Documento de ACIERA: "Argentina, como salir del laberinto"

Documento de ACIERA:

Los siguientes seis puntos, son el resumen del documento que sigue a continuación:

* Con dolor asistimos a la fuerte desorientación que manifiestan en palabras y acciones la mayoría de los argentinos.

* Las noticias que día a día involucran a compatriotas que sufren la realidad imperante, agravan aún más las causas de la incertidumbre general.

* Semejante descomposición tanto a nivel local como a escala mundial, es natural que produzca desánimo, desaliento y una baja en las expectativas acerca del futuro que nos espera.

* Sin embargo, bajar los brazos y rendirse es lo último que debería recomendarse ante semejante cuadro.

* Desde la Alianza Evangélica Argentina, queremos animar a todo el pueblo de la nación a levantar la mirada.

* Podemos y debemos orar. Podemos y debemos arrepentirnos. Y ver el futuro de esperanza y prosperidad que la Argentina alcanzará objetivamente. Porque "la Justicia engrandece a la nación". Y el efecto de la Justicia será paz y seguridad para la sociedad en la Argentina. Porque si buscamos a Dios, en Él encontraremos el rumbo, la fuerza y voluntad para cambiar esta realidad.

DOCUMENTO AMPLIADO:

Con dolor asistimos a la fuerte desorientación que manifiestan en palabras y acciones la mayoría de los argentinos. Los hechos de la realidad marcan imágenes que explican el estado de desánimo, incredulidad y escepticismo de muchos.

Sin dudas, el drama que rodea el fallecimiento de un modo tan oscuro del fiscal de la causa AMIA, agregó una cuota de mayor conmoción al estado general de la opinión pública. El clima de enfrentamiento de grupos de interés no contribuye a mejorar la situación, sino que ahonda aún más la grieta social. Y si la violencia se convierte en el principal medio de comunicación de las facciones enfrentadas, el que sufrirá aún más la sinrazón y angustia será el pueblo argentino.

Las noticias que día a día involucran a compatriotas que sufren hechos de violencia e inseguridad, que se suman al crecimiento del narcotráfico que afecta con mayor crudeza crudamente a jóvenes, adolescentes y niños más la lamentable realidad de quienes deberían estar en prisión (por actos ilegales y de corrupción), a raíz del deficiente funcionamiento del sistema de justicia, circulan libremente, creando una percepción generalizada de impunidad preocupante al extremo. Los índices de pobreza que comienzan a mostrar un deterioro extremo, a pesar de los logros alcanzados, y el estado crítico de la educación, agravan aún más las causas de la incertidumbre general.

Ver en el siglo XXI cómo queman vivo a un ciudadano en Oriente Medio, cómo asesinan los grupos fundamentalistas islámicos a quienes profesan la fe cristiana en Jordania o cómo se consuma una masacre en una revista de París, suman imágenes dantescas al escenario global.

Semejante descomposición tanto a nivel local como a escala mundial, es natural que produzca desánimo, desaliento y una baja en las expectativas acerca del futuro que nos espera. Peor aún, puede levantar la creencia que “sin ley y orden” es posible vivir, lo que acarrearía un peligroso clima de anarquía.

Sería especular, imprimirle a este angustiante diagnóstico un carácter político partidario, o religioso sectorial. Vemos, sentimos, escuchamos, vivimos, sufrimos esta realidad, como cualquier ciudadano. Al describirla, no lo hacemos por política partidaria o religiosa. En sí, ningún partido político ni religión pueden dar respuestas de transformación a esta situación por sí solos.

Sin embargo, bajar los brazos y rendirse es lo último que debería recomendarse ante semejante cuadro. Pero, ¿Por qué intentar “algo” si nada puede cambiar? Cabe aquí mencionar la expresión de M. L. King “No me preocupa tanto la gente mala sino el espantoso silencio de la gente buena”.

Lo cierto es que el carácter, la fuerza de ánimo, la determinación y la FE en un futuro que puede y debe cambiar, son cualidades que han estado presentes en todos aquellos que han sido usados por Dios para transformar su historia, LA historia. Cristóbal Colón, Martín Lutero, Abraham Lincoln, José de San Martín, Manuel Belgrano, Nelson Mandela, Mahatma Ghandi, Martin Luther King, entre tantos otros, avanzaron con FE y determinación en medio de las más adversas circunstancias, hasta ver consumados los sueños que los embargaron. Hubo un estilo de vida íntegro en estos valientes, como hilo conductor. Ganaron para muchos la esperanza que habían perdido.

Siguieron ellos el camino de decidir mirar a Dios, porque es un camino de redención. Si como sociedad nos volvemos a Dios, nos arrepentimos de nuestros malos caminos, y avanzamos hacia principios de equidad, justicia, transparencia, familia, progreso, fraternidad, que la Biblia ofrece como manual excelente de conducta para la felicidad del pueblo, entonces el Dios y Padre de nuestra nación, como fuente de toda razón y justicia, nos ayudará a recuperar el rumbo hacia el destino de grandeza que fue diseñado para la Argentina, y que nuestros antepasados comenzaron a moldear con sus valores, esfuerzo y vocación.

Enfrentemos con el bien al mal. Comprometámonos con la realidad que nos toca de cerca cada día. Seamos contagiadores de esperanza. Afirmemos nuestras conductas en la honestidad de cada acción cotidiana. Levantemos a la familia como vínculo fundamental de la sociedad. Luchemos por ellos. Creamos en que nuestras acciones mancomunadas valen, y mucho, en un proceso de transformación ética y moral de la Argentina.

Demos lugar a Dios en la Argentina. Si nos unimos como nación en pos de semejantes principios y fundamentos veremos el amanecer de un nuevo día para todos.

Desde la Alianza Evangélica Argentina, queremos animar a todo el pueblo de la nación a levantar la mirada. Podemos y debemos orar. Podemos y debemos arrepentirnos. Y ver el futuro de esperanza y prosperidad que la Argentina alcanzará objetivamente. Creemos en la unidad de todos los argentinos. Seguiremos trabajando para colaborar en obtener consensos. Para alcanzar la concordia necesaria que la sociedad argentina necesita para resolver sus problemas.

Porque “la Justicia engrandece a la nación”. Y el efecto de la Justicia será paz y seguridad para la sociedad en la Argentina. Porque si buscamos a Dios, en Él encontraremos el rumbo, la fuerza y voluntad para cambiar esta realidad.

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