Ejercicios Espirituales; una oración por Siria y por quienes se suicidan

Ejercicios Espirituales; una oración por Siria y por quienes se suicidan

Durante las quinta y sexta meditaciones, el padre Michelini reflexionó sobre el gesto extremo de Judas y sobre el proceso contra Jesús. Llegó un correo electrónico desde Alepo que narra el calvario de la población

Por SALVATORE CERNUZIO

 

Asumen un tono más oscuro las meditaciones de los Ejercicios Espirituales de Cuaresma del Papa y de la Curia, en Ariccia. En el centro de las oraciones estuvo el drama de Siria, después del correo electrónico que envió un franciscano desde Alepo para narrar el «calvario de la población», según refirió con un «tuit» «L’Osservatore Romano». La quinta reflexión del franciscano Giulio Michelini, que fue pronunciada hoy por la mañana, se concentró en el delicado tema de los suicidios: la muerte asistida, los de muchos jóvenes, y ese suicidio «incómodo y embarazoso» de Judas, el traidor, quien, desechado y arrepentido, no fue acogido por los pastores que eran intelectuales de la religión y que tenían una moral hecha con base en su inteligencia y no con base en la revelación de Dios, como dijo el Papa en una homilía en la capilla de la Casa Santa Marta. 

 

La historia del apóstol, corroído por el arrepentimiento de haber entregado al Mesías que lo había acogido, concluye con un gesto extremo que el Evangelio de Mateo no oculta. Un hecho «con el que la Iglesia no tiene miedo de hacer cuentas», pero del que nació «una obra de misericordia»: con esas treinta monedas que Judas inútilmente trató de devolver a los sacerdotes se construyó, de hecho, un cementerio en Jerusalén para la sepultura de los extranjeros. 

 

Lo que quedó oculto, por el contrario, son los motivos que pudieron haber llevado a Judas a traicionar a Cristo. El padre Michelini trató de reflexionar al respecto citando, como en las meditaciones anteriores, textos de estudiosos y de escritores. Romano Guiardini y Amos Oz, por ejemplo, que dedicaron páginas enteras a esta figura, o Alessandro Manzoni que en los «Prometidos» describió la conversión del Innombrable que tiene la tentación de suicidarse hasta que no escucha el sonido de las campanas. O el autor francés Emmanuel Carrère, que en su libro «El Reino», de 2014, cuenta haber abrazado la fe durante tres años y después haberla perdido nuevamente. Una hipótesis, de hecho, es que Judas en determinado momento perdió la fe, observó el predicador. Un peligro que acecha a cualquiera: «Tenemos pocas justificaciones para hablar con indignación sobre el traidor. Judas nos revela a nosotros mismos». 

 

Y entonces, ¿qué hacer por los Judas de nuestro tiempo? ¿Por aquellos que ha perdido o se han alejado de la fe? Hay que ir a su encuentro, afirmó el padre Michelini, adentrarse en las tinieblas que acechan la existencia de quien vive sin Dios. Hay jóvenes en su comunidad, explicó el fraile, que dos veces al año llevan a cabo misiones populares yendo a bailar por las calles o evangelizando en las discotecas y bares: «Se burlan de ellos», contó, «yo, naturalmente, como profesor, nunca me permitiría hacer algo así, por lo que bromeo con mis hermanos. Pero ellos saben cuán importante es para mí que haya alguien allí en donde está lo que no querríamos ver, tal vez hay jóvenes desesperados…». Jóvenes, y muy jóvenes, que no lo piensan dos veces antes de matarse. Solamente el año pasado, indican datos recientes, hubo 4 mil suicidios solo en Italia.  

 

Entonces, se preguntó el padre Michelini, «¿cómo podemos ayudar a los cristianos de nuestro tiempo a no perder la fe, a recobrar la conciencia de la propia fe, esa de la que habla el Nuevo Testamento, la fe alegre, totalizador, la adhesión a la persona de Jesús; qué podemos hacer para que ya no sucedan estos suicidios?». 

 

En la sexta meditación, de hoy por la tarde, en la que colaboraron los esposos Mariateresa Zattoni y Gilberto Gillini, con quienes trabaja el religioso desde hace varios años predicando ejercicios espirituales para familias y en otros cursos de formación, reflexionó sobre el proceso contra Jesús. Primero se detuvo para hablar sobre la decisión de Poncio Pilatos entre Jesús y Barrabás: un hecho aparentemente descontado, pero que reviste una gravedad inaudita si se observa desde una dimensión humana: «Dos hombres, uno frente al otro como chivos, solo uno sobrevivirá». 

 

El padre Giulio explicó que todo esto es importante para comprender la eficacia de la sangre de Jesús para el perdón de los pecados. Y una vez más citó una novela: «Sophie’s Choice», de William Styron. Al final, la meditación se dirigió hacia otra figura poco considerada: la esposa de Pilatos. Su voz, tenue y femenina, irrumpe en el juego de poder masculino de la complicidad entre un sumo sacerdote y Pilatos. Sin embargo, lo hace mediante un mensajero, «porque mientras los hombres juegan su partida no se le permite acercarse». La esposa de Pilatos puede esgrimir su legitimidad frente a estos dos hombres porque, explica, «ha sufrido mucho» debido a ese «justo», Jesús. Pero Pilatos no escucha a su esposa, pues «sólo está interesado en conservar el poder».

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