Un pastor mexicano alimenta 16.000 familias en Minneapolis tras la llegada del ICE

Un pastor mexicano alimenta 16.000 familias en Minneapolis tras la llegada del ICE

Sergio Amezcua dirige una operación solidaria con 4.000 voluntarios que distribuye 100 toneladas de comida semanales. ‘Es una crisis humanitaria’.

El ahora pastor evangélico Sergio Amezcua llegó a Minneapolis desde México hace 24 años, y hace 17 se convirtió al cristianismo. En 2011 se hizo pastor para después fundar una iglesia con el nombre de “Dios Habla Hoy”. Poco antes de la pandemia, compró el edificio, entonces un templo luterano, hoy la ha convertido en el centro de una operación logística solidaria tras la llegada del ICE, que funciona de lunes a sábado a las afueras de Minneapolis.

Casi dos meses después de la llegada del ICE ya se han registrado en su programa de asistencia unas 28.000 familias, 16.000 de las cuales han recibido ayuda. El programa de Amezcua distribuye 100 toneladas de comida semanales.

Los domingos sigue siendo el día del Señor. Los feligreses han caído en un 70% “porque la gente está aterrada, también los que tienen la residencia”, aunque, dice Amezcua, otras iglesias están registrando caídas del 80% o el 85%. “En nuestro caso, ayuda el perfil mediático que hemos tomado. Desde que empezó todo esto, hemos visto llegar nuevas caras, mucha gente blanca, porque nuestro servicio es bilingüe. También los hay que nunca fueron a una iglesia, incluso ateos, que simplemente quieren ayudar”, aclara.

Sobre su fama súbita, Amezcua dice que “no lo vive con vanidad”, sino con el interés en poder controlar el relato. “Si tú prendes las noticias, es extrema derecha o extrema izquierda. Pero nadie está hablando de la verdad. Los de derecha dicen que aquí hay un montón de profesionales agitadores y que George Soros les está pagando. Lo cual es una mentira. Y la extrema izquierda se mete a las iglesias. Y nosotros tampoco estamos de acuerdo con eso”, aclara, sobre un incidente hace un par de domingos en el que unos manifestantes interrumpieron el servicio de un pastor al que acusan de ser agente del ICE.

En 2024 Amezcua votó a Trump. “Estoy un 100.000% arrepentido”, lamenta. “Lo que pasa es que los cristianos tenemos ciertos valores. Yo soy conservador, y con [Joe] Biden las cosas no funcionaban. Buscaba un poco de sentido común. Después me di cuenta de que Trump lo que tenía en mente es una limpieza étnica. Restan ciudadanos; no quieren que los hispanos se conviertan en una mayoría”, advierte. “Yo no veo diferencia entre lo que Trump está haciendo y lo que Hugo Chávez o [Nicolás] Maduro hacían con sus enemigos políticos”.

Cuando se le pregunta sobre la defensa de Trump y sus aliados del cristianismo de Estados Unidos opina que “están leyendo la Biblia al revés. Hay dos mandamientos: amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. Y en ambos están reprobados. Cuando se presenten ante Dios y le digan: ‘Señor, en tu nombre hemos deportado a toda esta gente’. El Señor les va a decir: ‘Háganse a un lado de mí, hacedores de maldad”, advierte Amezcua.

En los últimos días no ha parado de atender a los principales medios de Estados Unidos. Se ha convertido en un referente nacional, y en un héroe local; alguien a quien acuden los que no saben a quién acudir.

Sergio Amezcua descarga víveres en Minneapolis, el pasado 16 de enero 

Una visión y un llamado solidario

Amezcua vio a principios de diciembre que era inminente la decisión de Donald Trump de mandar a los agentes federales para intervenir la inmigración en una ciudad (Minneapolis) y un Estado (Minnesota) en los que el porcentaje de migrantes es mucho menor que en otros, dirigidos por republicanos. Le dijo a su asistente: “Tenemos que prepararnos. Habrá que ayudar a las familias, mandemos un mensaje en redes sociales”.

Amezcua pensaba que se iban a apuntar unas 10 o 20 personas. También, que la ocupación duraría unas dos semanas. “Respondieron 2.000 familias”, explicó el pastor el pasado domingo en una entrevista con EL PAÍS, en su iglesia.

Casi dos meses después ya se han registrado en su programa de asistencia unas 28.000 familias, 16.000 de las cuales han recibido ayuda. La fenomenal operación ha cogido por sorpresa a todos, y ha probado la solidaridad de una ciudad en la que unos 3.000 agentes federales siguen desplegados deportando o deteniendo miles de personas en una operación antiinmigración sin precedentes.

Las donaciones de alimentos las reciben los martes y los jueves. Las de dinero las canalizan por la web, y en su mayor parte son pequeñas, “de unos 25 dólares”. El siguiente paso, desvela el pastor, es “levantar dinero para ayudar a la gente con sus alquileres”.

 

 Alimentos en la iglesia Dios Habla Hoy, este pasado lunes

Hasta que ese momento llegue, los voluntarios se organizan para distribuir la ayuda los lunes, los miércoles y los viernes. Fundamentalmente, llevan verdura, legumbres, leche, pollo, cereales, pan, ensaladas, juguetes o, desde que una inmigrante les contó que estaba reciclando los pañales, también pañales. No solo ayudan a familias de indocumentados, advierte Amezcua, porque “hay muchos estadounidenses afectados por el fin de los programas de alimentos”. “Estamos ante una crisis humanitaria”, sentencia.

Los voluntarios tienen que pasar antes “por un entrenamiento”, y no dan abasto. También realizan rutas de reparto. “Algunos están tan asustados que no salen ni a abrir la puerta. Te rompe el corazón” explican.

El pastor tiene 46 años y comparte su vocación espiritual con la labor de ser empresario en el mundo de los seguros, que está viéndose afectado por la situación, con una caída de los ingresos de un 50% en estos últimos dos meses.

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