“Es un tiempo para renovar la vida interior”

“Es un tiempo para renovar la vida interior”

Indicó el padre Justino Fernández, en el marco del comienzo de la Cuaresma, que se celebró en las iglesias católicas locales.

 

Las comunidades católicas de Necochea y Quequén celebraron ayer el tradicional miércoles de Ceniza, con el cual se dio comienzo al tiempo de Cuaresma, que consiste en un período de cuarenta y seis días, hasta la víspera del domingo de Resurrección, en el cual las iglesias cristianas preceptúan ciertos días de ayuno y penitencia en memoria de los cuarenta que ayunó Jesús en el desierto. 

La Iglesia Nueva Pompeya, fue una de las que ofició la cálida misa, de la que participaron familias de la comunidad, reunidas en torno a la ceremonia dedicada a la oración y a la penitencia como preparación para celebrar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Los presentes fueron partícipes del rito de la imposición de cenizas en las cabezas. Se trata de las cenizas de los ramos de olivo del año anterior, mientras que el sacerdote dijo: "recuerda que eres polvo y al polvo volverás".

La tradición

La palabra Carnaval, proveniente del latín "carne vale”, lo que significaría que es posible comer carne, proviene de una tradición de la Edad Media, en la que se vivían más los tiempos litúrgicos cristianos, y al llegar el Miércoles de Ceniza, comenzaba el tiempo de Cuaresma, un momento de reflexión y penitencial, para prepararse para la gran fiesta de la Pascua. Para acentuar el sentido de reflexión, se evitaban todas las fiestas y la gente realizaba algunos sacrificios, como no comer carne. Por este motivo, algunos días antes en las aldeas la gente hacía fiestas para despedir la carne, "se celebraba la vida anticipada, que se iba a preparar durante la cuaresma, para vivirla plenamente en Pascua, de resurrección”, sostuvo el padre Justino Fernández, de la parroquia Medalla Milagrosa. 

Este es el origen de los carnavales, celebraciones que vivimos recientemente, y en muchos pueblos tradicionales todavía en esta época se realiza la ceremonia del entierro del "aleluya”, canto que está presente todo el año en la liturgia, pero se deja de cantar durante la Cuaresma, para volver a hacerlo con mucha fuerza el Sábado Santo. La ceniza, era un signo que utilizaban las comunidades primitivas del siglo V, VI y VII. Cuando alguien era un pecador público, o cometía algún error político, debía pasar una penitencia, como le pasó al emperador vicentino Teodocio al degollar a toda una aldea bárbara en la guerra, y al volver a misa en la Catedral de Milán, el arzobispo no lo dejó entrar hasta no cumplir con una penitencia.

Así, a los pecadores les ponían un vestido de arpillera, el saco, y en la cabeza ceniza: símbolos de la penitencia pública. Estos, eran absueltos el jueves Santo y podían volver a participar en la liturgia de la misa, en la Pascua. Este era el tiempo penitencial, y de ahí viene el símbolo de las cenizas, y la fórmula litúrgica que se emplea ahora es "conviértete y cree en el evangelio”. "Es un tiempo para renovar la vida interior, el compromiso de fe, la opción por el seguimiento de Jesús, por la vida nueva”, expresó el padre Fernández.  

La celebración

En Necochea y la zona, las misas se realizaron en la Parroquia Santa María del Carmen, Nuestra Señora de Luján, Hogar García Landera, Nuestra Señora del Carmen de Lobería, Santa Teresita del Niño Jesús, San Juan Nepomuceno de Claraz, Sagrada Familia, Nueva Pompeya, del Carmen, Medalla Milagrosa, Capilla San Cayetano, Nuestra Señora del Carmen de Lobería, Luján de La Dulce, Sagrado Corazón de Jesús de Juan N. Fernández, Nuestra Señora de la Merced, Nuestra Señora de Lourdes.///

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