El Concilio Vaticano II se refirió a la Eucaristía como “fuente y culmen de toda la vida cristiana”; San Agustín la describió como “un tesoro divino lleno de todas las virtudes”; y Santa Teresa de Lisieux, sencillamente, como “el único remedio, si quieres curarte”.
Por Daniel Payne
Sin embargo, aunque Cristo en la Eucaristía ocupa un lugar central en la Iglesia, es posible que muchos católicos nunca se detengan a pensar en el pan que durante la Misa se convierte en Cristo; concretamente, ¿cómo se elabora esta singular sustancia antes de ser llevada al altar?
La pregunta no es meramente académica: en contadas ocasiones, la Iglesia local puede quedarse sin hostias para la Comunión, como ocurrió en Cuba en junio. Todas las hostias de Cuba son elaboradas por las Carmelitas Descalzas del Monasterio de Santa Teresa y San José, pero la falta de un suministro eléctrico confiable dificultó la producción durante el verano.
La hermana Ruth Starman, responsable de la elaboración del pan para las hostias de las Benedictinas de la Adoración Perpetua en Clyde, Missouri, indicó a EWTN News que los requisitos para el pan de altar católico están establecidos por el Código de Derecho Canónico de la Iglesia, específicamente por el canon 924.
La abadía de las religiosas en Missouri elabora pan para hostias desde hace años y fue la primera productora estadounidense autorizada por el Vaticano para elaborar hostias con bajo contenido de gluten.
Las hostias comunes, explicó, “sólo pueden elaborarse con trigo y agua”.
“No se permite la levadura porque eso lo convertiría en pan fermentado, y Jesús utilizó pan ácimo en la Última Cena”, señaló. “Cualquier otro ingrediente, como sal, miel, etc., estaría prohibido”.
Además de los estrictos requisitos de agua y trigo, el derecho de la Iglesia establece que el pan debe ser “hecho recientemente, de manera que no haya ningún peligro de corrupción”.
Los fabricantes, por su parte, emplean máquinas especiales para cocer el pan y garantizar que tenga el aspecto uniforme, delgado y familiar.
“Las máquinas para hornear tienen placas que pueden llevar diseños o no”, explicó Starman. “Las placas producen una lámina delgada que luego debe humedecerse en un dispositivo especial antes de ser cortada para formar las hostias redondas”. El pan que no se humedece “se quiebra al cortarlo”, indicó.
Unos cortadores especiales permiten además dividir el pan en hostias de distintos tamaños, incluidas las pequeñas formas redondas destinadas a los fieles que comulgan y las porciones más grandes para sacerdotes y obispos.
Sobre la razón por la que el pan es tan delgado y plano, Starman dijo a EWTN News: “No tengo la respuesta, sólo puedo hacer conjeturas. Al ser ácimo, el pan será ‘plano’ de todos modos. Sin embargo, supongo que, con la invención de equipos especializados para hornear, en los que dos placas se cierran sobre la mezcla, probablemente comenzaron a elaborarse las hostias más delgadas, como obleas”.
Starman señaló que en los últimos años no ha habido “cambios importantes” en el proceso.
“El Vaticano tiene que recordar periódicamente a los sacerdotes y a la Iglesia en general que no puede utilizarse nada que no sea pan de trigo”, explicó. “Por ejemplo, las hostias elaboradas con arroz, maíz o fécula de papa se consideran materia inválida”.
Las hostias con bajo contenido de gluten de la abadía, indicó, se elaboran con dos tipos distintos de almidón de trigo a los que se les ha retirado la mayor parte del gluten. “La Iglesia no establece qué porcentaje de trigo debe contener una hostia, sino únicamente que debe contener cierta cantidad para que sea materia válida”, explicó.
Por otra parte, la Iglesia ha insistido en la necesidad de que las hostias sean tratadas con reverencia en cada etapa del proceso. La instrucción Redemptionis Sacramentum, promulgada en marzo de 2004 por la entonces Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, establece que “las hostias deben ser preparadas por personas que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además sean expertas en la elaboración y dispongan de los instrumentos adecuados”.
En respuesta a la escasez de hostias para la Comunión registrada en Cuba a comienzos de este año, líderes de la Iglesia en Panamá enviaron 35.000 hostias a la nación insular, mientras que otras 300.000 fueron enviadas desde Puerto Rico.
El Arzobispo de Panamá, Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, señaló entonces que el envío de emergencia surgió “como respuesta a las dificultades que enfrentan varias diócesis cubanas para garantizar el suministro de hostias”.
El prelado calificó las hostias como “un elemento esencial para la celebración del Sacramento que constituye la fuente y culmen de la vida cristiana”.
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