Parolin: pesa la indiferencia de la comunidad internacional sobre Ucrania y Siria

Parolin: pesa la indiferencia de la comunidad internacional sobre Ucrania y Siria

El Secretario de Estado vaticano habló también sobre los contactos en curso entre la Santa Sede y China, aunque no haya novedades importantes en estos días. Subrayó además la necesidad de democratizar más la ONU y esperó que su viaje a Bielorrusia pueda ayudar a solucionar la crisis ucraniana mediante las negociaciones

Existe una voluntad de diálogo entre la Santa Sede y China; los contactos prosiguen, aunque es una relación que tiene tiempos largos, por lo que no muere la esperanza de poder crear un diálogo más concreto, aunque no haya novedades importantes. El Secretario de Estado vaticano quiso responder a los periodistas antes de intervenir en la jornada de estudio organizada por la Universidad Gregoriana de Roma, sobre el tema: “La paz, don de Dios, responsabilidad humana y empeño cristiano”. Durante su exposición en el simposio, el cardenal Parolin recordó el papel de las nunciaturas apostólicas y de las actividades diplomáticas de los Pontífices, sobre todo en época moderna; la historia de la diplomacia, explicó, ha visto diferentes casos en los que un tercer estado se ha convertido en terreno de enfrentamiento entre otros contendientes. El cardenal también expuso el compromiso de la Santa Sede en la protección de los cristianos, aunque, dijo, «la protección debe ser ejercida hacia las personas en cuanto víctimas de un conflicto», sin importar su pertenencia a una comunidad religiosa. El Secretario de Estado también recordó los esfuerzos de la Santa Sede para «reforzar el derecho humanitario internacional» en las situaciones de conflicto, y precisó que recurrir al uso de la fuerza debe ser considerado siempre un recurso extremo, a pesar de que cada vez es más necesario «actuar para prevenir la guerra» mediante instrumentos como la negociación y el diálogo. En este sentido, expresó el deseo de que sea introducido nuevamente en la Secretaría de Estado, como parte del trabajo de la reforma de la Curia, el ente para la mediación pontificia, instrumento que podría ser particularmente útil en las negociaciones internacionales.

Eminencia, ¿hay alguna iniciativa específica que esté preparando la Santa Sede en relación con la crisis ucraniana? ¿Su visita a Bielorrusia puede ser útil en este contexto?

No hay iniciativas particulares. Estamos siguiendo muy de cerca la situación; hubo un contacto directo con los obispos ucranianos, que vinieron en visita “ad limina”, y con pudimos revisar la situación con ellos. Creo que mi visita a Bielorrusia tiene un significado particular en este momento, con la mirada dirigida, justamente, hacia la situación ucraniana por el papel que el gobierno de Minsk quiere ejercer, para buscar una salida negociada y pacífica a la crisis. En este sentido, yo creo que mi presencia puede, en cierta medida, apoyar este esfuerzo que se está llevando a cabo a nivel de gobierno local.

En un marco tan complejo, ¿en qué términos se puede hablar sobre una paz posible?

La paz es posible si existe la voluntad de construir la paz. Los mecanismos en sí existen y ciertamente se pueden mejorar y perfeccionar, pero ya tenemos a disposición tanto un cuerpo normativo como muchos instrumentos que pueden permitir actuar, incluso en la crisis ucraniana. Pero hay que creer verdaderamente en que la paz es un valor supremo y que, como decían los Papas: con la paz nada se pierde, con la guerra todo está perdido.

Al intervenir en la ONU, usted lamentó cierta indiferencia por parte de la comunidad internacional con respecto a los conflictos en Siria, Irak y Ucrania. ¿Todavía cree que sea esta la situación?

Desgraciadamente nos acostumbramos a estas cosas... Creo que sí, que hay un poco de indiferencia incluso hacia el conflicto en Siria, que, a pesar de ser devastador, ya no llama la atención como en un primer momento. Y este es el peligro más grande: que nos olvidemos de las guerras y que estas situaciones de conflicto se gangrenen y sigan provocando grandes sufrimientos. Hay que seguir vigilando y proponer iniciativas que puedan ayudar, aunque muchas de estas no alcancen los objetivos por los que fueron concebidas.

¿Cómo va la reforma de la ONU? ¿Prosigue su esfuerzo en este sentido incluso para que vuelva a ser operativa la comunidad internacional?

Hasta ahora, más bien, se ha constatado que el escenario mundial ha cambiado y que ya no son los mismos actores del pasado, pero todavía no se han encontrado soluciones o, por lo menos, no han sido decididas ni aceptadas; nosotros seguimos insistiendo en este aspecto cada vez que nos dan la posibilidad. Pero la ONU sigue siendo un instrumento válido para afrontar las crisis: lo hemos dicho siempre y lo creemos. Pero debe ser una ONU renovada con respecto a la nueva realidad ante la que nos encontramos».

¿La ONU de la post-guerra fría con nuevos protagonistas?

Sí, claro, con el papel de otros países y mayores responsabilidades; ahora hay mecanismos que habían sido previstos, pero, en resumen, diría en este sentido: una mayor democratización de la ONU. 

¿Hay contactos en la actualidad entre la Santa Sede y Pekín? ¿Hay novedades al respecto?

Sí, hay contactos en curso. Existe la voluntad de dialogar, un diálogo que tiene sus tiempos  y ritmos, y esperamos que pueda dar algún resultado. Pero diría que, con respecto a lo que ha aparecido e los periódicos, no hay novedades importantes. Existe esta voluntad, algunos contactos y esperemos que pueda irse concretando con mayor precisión y organización.

Después, en relación con la propuesta que hizo al Papa el ex-presidente israelí Shimon Peres para la creación de una ONU de las Religiones, el cardenal Parolin respondió a los estudiantes de la Pontificia Universidad Gregoriana: «Si debo ser sincero, no se le ha dado ningún seguimiento concreto hasta ahora». «Se quedó como propuesta –subrayó–; no es fácil llegar a la institución de un organismo del tipo, pero hay que salvaguardar también el papel específico y la especificidad de las religiones, que no se pueden reducir al nivel de una organización internacional». El cardenal Secretario de Estado insistió en que existe la necesidad de que «las religiones intervengan cada vez más para favorecer la paz», por lo que se requiere «un papel cada vez más activo y visible de las religiones». Pero, en concreto, la propuesta específica de Peres no ha tenido seguimiento.

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