Para el profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) Judea Pearl, ese límite llegó cuando un nuevo estudio reveló el alarmante aumento del boicot contra académicos israelíes en Europa y otros países occidentales, incluyendo Estados Unidos.
Por David Suissa.
Entre los ejemplos más flagrantes, los activistas del BDS presionan para romper los lazos entre la Unión Europea y las instituciones académicas israelíes, algo que Pearl considera anatema para la cultura académica.
Pearl se ha unido a dos socios israelíes, David Harel, presidente de la Academia de Ciencias de Israel, y Moshe Vardi, profesor distinguido de Ciencias de la Computación en la Universidad Rice. Juntos decidieron que es hora de pasar a la acción. Ya han reclutado a 65 miembros de tres academias de Estados Unidos (Ciencias, Ingeniería y Medicina), entre ellos 10 premios Nobel, para emitir una declaración que, en esencia, dice, como escribió Pearl en un correo electrónico: “Si su institución boicotea a nuestros colegas en Israel, no cuenten con nosotros; rechazaremos cualquier invitación para hablar en su campus”.
Esta declaración pública afirma que “los boicots académicos, en todas sus manifestaciones, son fundamentalmente contrarios a la esencia de la exploración científica, con consecuencias perjudiciales para la comunidad científica mundial, para los jóvenes investigadores cuyas carreras se ven truncadas, para las propias instituciones que boicotean, y para la sociedad en general”.
Es una señal de hasta dónde ha llegado la animosidad antiisraelí que hayan tenido que añadir este punto obvio: “Este boicot es completamente independiente de cualquier opinión que se tenga sobre el gobierno de Israel y sus acciones”.
“Si ustedes no nos boicotean aquí en Estados Unidos, no tienen derecho a boicotear a los académicos en Israel. Y si lo hacen, sufrirán las consecuencias”
Quizá podamos tolerar a una turba irracional que ataca todo lo relacionado con Israel, ¿pero a académicos cuyas vidas giran en torno a la búsqueda de la verdad y el conocimiento? No sorprende, entonces, que Pearl y sus socios apoyen a sus colegas israelíes y estén dispuestos a afrontar las consecuencias: “En solidaridad con nuestros colegas israelíes, declaramos nuestra firme alineación profesional y académica con la comunidad científica de Israel, y manifestamos nuestro deseo de ser tratados exactamente igual que todos nuestros colegas residentes en Israel, sujetos a las mismas restricciones, barreras institucionales y consecuencias que conllevan tales prácticas discriminatorias”.
En otras palabras, “si ustedes no nos boicotean aquí en Estados Unidos, no tienen derecho a boicotear a los académicos en Israel. Y si lo hacen, sufrirán las consecuencias”.
“Si bien mantenemos nuestro compromiso con el diálogo constructivo con la comunidad académica y científica mundial”, concluye el comunicado, “rechazaremos invitaciones de cualquier institución que imponga restricciones, ya sean implícitas o explícitas, a la comunidad académica y científica de Israel”.
El movimiento de boicot contra el único Estado judío del mundo tiene una larga y vergonzosa historia, y pone de manifiesto la hipocresía de señalar a un solo país mientras se ignora a regímenes brutales y asesinos que hacen que Israel parezca un paraíso, aparte de la estupidez de boicotear a una nación que está a la vanguardia de la innovación y la excelencia científica.
El trato especial que se le da a Israel siempre ha sido inherentemente discriminatorio e injusto. Simplemente se volvió tan común que muchos nos acostumbramos. Ahora, destacados académicos que creen en la justicia están diciendo “basta” y le están dando a los boicoteadores una probada de su propia medicina. Solo podemos esperar que esta medicina ayude a los boicoteadores de Israel a entrar en razón para que también ellos puedan llegar a su límite.
Comentá la nota