevivió a la Shoá y a la guerra más devastadora de la historia, ha sido despertado.
Como una expresión más de Torá Umadá, nos aseguramos de cuidar nuestra milenaria Mesorá con las herramientas del mundo moderno. El Sefer Torá fue escaneado por las sofisticadas computadoras de Majon Ot en Israel, y también revisado minuciosamente por un mashguiaj experto, confirmando lo que ya sabíamos: su belleza está intacta, es cien por ciento Kasher y está listo para que nosotros en Yeshivat Emuná lo preparemos para que pueda volver a ser leído.
Que nuestra Torá conserve todavía su escritura intacta, casi un siglo después, no es solo un detalle técnico: es como si cada letra hubiera sido escrita con la intención de resistir el tiempo, las distancias y las innumerables dificultades para que pudiera seguir hablando cuando llegara el momento adecuado.
Y aquí es donde su historia se vuelve la nuestra.
Que este Sefer Torá haya cruzado el siglo XX y haya llegado a nosotros no es “magia”; es el resultado de decisiones humanas concretas: alguien lo escribió a pesar del peligro con yirat shamáyim; alguien lo protegió en el medio de circunstancias brutales; alguien lo decidió salvar a pesar de que eso seguramente implicó abandonar lo demás; alguien le dio un nuevo hogar en Nueva York; alguien eligió no dejarlo morir en el almacén de un Beit Kneset cerrado y nosotros -hoy- decidimos darle un espacio para volver a ser amado. Porque un Sefer Torá puede estar físicamente intacto, y sin embargo “no estar viviendo” plenamente si no se le lee, si no se le baila, si no se le escucha…
Y cuando llegue la Hajnasat Sefer Torá, no estaremos inaugurando “un objeto”. Estaremos recibiendo a un miembro de nuestra familia que nos necesitaba y al que nosotros estábamos esperando.
La resiliencia de nuestro pueblo está grabada en este klaf, y su renacimiento ocurrirá cada vez que uno de nuestros alumnos se acerque a besarlo, lo estudie y lo haga suyo.
Preparémonos para recibirlo con todos los honores que merece. Ha esperado casi un siglo para estar en casa.
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