Por Santiago Maldonado

Por Santiago Maldonado

Mensaje del Obispo a la querida comunidad de Veinticinco de Mayo:

Ya concluido el proceso electoral y, por ende, la agitación de muchos ánimos y pasiones, nos unimos a las condolencias enviadas desde la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina a la familia Maldonado.

En mi calidad de obispo de esta comunidad cristiana y por el liderazgo espiritual que me compete, quiero expresar a los veinticinqueños el profundo sentir de nuestra Iglesia particular: de sacerdotes, religiosos y laicos de todos los puntos de nuestro extenso territorio diocesano que, como una multitud de creyentes, elevó sus plegarias sinceras y persistentes durante todos estos largos días con el doble cometido de que apareciera Santiago y de lograr sostener espiritualmente a la familia.

Desde un principio, nos guió la prudencia y respetamos el dolor de la familia. Por eso, en nuestra comunidad de Veinticinco de Mayo, decidimos acompañarla a través de la oración y con una discreta cercanía ofreciendo la posibilidad de la visita pastoral ante tanta angustia y desazón. Fue este el modo que consideramos era el más conveniente para un caso cuyas repercusiones mediáticas y resonancias políticas –sociales tomaron dimensiones inusitadas. A ello además se suma la profunda consternación que provocó tanto en mi ánimo en particular como en el del párroco de esta localidad, de los que los dos somos además oriundos.

Hace unos días amanecimos con la devastadora noticia que hallaron el cuerpo sin vida de Santiago. En ese momento recordé los ánimos que se palpaban durante mi visita pastoral a Veinticinco de Mayo los días 19 y 20 de septiembre pasados, oportunidad en donde insistí para que exista “una decidida acción del estado maximizando todos sus recursos para esclarecer lo sucedido”. También recordé la zozobra e incertidumbre que se vivían por esos días en la comunidad cuando el 7 de octubre pasado, en la misa que oficié, con ocasión de las fiestas patronales de Nuestra Señora del Rosario, hice una exhortación sobre las palabras bíblicas “¿dónde está tu hermano?”, en clara alu-sión a Santiago. Allí reflexionamos sobre cómo la Iglesia debe salir en búsqueda de su hijos perdido, al igual que lo hizo la Virgen María. Hoy, tras la aparición de su cuerpo y las diligencias de la autopsia, a la par de la confe-rencia episcopal, he hecho llegar mi humilde y sentida condolencia a los padres.

Esa es hoy, lamentablemente, la única enmienda que tenemos a nuestro alcance como cristianos: la de acompañar espiritualmente a la familia en el profundo dolor existencial que significa un duelo por un ser querido, y especialmente en estas condiciones.

Por eso ruego a todos los fieles primero como obispo pero, sobre todo, como hombre de fe, que no dejemos de mantener nuestra cercanía y disponibilidad para llevar consuelo a esta querida familia nuestra. Y, sobre todo, que sigamos rezando para que la luz de la verdad y la paz, fruto de la justicia, se manifiesten en medio de tanto sufri-miento.

Ariel Torrado Mosconi

Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio

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