Herbert Caller, candidato presidencial del PPP, apela al voto evangélico y llega al debate presidencial invocando a los dioses indígenas.
El candidato presidencial Herbert Caller, del Partido Patriótico del Perú (PPP) llegó hasta el Centro de Convenciones de Lima para participar del debate presidencial 2026 tocando un 'pututo'. Es una trompeta ceremonial de origen andino; fabricado usualmente por caracolas marinas o cuernos (en el caso de Caller era un cuerno).
Este instrumento es usado desde tiempos incas y pre-incaicos para emitir sonidos graves que convocan a reuniones, anuncian eventos o se usan en rituales. Tras hacer uso del instrumento expresó: "Es el llamado a los apus, a los dioses. Es un pututo entregado en la capital aymara. (...) He sido el único candidato presidencial que ha acudido al llamamiento e invitación para el debate presidencial [en Puno], el único, lo mismo cuando pasó para la provincia de Huamanga en la región Ayacucho, el único candidato". No se trata de una metáfora casual, sino de un gesto deliberado que él mismo vincula con dioses o entidades espirituales andinas.
Los apus son espíritus tutelares de las montañas, protectores de comunidades y territorios, figuras centrales en rituales. No es una religión institucional sino una cosmovisión espiritual indígena y un vínculo simbólico con pueblos originarios.
Es decir, en su mensaje se apropia de un lenguaje que históricamente ha sido usado por movimientos indígenas o comunitarios para mostrarse como un candidato que “escucha” y “respeta” a las comunidades indígenas.
En busca del voto evangélico
Lo curioso es que junto a esta puesta en escena de una espiritualidad ancestral, intenta atraer el voto del pueblo evangélico con un discurso militar patriótico y un moralismo que no se basa en la fe cristiana sino en un concepto cívico-religioso más bien sincretista. Mezcla dioses y apus, patria y familia, orden y trascendencia, cultos ancestrales y fe cristiana, en una amalgama alejada del contenido de la Biblia.
Pero en su publicidad une este sincretismo de su agenda política con la sensibilidad evangélica en cuanto a algunos de los valores conservadores. Incluso añade el nombre de iglesias o denominaciones evangélicas en su publicidad institucional, como si fuese un partido que integra a evangélicos, cuando hasta la fecha no se conoce a ningún integrante destacado en el organigrama de sus filas.
Tampoco hay evidencia de pastores o federaciones evangélicas apoyando a Caller, o propuestas explícitas suyas sobre educación religiosa, objeción de conciencia, o políticas de familia típicas del interés evangélico. Ni siquiera eventos de campaña en iglesias o con redes pastorales.
Por todo ello el PPP parece estar probando el terreno para captar votantes evangélicos sin comprometerse con sus ideales o preocupaciones salvo en aspectos muy generales. Es decir, quiere “pescar en aguas evangélicas”.
En Perú, los evangélicos se estiman en más del 15% de la población, dentro de un contexto regional donde el evangelismo crece continuamente. No todo ese 15% vota “en bloque”, pero es un segmento decisivo en elecciones fragmentadas.
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