El Pontífice continuó su reflexión sobre los documentos del Concilio Vaticano II, centrándose en la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia. En este contexto, valoró la reforma litúrgica impulsada por los Padres conciliares, en particular la elaboración del Leccionario, el libro que recoge las lecturas bíblicas para las celebraciones litúrgicas.