El Congreso Eucarístico se abrió con una condena a la corrupción y el narcotráfico

El Congreso Eucarístico se abrió con una condena a la corrupción y el narcotráfico

Ante una multitud que los organizadores calcularon en 75.000 personas, el arzobispo Zecca pronunció una homilía de fuerte tono político Fue el primer encuentro que propuso el Congreso en la Ciudad Eucarística, montada en el hipódromo. Emoción, música y alegría

“Se inicia la transmisión desde la ciudad de Tucumán hacia todo el mundo, en el año del Bicentenario”, anunció la locutora y así se puso en marcha la inauguración oficial del XI Congreso Eucarístico Nacional. Según los organizadores participaron alrededor de 75.000 fieles de todo el país, quienes colmaron la Ciudad Eucarística que funciona en el hipódromo.

El coro de niños entonó con sus voces suaves el Himno del Congreso: “Argentina, canta y camina”, con el que recibieron a 150 cardenales y obispos. Ellos desfilaron hacia el altar, adornado con 300 copones, 10 cálices y 200.000 hostias. La Santa Misa fue oficiada por el arzobispo de Tucumán, Alfredo Zecca, y concelebrada por los sacerdotes Marcelo Barrionuevo Guillermo Cassone. En representación del Papa se encontraba el cardenalGiovanni Re

Zecca les dio la bienvenida a los peregrinos y, sobre todo, al cardenal. “Gracias por llegar al interior de la Argentina. Los tucumanos le abrimos el corazón como nuestra familia”, destacó. El enviado de Francisco subrayó: “el Papa está aquí, con nosotros. Me encargó que les dijera que, desde Roma, nos acompaña con sus oraciones y su bendición”. Además, se mostró emocionado por la presencia multitudinaria de los jóvenes, a quienes invitó a seguir buscando la experiencia espiritual.

Re habló de Jesús como único Pan de Vida y como sostén ante todos los problemas que rodean a los humanos. “Sin Dios, el hombre y la mujer no se realizan como personas”, explicó.

A continuación, al momento de la homilía, las palabras de Zecca captaron la atención de las decenas de miles de fieles. Fue un mensaje de fuerte contenido político, durante el que abordó temas centrales de la actualidad del país.

“No nos engañemos, los argentinos no estamos reconciliados, reclamamos justicia y está muy bien que lo hagamos. Sin justicia no hay reconciliación posible. Pero justicia no es venganza. Y además, la justicia debe ser superada por la misericordia”, expresó.

Más adelante sostuvo: “la corrupción, el narcotráfico, la trata de personas; en suma, la degradación moral en la que algunos han caído, exigen urgentes medidas. Y sobre todo, la acción de unos jueces que estén a la altura de las circunstancias”.

“Señor de la Historia: toma en tus manos nuestro futuro, en ti ponemos nuestra esperanza”, proclamó el arzobispo.

La organización de la jornada estuvo a la altura del desafío en la Ciudad Eucarística. Los representantes de las diócesis se identificaron con colores diferentes, lo que convirtió la celebración en un festejo alegre y policromático. 

Durante el acto los fieles permanecieron casi inmóviles. Sin embargo, hubo dos momentos de impactante emoción: el saludo de la paz, en el que miles de personas se abrazaron con entusiasmo, y cuando la masa de sotanas blancas, hasta allí compacta, comenzó a desarmarse. Eran los sacerdotes que se mezclaban entre la multitud para repartir la comunión. Caminaban decididos, sabiendo a dónde debían dirigirse. 

“Tucumán comenzó la fiesta, no nos vayamos”, fue el mensaje final del padre Marcelo Barrionuevo. Y así ocurrió, ya que más tarde desfilaron por el escenario principal grupos que le pusieron música y poesía al anochecer. Es una postal que se mantendrá hoy y mañana en el hipódromo. El domingo, a la mañana, será el tiempo de la despedida.

PEREGRINOS Y TUCUMANOS viven el congreso eucarístico con fervor.- La fe de un pueblo se hizo viva en el hipódromo, que se llenó de visitantes de todo el país. Fieles de todas las edades narraron sus historias e intercambiaron experiencias.

REMAR CONTRA LA CORRIENTE.- A Matías, que tiene 25 años y viene de Buenos Aires, lo entristece que el mundo le da mucho valor a cosas que son efímeras. “Es difícil, porque vos sentís que remás en dulce de leche. Pero te llena de orgullo venir acá y tratar de cambiar esta realidad. Mostrar que la juventud también puede ser otra cosa. Entonces estos encuentros te llenan de esperanza y de ganas. Es un orgullo formar parte de esta historia”, fue el mensaje optimista de Matías. Por otro lado, se manifestó agradecido por el viaje que realizaron. “Es un honor y una gracia de Dios, estamos realmente muy agradecidos de poder compartir esto. La verdad es que desde que salimos de Buenos Aires fue todo un regalo de Dios, todo bendecido, todo con gracia. Es un placer venir y compartir con nuestros hermanos de todas las provincias algo que nos atraviesa a todos, que es Cristo” afirmó el peregrino.

TUCUMANAS SOLIDARIAS.- Lucia, María Inés y Angela Stefanini son hermanas y alojaron en sus casas a sacerdotes de Catamarca, Córdoba y Buenos Aires. “Me emocionó al borde de las lágrimas ver la cantidad de gente y la juventud que viene. No solamente los chicos, también hay gente grande. La verdad es que es hermoso, la misa ha sido muy linda”, expresó con entusiasmo una de las hermanas. Las Stefanini destacan el espíritu que se vive en estos días en Tucumán y la calurosa bienvenida que les dieron a los visitantes de otras provincias. “Hemos notado mucha solidaridad, hay 25000 personas alojadas en los hogares. Yo le preguntaba a uno de los organizadores y dice que ya hemos ocupado todo”, comentan.

UN MATRIMONIO QUE DA GRACIAS A DIOS.- María Cristina Rodríguez y Jorge Alberto González llegaron de Resistencia, Chaco. Expresaron su emoción y agradecimiento por sentirse parte de estas jornadas. “Me siento muy conmovida con esto, es una gracia estar acá. Dios nos bendijo y creo que nos va a seguir bendiciendo en todos estos días. Aparte, la gente es muy cálida, muy amable, con todo el recibimiento que tuvimos nos sentimos reconfortados como familia. Estamos muy agradecidos a Dios y a la Virgen”, comentó María. Sobre la importancia de este encuentro, Jorge Alberto subrayó: “es un encuentro eucarístico que como Iglesia Católica nos hace mucho bien, pensando que tenemos la palabra y la comida, que es Dios mismo en la Eucaristía que nos da. O sea que para todos tendría que ser importante”.

Con la fe puesta en Dios.- Cecilia tiene 21 años y vino de Buenos Aires. Forma parte de un movimiento diocesano y vive con entusiasmo su fe. ”Vengo a dejarme sorprender por Dios. Quizás uno pone la vara donde no tiene que ponerla y las expectativas no las debe imponer uno, sino que debe estar predispuesto a lo que Dios le quiere mostrar. Vengo a ver eso, a ver lo que Dios me quiere decir”, afirma con determinación.

Coment� la nota