"A Dios no lo encuentra quien busca milagros; Él está en la realidad cotidiana", dijo el Papa

Acoger a Jesús no significa experimentar sensaciones nuevas sino estar dispuestos y humildes para aceptar sus caminos sin quejas o sospechas, aseguró. Dios “se presenta como no lo esperamos, también, en la Iglesia de hoy tal como es", dijo.

El papa Francisco invitó, este domingo 30 de enero, a los fieles y peregrinos de todo el mundo congregados en la Plaza de San Pedro para el rezo de la oración mariana del Ángelus, a "no rechazar los caminos de Dios" y a acoger a Jesús con humildad y disposición, "sin cerrarnos a sus novedades, ni permanecer fijos en nuestras posiciones".

Desde la ventana del palacio apostólico del Vaticano, Francisco reflexionó sobre el Evangelio del día, que narra cómo Jesús fue rechazado por la gente de su propio pueblo, en su primera predicación en Nazaret. “Jesús se presenta como no lo esperábamos, afirmó el Papa, y nos pide que aceptemos sus caminos”.

“Nadie es profeta en su tierra”: una frase que aún hoy se escucha a menudo, pronunciada por Jesús en Nazaret, en el pasaje evangélico de san Lucas, cuando tras predicar en la sinagoga de su lugar de nacimiento, donde todos sabían que era hijo de José, el carpintero, sus conciudadanos, asombrados al oírlo hablar e incrédulos, no sólo no lo comprenden, sino que se oponen a él.

“Querían milagros, explicó el papa Francisco, señales prodigiosas, pero no los hace. El fracaso de su primera predicación, observó el Papa, fue sin embargo de algún modo previsto, Jesús lo esperaba”.

Y agregó: “Entonces podemos preguntarnos: ¿por qué, si prevé el fracaso, se va de todos modos a su tierra? ¿Por qué hacer el bien a las personas que no están dispuestas a recibirte? Esta es una pregunta que nos hacemos a menudo. Pero es una pregunta que nos ayuda a comprender mejor a Dios”.

“Él, frente a nuestros rechazos, no se detiene: no detiene su amor. Frente a nuestros cierres continúa. Vemos un reflejo de esto en aquellos padres que son conscientes de la ingratitud de sus hijos, pero no dejan de amarlos y hacerles bien por ello. Dios es así, pero en un nivel mucho más alto. Y hoy también nos invita a creer en el bien, a no dejar piedra sin remover en hacer el bien”, dijo el Papa.

Acoger a Jesús en la realidad cotidiana

La gente de Nazaret no fue acogedora con Jesús, señaló el pontífice, “¿y nosotros? Preguntó y sugirió “mirar los dos modelos de acogida propuestos por el mismo Jesús. Son dos extranjeros: una viuda de Sarepta de Sidón que acogió a Elías, a pesar del hambre, y Naamán, el sirio, que dio crédito y confianza a Eliseo, no después de haber pasado ambos por pruebas.

La viuda y Naamàn -subrayó Francisco- acogieron a los dos profetas “con disponibilidad y humildad”. La manera de acoger a Dios es esta, prosiguió, así se expresa la fe y ellos “fueron dóciles, no rígidos y cerrados”.

Hermanos y hermanas, Jesús también sigue el camino de los profetas: se presenta como no lo esperábamos. Aquellos que buscan milagros, nuevas sensaciones, una fe hecha de poder y signos externos, no la encuentran. En cambio, lo encuentran quienes aceptan sus caminos y sus desafíos, sin quejas, sin recelos, sin críticas y sin caras largas. En otras palabras, Jesús les pide que lo acojan en la realidad cotidiana que vivís; en la Iglesia hoy, tal como es; en quien tenemos cerca cada día; en los necesitados”.

El Papa invitó a interrogarse cómo nos colocamos ante el Señor, si como sus conciudadanos creemos “lo sabemos todo de él”, creemos conocerlo bien “con nuestras ideas y nuestros juicios”, arriesgándonos a cerrarnos a la novedad de Jesús y a permanecer “fijos en nuestras posiciones”.

El Señor nos pide “una mente abierta y un corazón sencillo”, concluye Francisco y señala a María como modelo de humildad y disponibilidad. Que ella “nos muestre el camino para recibir a Jesús”.

Saludos tras el Ángelus

Hoy se celebra la jornada mundial de los enfermos de lepr. Expreso mi cercanía a todos los que sufren esta enfermedad y deseo que no les falte el apoyo espiritual y la asistencia sanitaria. Hay que trabajar juntos en la plena integración de estas personas, superando cualquier discriminación asociada que sigue golpeando todavía a tanta gente, especialmente en contextos sociales más desfavorecidos.

Pasado mañana, el 1 de febrero, en todo el extremo Oriente y en diversas partes del mundo se celebra el fin de año lunar. En esta circunstancia envió mi cordial saludo y deseo que, en el nuevo año, todos puedan disfrutar de la paz, la salud y una vida serena y segura.

Qué bonito cuando las familias encuentran momentos para poder reunirse y vivir juntas momentos de amor y de alegría. Muchas no podrán reunirse a causa de la pandemia. Espero que pronto podamos superar esta prueba. Deseo, finalmente, que gracias a la buena voluntad de cada persona y a la solidaridad de los pueblos, la familia humana pueda alcanzar con renovado dinamismo la prosperidad material y espiritual.

 

En la víspera de la fiesta de San Juan Bosco, quiero saludar a los salesianos y salesianas, que tanto bien hacen en la Iglesia. Seguí la misa celebrada en el santuario de María Auxiliadora por el rector Mayor Angel Fernández Artime. He rezado con él por todos. Pensemos en este gran santo, padre y maestro de la juventud, que no se encerró en la sacristía ni en sus cosas y salió a las calles a buscar a los jóvenes, con su característica creatividad. Felicidades a los salesianos y salesianas.

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